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Rumbos torcidos


DESDE diversos ángulos, y desde perspectivas distintas, nutridas voces, han venido coincidiendo en que nuestro país anda a la deriva, cual nave sin timón, o aparato aéreo que ha perdido absolutamente sus controles. Nosotros compartimos tal punto de vista, porque importantes aspectos de la vida nacional funcionan con un gran déficit en sus metas, en sus resultados y en sus estructuras políticas, económicas, culturales, de vida pública y otras realidades colectivas, al punto de que no hay ángulo de la existencia nacional caracterizado por una medianía siquiera en su desempeño.
Pruebas al canto. La economía panameña ha sufrido permanentemente los embates de las finanzas internacionales, que han formado un monopolio de las economías del sistema capitalista, al que se les agregan las cargas que tal sistema pone en marcha, cada vez que lo considera "salvador", como el fomento, en los países pobres, de una reforma agraria a base de préstamos usurarios del capital de los grandes bancos; la política de grandes préstamos generados en razón de los petrodólares ociosos en los bancos, que inevitablemente crearían préstamos impagables, que los acreedores perdonarían después, a fin de que siguieran los consabidos empréstitos; el pregón del "encogimiento" de los Estados prestatarios, a fin de que puedan enjaguar los créditos de los prestamistas; la propaganda del neoliberalismo, para que los Estados económicamente dependientes abran sus puertas a la producción extranjera, para destrozar la producción nacional, et sic de caéteris, que significa hambre, pobreza, enfermedades en las regiones colonizadas. Los Gobiernos locales son los peones de estribo de esa política atroz, que significa atraso y desempleo en los países eternamente colonizados. En Panamá tenemos la prédica de que somos "un país de tránsito", equivalente a "pro mundi beneficio", y todo ello sostiene el coloniaje económico que padecemos, desde la Colonia española, hace cinco siglos, hasta la actualidad, del "Buen Vecino".
En el fracasado sistema educativo, los maestros, en su gran mayoría, no pueden enseñar, porque el sistema no los prepara. Los profesores graduados en universidades, tampoco enseñan por las mismas razones, pero sí se afanan en obtener costosas "maestrías" para ganar un concurso de cátedra, aunque no pocos de ellos presenten "tesis plagiadas", y es un gran honor "llamarse magistra o magíster"; y vaya Ud. a leer las tesis presentadas. La Universidad, la Secundaria y la Primaria forman un verdadero círculo vicioso, que nadie sabe por dónde iniciar su regeneración.
El Organo Judicial, desde su cúpula o Corte Suprema, bajando por el engranaje descendente, hasta el último Juez Municipal, continúa siendo víctima del señalamiento de Hamlet; "Algo podrido hay en Dinamarca" (Something is wrotten in Denmark). Y todavía hay quienes no se conforman y quieren una "Sala Quinta", para "componer todas las cosas".
Cada cinco años concurrimos al espectáculo de la "democracia a la panameña", en donde los votos presidenciales son el colmo de la honestidad, pero el Fiscal Electoral no puede lograr que los "Honorables" renuncien a su inmunidad, para juzgarlos por delito electoral, como si esos votos no estuvieran salpicados de "presidencialitis aguda". De este sistema "democrático" se ha derivado la Ley de la Carrera Administrativa, porque a cada elección presidencial siguen las destituciones masivas, que bien sabemos a qué obedecen, y no hay que decirlo.
Y en estos días vuelve a estar de "plácemes" el celebérrimo "Canal de Panamá", logrado por el sacrificio y la sangre de quienes fueron inmolados en el "Incidente (No de "cumbia"), sino de la Tajada de Sandía, desde mediados del siglo XIX, en la lucha permanente contra las bases militares norteamericanas, que fue constante desde aquel siglo hasta hoy, pasando por las grandes marchas contra tales bases (1946) y 1964, con el resultado de que "el Canal panameño" (valorados todos los bienes revertidos y el Canal, en sesenta y cinco mil millones de balboas), no pudo ser la base económica para sanear toda la economía de hambre, de miseria y de degradación de Panamá, sino que tal vez algunos extraordinarios sabios económicos recomendaron "rematar esas tierras y esas casas", y dejar el Canal solo, para que los puertos canaleros fueran "concesionados" por cuarenta años prorrogables hasta la perpetuidad de Bunau-Varilla; para que hubiera "mega puertos", puentes sobre el Canal, que ya van dos y seguirán aumentando, para beneficio popular; más la venta "barata" de las islas y de las costas de todo el Istmo, pues Panamá, como "Nación de Tránsito", no tiene derecho a percibir las riquezas derivadas de tan descomunal recorte de islas y costas, sino el Capital extranjero. Amén. Pues no hay espacio para las esclusas. A lo mejor, en una ocasión próxima.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América