Rumores de sables
Corresponsal de El Panamá América en Washington
Panamá A sólo dos meses de la segunda conferencia de los 34 jefes de Estado electos democráticamente en las Américas, hay inquietantes rumores de sables.
En Paraguay se perfila la ascendiente política del general Lino César Oviedo, a quien se acusa de golpista aunque ayudó a destronar al dictador Alfredo Stroessner. En el Perú, el enfrentamiento entre el presidente Alberto Fujimori y la cúpula militar el pasado diciembre llegó a tal punto que la oposición le brindó su apoyo frente al ejército. En Colombia, fuerzas empresariales capitaneadas por el industrial Gustavo Gaviria apoyan al recientemente retirado jefe del ejército, el general Harold Bedoya, en la próxima contienda por la Casa de Nariño.
También hay indicios de malestar en los cuarteles de Chile, Honduras y Guatemala.
Es cierto de que como tres golondrinas no hacen verano, tres o aun cinco o seis nubarrones en el firmamento político latinoamericano no presentan una seria amenaza a la lucha por el afianzamiento de las instituciones democráticas que el presidente Clinton y sus 33 colegas irán a celebrar en la próxima Cumbre de las Américas que tendrá lugar en Santiago de Chile el 18 y 19 de abril.
No obstante, están surgiendo importantes voces que advierten contra el canto de sirenas que periódicamente emite algún caudillo militar o líder carismático que prometen "pan, orden y progreso" aprovechándose de la impaciencia popular que frecuentemente generan las lentas reformas económicas de los gobiernos democráticos.
"Sería peligroso retroceder al tema de los sesenta cuando se decía que como la democracia no me asegura todo el pan que preciso, entonces llegan hasta a ser aceptables ideas no democráticas, y esto es trágico", expuso recientemente el presidente Julio María Sanguinetti de Uruguay.
El mandatario uruguayo, que el miércoles comienza una visita oficial a Panamá, emitió esta advertencia sobre el tema en una entrevista exclusiva con este periódico:
"Hemos empezado a oír de nuevo en Latinoamérica ese diabólico razonamiento. Cuando es lo contrario: la experiencia histórica demostró que cada vez que nos separamos de la democracia para conseguir más pan, ni conseguimos el pan, ni preservamos la libertad".
Pero cuando algunos defensores de los derechos humanos quieren tomar medidas revanchistas y piden la cabeza de los militares, Sanguinetti aconseja cautela.
Al igual que el escritor mexicano Carlos Fuentes, el estadista uruguayo prefiere concentrar todos los esfuerzos en la construcción del futuro, promoviendo un modelo de desarrollo con justicia, economía de mercado con capítulo social y respeto y aliento a la sociedad civil.
Así Sanguinetti defiende su controvertida ley de amnistía a los militares que sometieron a su país a un régimen autoritario durante la década de los 70, aduciendo que la venganza no es buena consigna política.
Como recuerda Fuentes, en la novela de Charles Dickens, "Historia de Dos Ciudades", la justiciera Madame Lefarge se sienta frente a la guillotina a tejer calcetas y contar las cabezas que caen.
"Más que guillotinar al pasado inmediato y sus figuras, quizás Latinoamérica deberá abocarse a encontrar leyes, reglas de convivencia, libertades y acuerdos que impidan la repetición de los vicios políticos derivados de sistemas arcaicos", reflexionaba el connotado novelista mexicano.
Sanguinetti, así como otros líderes democráticos del continente, espera que mediante los esfuerzos mancomunados de los gobiernos de Estados Unidos, Europa, Latinoamérica e instituciones internacionales como el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), se logre el fortalecimiento de los programas sociales y una distribución más equitativa de la riqueza, además de acelerar el crecimiento económico.
Según Enrique Iglesias, presidentes del BID, es muy posible que las economías de América Latina crezcan hasta un 8% en los años futuros, pero este año el crecimiento va a bajar a la mitad por los efectos de las crisis asiáticas. A la vez, indicó que "en lo social está ahora la gran tarea en la que los gobiernos deben trabajar" y que "nada es tan urgente y tan importante como educar a la gente", informó un despacho de la agencia EFE desde Miami.
