Rusia y Venezuela: alianza antiamericana
Eureka, California (AIPE)- Rusia y Venezuela (uno de los principales suplidores de petróleo de Estados Unidos) anunciaron su nueva "alianza estratégica". El presidente venezolano, Hugo Chávez, admitió que el objetivo de esta alianza es derrotar la "unipolaridad", eufemismo que describe la posición dominante de Estados Unidos como poder militar y económico.
Al unirse a Rusia, Venezuela forma parte de una creciente coalición antiamericana que incluye a países como China, India e Irán. Moscú es el centro de esta coalición, ofreciéndole a su nuevo cliente una amplia variedad de opciones estratégicas, incluyendo apoyo técnico-militar. Moscú quiere trabajar con Venezuela en la determinación de los precios petroleros. Esta es una prioridad para Rusia que busca dañar a los países occidentales que dependen del petróleo importado y a la vez aumentar sus ingresos petroleros.
Pero hay un aspecto aún más amenazante en la alianza ruso-venezolana. El ministro de Defensa Soviético, Sergei Ivanov, firmó un tratado de cooperación militar con su contraparte venezolano, José Vicente Rangel. A partir de ahora podemos esperar que asesores militares rusos se unan a los asesores chinos que operan en América del Sur. También podemos contar con el despliegue de nuevos sistemas de armamentos en el hemisferio occidental, incluyendo aviones y misiles antiaéreos.
Estos acontecimientos tienen serias implicaciones para Estados Unidos, por lo que los norteamericanos se deben preguntar cuál es la motivación del presidente Chávez respecto a sus nuevas relaciones con Rusia.
Hugo Chávez, un ex teniente coronel golpista, es el autoproclamado campeón de los pobres y oprimidos de su país. La política de Chávez es debilitar a los empresarios y a los ricos, mientras que en público se abraza con el dictador Fidel Castro. Chávez también transformó la constitución venezolana, eliminando de hecho los controles y contrapesos sobre el Poder Ejecutivo. Chávez niega ser comunista, insistiendo que su admiración por Castro, sus nuevos nexos militares con China y su "alianza" con Rusia nada tienen que ver con tendencias marxistas. Pero revisando los antecedentes de Chávez, uno se pregunta qué diferencia tiene con un dictador marxista.
Claro que negar sus tendencias marxistas es el tradicional modus operandi de los comunistas. El Estado ruso ha asumido esa posición por casi una década. ¿Por qué no lo va a hacer, entonces, Venezuela? El comunismo supuestamente está muerto y si el cadáver se mueve de vez en cuando debe ser debido a la fisiología de los cuerpos en descomposición.
La realidad es que el comunismo no ha muerto. A lo largo de la historia, los comunistas se han pasado una y otra vez a la clandestinidad. Los solemnes entierros son una manera de hundirse en ella.
Mucho antes de que se anunciara la caída de la Unión Soviética, a los comunistas del hemisferio occidental les recomendaron auto describirse como "progresistas". El presidente Chávez es conocedor de las costumbres descritas por David Horowitz en su autobiografía "Hijo radical" (Radical Son). Los padres de Horowitz eran comunistas de carné, quienes jamás discutían su manera de pensar ni identificaban a sus camaradas ni revelaban las actividades del partido.
Chávez actúa como comunista y ayuda a los guerrilleros colombianos. El año pasado invitó a comunistas colombianos a hablar en el Congreso venezolano. Fue el primer jefe de Estado en visitar a Irak desde la Guerra del Golfo y en darle la mano a Saddam Hussein. En China habló de su admiración por Mao y se describió como el nuevo Fidel Castro latinoamericano. Los programas de la educación pública venezolana son copiados de los cubanos. Y ahora firma alianzas con Moscú y Beijing.
