Ruidos excesivos
Ante las múltiples denuncias de parte de personas que se han quejado del ruido infernal que tuvieron que sufrir emitido de algunos centros de diversión durante los recién pasados carnavales, nos solidarizamos con ellos.
No importa que se trate de cuatro días de diversión popular. En ninguno de esos sitios, ni siquiera de día, debe permitirse que los ruidos traspasen el límite de sus propias paredes.
Consideramos que, en justicia, los quejosos deben, tras los carnavales, denunciar ante la Autoridad Nacional del Ambiente (ANAM) los abusos de que han sido objeto por parte de aquellos que les arrebataron el sosiego y el sueño a fin de que los sancionen debidamente.
Estimamos también que la Autoridad Nacional del Ambiente debe establecer un sistema de vigilancia sistemática con sus inspectores, tal cual lo hace el Ministerio de Salud en todas las celebraciones públicas con los vendedores callejeros de alimentos en protección de la salud ciudadana, para que detecten los centros de diversión que día y noche alborotan con sus escándalos y afectan con ello a todo el vecindario.
No es la primera vez que señalamos que para la ANAM más grave es la tala de un árbol sin su permiso que cuidar el oído de toda una comunidad diariamente expuesta a la sordera para el resto de sus días.