Panamá A sólo dos meses de la segunda conferencia de los 34 jefes de Estado electos democráticamente en las Américas, hay inquietantes rumores de sables.
En Paraguay se perfila la ascendiente política del general Lino César Oviedo, a quien se acusa de golpista aunque ayudó a destronar al dictador Alfredo Stroessner. En el Perú, el enfrentamiento entre el presidente Alberto Fujimori y la cúpula militar el pasado diciembre llegó a tal punto que la oposición le brindó su apoyo frente al ejército. En Colombia, fuerzas empresariales capitaneadas por el industrial Gustavo Gaviria apoyan al recientemente retirado jefe del ejército, el general Harold Bedoya, en la próxima contienda por la Casa de Nariño.
También hay indicios de malestar en los cuarteles de Chile, Honduras y Guatemala.
Es cierto de que como tres golondrinas no hacen verano, tres o aun cinco o seis nubarrones en el firmamento político latinoamericano no presentan una seria amenaza a la lucha por el afianzamiento de las instituciones democráticas que el presidente Clinton y sus 33 colegas irán a celebrar en la próxima Cumbre de las Américas que tendrá lugar en Santiago de Chile el 18 y 19 de abril.
No obstante, están surgiendo importantes voces que advierten contra el canto de sirenas que periódicamente emite algún caudillo militar o líder carismático que prometen "pan, orden y progreso" aprovechándose de la impaciencia popular que frecuentemente generan las lentas reformas económicas de los gobiernos democráticos.
"Sería peligroso retroceder al tema de los sesenta cuando se decía que como la democracia no me asegura todo el pan que preciso, entonces llegan hasta a ser aceptables ideas no democráticas, y esto es trágico", expuso recientemente el presidente Julio María Sanguinetti de Uruguay.
El mandatario uruguayo, que el miércoles comienza una visita oficial a Panamá, emitió esta advertencia sobre el tema en una entrevista exclusiva con este periódico:
"Hemos empezado a oír de nuevo en Latinoamérica ese diabólico razonamiento. Cuando es lo contrario: la experiencia histórica demostró que cada vez que nos separamos de la democracia para conseguir más pan, ni conseguimos el pan, ni preservamos la libertad".
Pero cuando algunos defensores de los derechos humanos quieren tomar medidas revanchistas y piden la cabeza de los militares, Sanguinetti aconseja cautela.
Al igual que el escritor mexicano Carlos Fuentes, el estadista uruguayo prefiere concentrar todos los esfuerzos en la construcción del futuro, promoviendo un modelo de desarrollo con justicia, economía de mercado con capítulo social y respeto y aliento a la sociedad civil.
Así Sanguinetti defiende su controvertida ley de amnistía a los militares que sometieron a su país a un régimen autoritario durante la década de los 70, aduciendo que la venganza no es buena consigna política.
Como recuerda Fuentes, en la novela de Charles Dickens, "Historia de Dos Ciudades", la justiciera Madame Lefarge se sienta frente a la guillotina a tejer calcetas y contar las cabezas que caen.
"Más que guillotinar al pasado inmediato y sus figuras, quizás Latinoamérica deberá abocarse a encontrar leyes, reglas de convivencia, libertades y acuerdos que impidan la repetición de los vicios políticos derivados de sistemas arcaicos", reflexionaba el connotado novelista mexicano.
Sanguinetti, así como otros líderes democráticos del continente, espera que mediante los esfuerzos mancomunados de los gobiernos de Estados Unidos, Europa, Latinoamérica e instituciones internacionales como el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), se logre el fortalecimiento de los programas sociales y una distribución más equitativa de la riqueza, además de acelerar el crecimiento económico.
Según Enrique Iglesias, presidentes del BID, es muy posible que las economías de América Latina crezcan hasta un 8% en los años futuros, pero este año el crecimiento va a bajar a la mitad por los efectos de las crisis asiáticas. A la vez, indicó que "en lo social está ahora la gran tarea en la que los gobiernos deben trabajar" y que "nada es tan urgente y tan importante como educar a la gente", informó un despacho de la agencia EFE desde Miami.