Si todo eso no fuera suficiente, el ministro de Defensa venezolano, José Vicente Rangel, quiere comprar aviones, sistemas de defensa aérea y demás armamentos rusos. Ya Cuba no está sola en las Américas y los guerrilleros colombianos tienen un vecino aliado. Así es que, después de varias décadas de lucha, los guerrilleros marxistas y sus socios narcotraficantes creen que ahora sí tienen una verdadera oportunidad de ganar la guerra. (c)
* Periodista, editor asociado de WorldNetDaily. www.aipenet.com
Al unirse a Rusia, Venezuela forma parte de una creciente coalición antiamericana que incluye a países como China, India e Irán. Moscú es el centro de esta coalición, ofreciéndole a su nuevo cliente una amplia variedad de opciones estratégicas, incluyendo apoyo técnico-militar. Moscú quiere trabajar con Venezuela en la determinación de los precios petroleros. Esta es una prioridad para Rusia que busca dañar a los países occidentales que dependen del petróleo importado y a la vez aumentar sus ingresos petroleros.
Pero hay un aspecto aún más amenazante en la alianza ruso-venezolana. El ministro de Defensa Soviético, Sergei Ivanov, firmó un tratado de cooperación militar con su contraparte venezolano, José Vicente Rangel. A partir de ahora podemos esperar que asesores militares rusos se unan a los asesores chinos que operan en América del Sur. También podemos contar con el despliegue de nuevos sistemas de armamentos en el hemisferio occidental, incluyendo aviones y misiles antiaéreos.
Estos acontecimientos tienen serias implicaciones para Estados Unidos, por lo que los norteamericanos se deben preguntar cuál es la motivación del presidente Chávez respecto a sus nuevas relaciones con Rusia.
Hugo Chávez, un ex teniente coronel golpista, es el autoproclamado campeón de los pobres y oprimidos de su país. La política de Chávez es debilitar a los empresarios y a los ricos, mientras que en público se abraza con el dictador Fidel Castro. Chávez también transformó la constitución venezolana, eliminando de hecho los controles y contrapesos sobre el Poder Ejecutivo. Chávez niega ser comunista, insistiendo que su admiración por Castro, sus nuevos nexos militares con China y su "alianza" con Rusia nada tienen que ver con tendencias marxistas. Pero revisando los antecedentes de Chávez, uno se pregunta qué diferencia tiene con un dictador marxista.
Claro que negar sus tendencias marxistas es el tradicional modus operandi de los comunistas. El Estado ruso ha asumido esa posición por casi una década. ¿Por qué no lo va a hacer, entonces, Venezuela? El comunismo supuestamente está muerto y si el cadáver se mueve de vez en cuando debe ser debido a la fisiología de los cuerpos en descomposición.
La realidad es que el comunismo no ha muerto. A lo largo de la historia, los comunistas se han pasado una y otra vez a la clandestinidad. Los solemnes entierros son una manera de hundirse en ella.
Mucho antes de que se anunciara la caída de la Unión Soviética, a los comunistas del hemisferio occidental les recomendaron auto describirse como "progresistas". El presidente Chávez es conocedor de las costumbres descritas por David Horowitz en su autobiografía "Hijo radical" (Radical Son). Los padres de Horowitz eran comunistas de carné, quienes jamás discutían su manera de pensar ni identificaban a sus camaradas ni revelaban las actividades del partido.
Chávez actúa como comunista y ayuda a los guerrilleros colombianos. El año pasado invitó a comunistas colombianos a hablar en el Congreso venezolano. Fue el primer jefe de Estado en visitar a Irak desde la Guerra del Golfo y en darle la mano a Saddam Hussein. En China habló de su admiración por Mao y se describió como el nuevo Fidel Castro latinoamericano. Los programas de la educación pública venezolana son copiados de los cubanos. Y ahora firma alianzas con Moscú y Beijing.
Si todo eso no fuera suficiente, el ministro de Defensa venezolano, José Vicente Rangel, quiere comprar aviones, sistemas de defensa aérea y demás armamentos rusos. Ya Cuba no está sola en las Américas y los guerrilleros colombianos tienen un vecino aliado. Así es que, después de varias décadas de lucha, los guerrilleros marxistas y sus socios narcotraficantes creen que ahora sí tienen una verdadera oportunidad de ganar la guerra. (c)
* Periodista, editor asociado de WorldNetDaily. www.aipenet.com