Ruptura con Cuba
El gobierno de México, del presidente Vicente Fox, ni siquiera lo pensó, pese a empujar las cosas al borde del abismo. Fue demasiado inteligente para saber que con el rompimiento pierde más su país, el pueblo cubano y el rol que puede jugar en una eventual transición democrática, que sobrellevando las tensiones con la isla. Cuba había devuelto hacia México a unos inversionistas indeseables, a quienes nadie quería de vuelta por las cosas que podían destapar con su juzgamiento en suelo azteca. México acusó a Cuba de intromisión en sus asuntos internos; y ambas naciones retiraron sus respectivos embajadores. A las pocas semanas, retornaron la sensatez y cada embajador estaba de vuelta a su puesto.
El presidente español, José María Aznar, recién hubo asumido el cargo, lanzó duras críticas al dictador cubano Fidel Castro. Y éste respondió igual, con una serie de insultos que pusieron las relaciones entre ambas naciones al borde del colapso. Nerviosa en extremo, la industria hotelera española maniobró seguramente para recordar a su gobierno los miles de millones de dólares invertidos en la isla en asocio con el gobierno de Castro. Y un influyente periódico español llamó a Aznar a la ecuanimidad, recordándole textualmente que "Cuba es sangre de nuestra sangre y carne de nuestra carne". A las pocas semanas, todo volvió a la normalidad, prevaleciendo la tolerancia y el respeto recíprocos, aunque ninguna simpatía.
¿Y Panamá? Omar Torrijos restableció relaciones con la isla hace 30 años, luego de haberlas roto a inicios de los años 60. En la época en que lo hizo había que ser muy valiente, pues enfrentaba la ira de Washington, que encabezaba entonces un estricto bloqueo económico y diplomático contra la isla, mucho más severo que el actual. Además, se arriesgó a sufrir represalias y recortes de ayuda de Estados Unidos. Pero a Torrijos no le importó. Su audaz jugada era parte de su duro pulso diplomático con la potencia norteña, con la que perseguía la devolución del Canal. El hizo del fino desafío, no de la genuflexión, su estrategia preferida hasta la firma de los tratados que llevan su nombre en 1977.
En esta ocasión, Panamá se encuentra en igual posición que México y España, a causa del indulto presidencial concedido al terrorista Posada Carriles y los suyos. Y deberá maniobrar con doble inteligencia y habilidad para reparar el daño, porque el aislamiento no sirve a la causa de la democracia en Cuba y conspira contra los intereses comerciales panameños. En efecto, Cuba es el décimo mayor cliente de la Zona Libre, con compras estimadas en B/. 500 millones al año; a más de que existen en la isla inversiones de empresas panameñas que superan con creces los B/. 100 millones, sin contar el nutrido intercambio turístico, aéreo y financiero. Porque el bloqueo no ha hecho otra cosa que fortalecer la posición de Panamá como principal proveedor de la isla en el continente; constituyendo una especie de envidiado monopolio que han empezado a romper los empresarios norteamericanos con las ventas de alimentos y medicinas por cerca de mil millones de dólares. No nos llamemos a engaños, el vacío panameño será llenado inmediatamente por cualquiera de las otras zonas libres, incluyendo la de Miami. En comercio, las barreras son frágiles.
Si el trabajador americano es diez veces más productivo que el indio, los costos laborales por contratar al americano son más bajos. Sin embargo, 100 dólares en salarios no es el único costo para la empresa que lo emplea. Numerosas regulaciones a nivel federal y municipal elevan los costos laborales, como la Seguridad Social y Medicare, además de otros requisitos en torno a las condiciones laborales. Pero estas exigencias pueden no existir en la India, China, Asia o Latinoamérica. Eso quiere decir que gente menos productiva en términos físicos puede resultar más económica.
Precisamente, en Argentina, la contratación de personal es uno de los pocos rubros en los que el Estado se olvidó de interferir excesivamente y por ello las cosas funcionan relativamente bien. Decenas de empresas instalaron aquí sus centros de atención telefónica al cliente. Y, según un informe de la consultora estadounidense Datamonitor, "la Argentina es el boom mundial de los call centers".
