Salarios, productividad y equidad
Hace algunos días personeros del CoNEP alegaron que resultaba imposible un incremento del salario mínimo más allá de su magra oferta dado lo que ellos entendían era el bajo nivel de productividad en el país. Este planteamiento, tal como se realizó contiene algunas fallas que lo hacen erróneo desde el punto de vista conceptual e inútil desde el punto de vista de la formulación de la política económica.
En primer lugar, desde el punto de vista del análisis económico la apreciación del CoNEP se basa en la idea tradicional según la que el salario de equilibrio se determina por la productividad marginal del trabajo, lo que supone que la productividad es una variable independiente con respecto al nivel de los salarios. Se trata de una visión superada, tal como lo demostraron los proponentes de la llamada hipótesis de los salarios de eficiencia, de acuerdo a la cual la productividad del trabajo resulta más elevada a niveles superiores de salario que a niveles inferiores. En sus primeros trabajos sobre el tema Stiglitz llamó la atención sobre el hecho de que los salarios bajos, que no permiten un adecuado nivel de consumo básico a los trabajadores, terminan minando su capacidad productiva. Más adelante, George Akerlof, quien compartió con Stiglitz el premio Nobel en el 2001, junto a Janet Yellen, actual presidenta del Banco de la Reserva Federal de San Francisco, apuntaron hacia el hecho de que cuando los trabajadores sienten que los salarios están por debajo del nivel que consideran socialmente equitativo se puede observar una merma de la productividad. Se trata de dos elementos importantes en el análisis de los salarios, que por desconocimiento o conveniencia, cosa que no nos toca juzgar, están ausentes en el análisis del CoNEP.
En segundo lugar, desde un punto de vista práctico el CoNEP y sus economistas desconocen el hecho de que lo que interesa desde el punto del análisis de la realidad es la capacidad adquisitiva del salario, el llamado salario real. Es por esto que se debe advertir que entre agosto de 2006 y agosto de 2009, el índice de precios al consumidor se elevó en más del 16%, mientras que el de los alimentos lo hizo en cerca del 31%, deteriorando seriamente la capacidad del obrero para mantener y reproducir su fuerza de trabajo. Asimismo olvida el CoNEP que la tendencia reciente en términos de la distribución del ingreso en el sector privado llevó a que la participación de los salarios en el valor agregado neto de las empresas se redujera de 44% en el 2000 a tan solo el 38% en el 2006. Se trata de un claro fenómeno de radicalización de los niveles de inequidad. Si a esto último le agregamos que la productividad promedio del trabajador panameño se ha elevado recientemente en más de 4% promedio anual, la quiebra de la hipótesis del CONEP se hace más que evidente, mostrando su carácter publicitario, miope y carente de sentido de justicia social.