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Rusia y Georgia


Georgia es un especial país de tránsito; porque su privilegiada posición geográfica ha sido fuente de riqueza y de tragedia. Su pasado, medido en miles de años, lo ilustra.

Dos presidentes de Georgia, Shevardnadze y Saakashvili, han reforzado la estratégica posición geográfica de Georgia como ruta del crudo mediante la construcción y ampliación de dos grandes óleo-gasoductos que atraviesan el territorio georgiano desde Bakú, en el Caspio rumbo a Europa; uno hacia el oeste que termina en el Mar Negro y el otro hacia el sur, por Turquía, que llega al Mediterráneo.

Ambos proyectos son poderosas palancas de desarrollo económico. Pero sobre todo han sido pensados políticamente por los georgianos como instrumentos principales para reafirmar la soberanía y la independencia nacional.

Lamentablemente, en mi opinión, el Gobierno y el pueblo georgiano sienten y piensan que deben acercarse política y militarmente a Europa para garantizar su independencia frente a Rusia.

Esta intención se hace realidad política de muy alto riesgo cuando el Legislativo y el Ejecutivo ruso se convencen de que al menos por lo que respecta al Gobierno actual de Georgia hay una proyección política, económica y militar con fuertes componentes anti-rusos.

El conflicto militar en curso entre Rusia y Georgia surge como una intención inevitable de ambas partes. Georgia no tuvo otra opción que usar el mecanismo soberano de la fuerza para tratar de consolidar la vacilante integridad territorial que se fracturaba cada vez más, bajo influencia rusa, en Ossetia del Sur y en Abkhazia.

Rusia demuestra con sus actos militares y diplomáticos que no tolera un umbral anti-ruso frente a sus fronteras.

En medio de esta crisis, los actos y palabras de Nicolás Sarkozy muestran claramente que la Unión Europea no tiene una política anti-rusa en los procesos de consideración y admisión de nuevos miembros, incluyendo la posible candidatura de Georgia. La intermediación europea actual lo está demostrando.

Opino que Rusia es tan europea como la suma de todos sus miembros. Zapatero, Berlusconi y Sarkozy, europeos de pura sangre, se expresan en términos tales que no dejan la menor duda sobre cuán importante es para el mundo estabilizar rápidamente, y en el largo plazo, la íntima e interactiva afinidad que existe política, económica y geográficamente entre Rusia y el resto de Europa.

Creo que estos nexos estratégicos no los sienten ni los piensan muy claramente, por el momento, ni Georgia ni los Estados Unidos.

101 años de Panamá América

 
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