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Sables en la región


Cuando se produjeron, hace ya dos años, las victorias de la izquierda en la región, Panamá América advirtió que si no había variantes en el histórico enfoque de esa tendencia sobre la realidad latinoamericana, las consecuencias serían impredecibles. Nadie, se dijo en esa oportunidad, que se sienta amenazado o al que se le anuncien amenazas como la de reemplazarlos políticamente o arrebatarles las riquezas que ha creado con trabajo, esperará mansamente a que éstas se produzcan. En ese contexto, las bravuconadas expresadas por el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, y sus posteriores provocaciones, han sido saldas en los últimos días con un silencio que otorga la razón a las advertencias formuladas.

La pasada semana, entre tanto, el gobierno de Quito reemplazó su cúpula militar porque, aseguró, había intervención extranjera en sus filas y el presidente era el último en enterarse de las inteligencias que allí se hacían. La medida ha provocado una reciente asamblea de coroneles para responder institucionalmente a la disposición del gobierno, lo que evidencia una intención de encarar frontalmente a quien deben obediencia.

El problema parece radicar en la incapacidad de la izquierda por administrar de mejor modo la carta en blanco que le dieron los electores. La región no quiere guerra, sino paz, seguridad social, empleo, comida y desarrollo. Pero en el afán de la llamada lucha antiimperialista, regímenes como el de Ecuador, Venezuela o Bolivia lo que han engendrado es desasosiego, temor e incertidumbre que podría estar encaminándose hacia una de las peores crisis de América Latina.

101 años de Panamá América

 
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