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Saber hablar


No puede hablar de la retórica quien no ha estado, alguna vez en su vida, involucrado con ella. Ella se aprende, se siente, se vive, emerge del espíritu, del alma misma. El hombre es, básicamente, verbo, palabra y es a través de ellas que exterioriza sus ideas, sus pensamientos. El ser humano es, por naturaleza, un ser argumentador, replicador "homo respondón". No hay duda alguna en sostener que la retórica es un verdadero arte, ello es indiscutible. Que se trata de un incansable ir y venir de ideas, en la mente, a la inteligencia, que requieren destreza y habilidad, para ser organizadas, estructuradas, y luego expresadas, con caracteres de elegancia, belleza espiritual, técnica y estética, incuestionable. Que hay algo de poético en el arte del saber hablar, eso también es cierto. Pero, debemos preguntar qué es lo que realmente hace al orador, además de saber hablar. Hay un matiz de impresión positiva, de perplejidad súbita cuando estamos ante la presencia de un orador y escuchamos de él pronunciar el verbo arrollador; palabras y frases que nos cautivan, nos enamoran; pensamientos que dichos de una u otra manera, nos siembran la convicción de que lo que se dice es razonable, aceptable, lo tenemos por bueno y cierto. A nuestro modo de ver las cosas, tras años de estar en los tribunales, como ente activo, cogitando de modo permanente, adorna al orador una cosa: la pasión. El orador fogoso, es luego, un apasionado. El vive sintiendo lo que piensa y dice. Cree en lo que habla.

El orador forense, por otro lado, es un hombre que siembra inteligencia, cosecha inteligencia, con el pénsum de sus argumentos, mismos que emplea para defender o acusar. Gorgias, padre de la retórica en la Antigüedad, se jactaba de convencer, con entera independencia, de que el argumento fuera válido o no. Bien podía defender una tesis como acusarla y auguraba siempre el éxito de sus argumentos distanciándolos de la verdad, por ello sostenía que si nos acercamos a la verdad se corre el riesgo de perder el juicio. Algo así como que "nunca descubras ni desnudes la verdad ante tu interlocutor".

¿Qué tal, si la retórica de muchos políticos nuestros se desnudara? ¿Qué tal sin entráramos a discernir la esencia o sustancia de sus ideas, de sus líneas de pensamiento, de sus orientaciones políticas y las muestras de vida diaria? ¿Qué sucedería? Lo más probable es que muchos de ellos perderían.

Por ello, el arte de la retórica, bien manejada, puede permitirnos, estando frente a ellos, desnudarlos, desenmascararlos o, puede suceder, quién dice que no, siguiendo a Gorgias, afirmarlos o consolidarlos. El problema radica, a nuestro juicio, en que, cuando discutes o disciernes con ellos, muchos se ahuyentan, cual manada de linces, asustadizos, por la espesura de esta selva política en donde el cazador, no furtivo, el pueblo panameño, siempre termina cazándolos.

silghuemo@hotmail.com

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