Salud, expresión de la administración pública
La salud sin duda es un derecho y un deber de toda persona. Todos los gobiernos de los 200 estados que conforman el planeta, tienen el deber indeclinable de asegurarle a sus poblaciones y en especial a aquellas que se encuentran en los niveles de postergación y pobreza, quienes en nuestro país constituyen el 40% de la nación, servicios de salud integrales y de óptima calidad.
Para mí, la puerta de entrada y punto inicial de contacto del ciudadano común con la gestión real del gobierno de turno es sin duda, los servicios de salud que recibe de manera directa su persona y el medio ambiente que le rodea.
Es por esto que se hace indispensable que los gobernantes prioricen no solo los recursos financieros para dar respuestas con suficiencia y oportunidad a las necesidades y demandas que se presentan, sino también con la designación y asignación de sus mejores cuadros profesionales, técnicos y administrativos, para hacerle frente a través de la negociación permanente, a un universo sanitario que se caracteriza universalmente por transitar por caminos de dependencia, complejidad, conflicto, incertidumbre y fragmentación de su capacidad integral de respuesta.
Y es que todos sabemos que la salud no es solo ausencia de enfermedades, sino la resultante de múltiples factores entre los que destacan los estilos de vida, el medio ambiente y laboral, la herencia biológica y los servicios de salud. Es decir que si no hay vivienda, educación, alimentación, transporte, trabajo, recreación, vestimenta y un sistema de provisión de servicios de salud que se ofrezcan con plena accesibilidad a todos los panameños, es imposible que tengamos una nación sana, por más que el promedio del ingreso per cápita y el Producto Interno Bruto aumenten geométricamente.
Al individuo de la calle, lo único que le interesa es que produzcan resultados concretos que hagan posible disminuir la insatisfacción de esta deuda sanitaria acumulada en términos de atención primaria integral, recetas despachadas, exámenes de laboratorio y radiología, cirugías, consultas con especialistas y técnicos, producto de la falta de la comprensión cabal y sistematización de los deberes y la ausencia de un Plan Nacional de Salud con normas y estándares claros y con una Red de Servicios definida y con óptima capacidad instalada, de acuerdo a la responsabilidad de su espacio-población y a los niveles de prevención y de complejidad.
Entiendo que se hace impostergable en el sector salud, el rescate del orgullo, la mística y la vocación de servicio de nuestros predecesores, pero esta tarea deberá empezar desde los niveles de alta jerarquía y rango, respetando al funcionario institucional y dando el ejemplo con su compromiso, transparencia y rendición de cuentas.