Gracias a la deslocalización de los call centers se logró disminuir costos. En Argentina hay personal calificado que trabaja por sueldos menores (300 dólares por 45 horas semanales), según Nicolás Martínez, Director de Contact Center Latinoamérica de Hewlett Packard/Compaq, quien dijo que "los recursos humanos representan nuestro mayor costo y Argentina es el país más favorable... Brasil es 62% más caro, Colombia 59% y México 49%".
(*)Miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE (Escuela Superior de Economía y Administración de Empresas).
©www.aipenet.com
El presidente español, José María Aznar, recién hubo asumido el cargo, lanzó duras críticas al dictador cubano Fidel Castro. Y éste respondió igual, con una serie de insultos que pusieron las relaciones entre ambas naciones al borde del colapso. Nerviosa en extremo, la industria hotelera española maniobró seguramente para recordar a su gobierno los miles de millones de dólares invertidos en la isla en asocio con el gobierno de Castro. Y un influyente periódico español llamó a Aznar a la ecuanimidad, recordándole textualmente que "Cuba es sangre de nuestra sangre y carne de nuestra carne". A las pocas semanas, todo volvió a la normalidad, prevaleciendo la tolerancia y el respeto recíprocos, aunque ninguna simpatía.
¿Y Panamá? Omar Torrijos restableció relaciones con la isla hace 30 años, luego de haberlas roto a inicios de los años 60. En la época en que lo hizo había que ser muy valiente, pues enfrentaba la ira de Washington, que encabezaba entonces un estricto bloqueo económico y diplomático contra la isla, mucho más severo que el actual. Además, se arriesgó a sufrir represalias y recortes de ayuda de Estados Unidos. Pero a Torrijos no le importó. Su audaz jugada era parte de su duro pulso diplomático con la potencia norteña, con la que perseguía la devolución del Canal. El hizo del fino desafío, no de la genuflexión, su estrategia preferida hasta la firma de los tratados que llevan su nombre en 1977.
En esta ocasión, Panamá se encuentra en igual posición que México y España, a causa del indulto presidencial concedido al terrorista Posada Carriles y los suyos. Y deberá maniobrar con doble inteligencia y habilidad para reparar el daño, porque el aislamiento no sirve a la causa de la democracia en Cuba y conspira contra los intereses comerciales panameños. En efecto, Cuba es el décimo mayor cliente de la Zona Libre, con compras estimadas en B/. 500 millones al año; a más de que existen en la isla inversiones de empresas panameñas que superan con creces los B/. 100 millones, sin contar el nutrido intercambio turístico, aéreo y financiero. Porque el bloqueo no ha hecho otra cosa que fortalecer la posición de Panamá como principal proveedor de la isla en el continente; constituyendo una especie de envidiado monopolio que han empezado a romper los empresarios norteamericanos con las ventas de alimentos y medicinas por cerca de mil millones de dólares. No nos llamemos a engaños, el vacío panameño será llenado inmediatamente por cualquiera de las otras zonas libres, incluyendo la de Miami. En comercio, las barreras son frágiles.
Si el trabajador americano es diez veces más productivo que el indio, los costos laborales por contratar al americano son más bajos. Sin embargo, 100 dólares en salarios no es el único costo para la empresa que lo emplea. Numerosas regulaciones a nivel federal y municipal elevan los costos laborales, como la Seguridad Social y Medicare, además de otros requisitos en torno a las condiciones laborales. Pero estas exigencias pueden no existir en la India, China, Asia o Latinoamérica. Eso quiere decir que gente menos productiva en términos físicos puede resultar más económica.
Precisamente, en Argentina, la contratación de personal es uno de los pocos rubros en los que el Estado se olvidó de interferir excesivamente y por ello las cosas funcionan relativamente bien. Decenas de empresas instalaron aquí sus centros de atención telefónica al cliente. Y, según un informe de la consultora estadounidense Datamonitor, "la Argentina es el boom mundial de los call centers".
Gracias a la deslocalización de los call centers se logró disminuir costos. En Argentina hay personal calificado que trabaja por sueldos menores (300 dólares por 45 horas semanales), según Nicolás Martínez, Director de Contact Center Latinoamérica de Hewlett Packard/Compaq, quien dijo que "los recursos humanos representan nuestro mayor costo y Argentina es el país más favorable... Brasil es 62% más caro, Colombia 59% y México 49%".
(*)Miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE (Escuela Superior de Economía y Administración de Empresas).
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