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Sabotaje a Inglaterra


El choque de las etnias, las religiones, las costumbres y los intereses económicos entre los pueblos del mundo, han sido las manifestaciones que han provocado las traiciones, los contubernios, las asechanzas y las guerras entre las naciones y entre los individuos. La naturaleza humana tiene una esencia de mezquindad, envidia y egoísmo que, muchas veces, al pobre espíritu (los que tienen espíritu) le cuesta combatir, porque el hábitat en el que subsiste es hostil y siempre quiere avasallarlo. Esto ha sido así desde antes de la historia de la humanidad. Lo ideal sería que no hubiese etnias, ni religiones ni proscripciones, pero ya eso sería ir en contra de la natural evolucilón de todo lo que existe. El hombre es la más conspicua transformación de las cosas y, porque tiene discernimiento destruye, construye y reforma todo lo que juzga que no se ajusta al concepto que tiene de lo que no debe ser y de lo que debe ser. Esta percepción de la bondad y de la maldad que él cree distinguir en lo que son las realidades a su alrededor, determina su conducta frente a las otras personas y hacia los otros pueblos. Ninguna conducta humana ha causado más muertes, odios, guerras y persecuciones que las conductas religiosas y las racistas.
De todos los imperialismos que han surgido de las necesidades, de la condición de la naturaleza humana del hombre y de su destructiva soberbia, ha sido el imperialismo inglés el que más ha sobresalido a lo largo de la historia de la ambición de los hombres. Es aún más connotado que el de los antiguos egipcios, el de los babilonios, el de los griegos, los romanos y que el de Gengis Khan. Y no porque haya sido más despótico e intolerante, sino porque ha sido el más próximo a todas las conquistas del intelecto y de los derechos del hombre en sus grandes victorias en la satisfacción de sus esperanzas de vida. Por la calidad del espíritu que inspiró sus acciones, los ingleses son el ejemplo que hay que tomar al señalar las bondades y maldades de los colonialismos. Ha sido esa notoriedad imperialista, la que los ha colocado en el escenario de la venganza, el despecho y el sabotaje de sus enemigos.
De entre todos los blancos de venganza, revanchismos, rencores y de sabotaje, Inglaterra es la más susceptible de atención. Ni siquiera los Estados Unidos, Rusia y Japón están tan marcados por los que no quieren olvidar los agravios que juzgan que sus imperialismos les han infligido. Son muchas las naciones y muchos los individuos que han crecido por generaciones con los ojos enrojecidos por el dolor que les causa el conocer las imposiciones inglesas que consideran han hecho daños estructurales a sus patrias. Es una tradición de rencor que ha caminado muy resentida a lo largo de varios siglos de vasallaje, de fricciones y confrontaciones.
Todo el análisis de la Historia de Inglaterra y sus relaciones con los pueblos de Africa, del Medio Oriente y del Asia, durante la última mitad del Siglo XIX y a lo largo del Siglo XX, obliga un desmenuzamiento del acontecer inglés frente a las desgracias que en el presente le están ocurriendo a la Gran Bretaña, como son el mal del SIDA, el de las vacas locas, las enfermedades de las ovejas y de los cerdos y la que afecta a los pollos; para llegar a las conclusiones de que se puede tratar de sabotaje a la salud de los británicos y de Europa, de mano de los que buscan no sólo vengarse de ellos sino, también, del mundo occidental.
Todas esas enfermedades que afectan al ganado vacuno, porcino y lanar, y a los pollos, pueden ser producidas en laboratorios y luego transmitidas a los animales con la sola estrategia de un inteligente y solapado sistema científico de contaminación, que pueden ejecutar con toda libertad los que en el presente se han declarado enemigos de Occidente.
El SIDA no es un accidente ni tampoco un mal fortuito producto de la degeneración que el hombre tiene de sus hábitos. El SIDA es un mal procesado en un laboratorio. Otros ataques bacteriológicos se producirán a los occidentales en el futuro cercano, con el propósito de irles minando la salud física y del ánimo, de manera que, cuando ese debilitamiento alcance los niveles programados por estos agresores inhumanos e implacables, se desate un ataque en gran escala que podría poner a la humanidad al borde de un colapso que la situaría en peligro de que una gran porción de la población del planeta desaparezca.
Sin duda alguna, los poderes occidentales estarán al tanto de este asunto y, seguramente, estarán tomando las prevenciones y soluciones necesarias. Pero, mientras tanto, Inglaterra y Europa están en jaque y sus habitantes, los del continente americano, Australia y Nueva Zelanda, están desprevenidos y posiblemente, ignoran que esta catástrofe puede estar ocurriendo.
La presente, se trata de una sospecha bien fundada que juzgamos que debe ser advertida a la gente. La humanidad se ha entregado al placer sibarita de la glotonería y el sexo, que convierte a la población terráquea en peces ávidos de las carnadas que los que desean pescarlos, colocan en sutiles anzuelos mortíferos. Las consecuencias de la globalización y liberación de mercados, han comenzado a pasar sus facturas y, como siempre, otra vez el egoísmo, la avaricia y la soberbia de los hombres, provocarán las transformaciones espectaculares que cambiarán la anatomía y el rostro de la humanidad. El sabotaje a Inglaterra es sólo el preludio de esa indeseable transformación.

101 años de Panamá América

 
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