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Sangrar para curar


Durante la Edad Media, la ignorancia y el oscurantismo tenían una solución para las enfermedades del ser humano. Se pensaba que la salud dependía del balance entre cuatro humores dentro del cuerpo y cuando el hombre caía enfermo, procedían a sangrarlo utilizando asquerosos parásitos llamados sanguijuelas o haciendo incisiones en sus muñecas. Obviamente, el remedio era peor que la enfermedad y el paciente quedaba más afectado con el sangramiento
Con igual estulticia el Ejecutivo nacional ha descubierto que la solución a los graves problemas económicos del país radica en la exacción de más recursos del vacío bolsillo del pueblo y ha procedido a imponernos una reforma tributaria que, al igual que el sangramiento medieval, va a afectarnos en vez de beneficiarnos, sumiéndonos por cuarto año consecutivo en una mayor recesión económica.
Dicen que nunca es un buen momento para aumentar los impuestos, pero obviamente hay momentos peores que otros y éste es el peor de todos, porque Panamá vive la mortífera mezcla de una recesión mundial y de un gobierno corrupto e incapaz que perdurará en la historia como el que menos bienestar ofreció y más problemas causó al pueblo panameño.
Esta reforma tributaria no solamente incumplió con el objetivo de simplificar el sistema de recaudaciones (de hecho, lo ha vuelto más complejo), sino que castigará principalmente a los más pobres, entendiéndose a los que ganan un salario de hasta $300.00, quienes ahora tendrán que pagar nuevos impuestos al consumo, y a los desempleados, quienes careciendo de fuentes de ingreso, ahora tendrán más gastos. Una operación matemática sencilla también indica que el ahorro que obtendrán los nuevos exonerados con salarios entre $300.00 y $800.00 dólares se perderá con creces cuando los supuestos beneficiados tengan que comprar los productos y servicios que a partir de hoy pagarán nuevos impuestos. Por otro lado, ya hay bancos, en especial con licencia internacional, que están estudiando su traslado a otros países del Caribe asustados por las nuevas tasas que deberán enfrentar, aunque los bancos han estado tan privilegiados en este paraíso fiscal panameño que no deberían quejarse. Pero lo principal es que extraerle al consumidor más recursos ( que antes dedicaba al consumo), para trasladarlos a las arcas de un gobierno que solo sabe hacer dos cosas: pagar la deuda externa o malversar los recursos del pueblo, profundizará una recesión que ya lleva tres años. En efecto, en el período mireyista se han disparado las cifras del desempleo y puesto en peligro la supervivencia de la pequeña y mediana empresa y ahora, aún con este nuevo abuso tributario, no podrán impedir una posible crisis de las finanzas públicas en el nuevo año 2003.
Llama la atención en esta encrucijada el silencio de los sectores sindicales ante este nuevo latrocinio y las componendas entre un grupejo del sector empresarial que por casualidad le tocó sentarse en la mesa de negociaciones con los del MEF. Para nadie es un secreto que por defender sus subsidios y exoneraciones, representantes del sector empresarial fueron transformando la nefasta propuesta original de los burócratas chilenos y colombianos que ahora dirigen el Ministerio de Economía y Finanzas hasta convertirla en la ley que aprobó hace un par de días la Asamblea. Y es obvio también que el producto final aprobado recarga, sobre las espaldas del pueblo, el peso de los tributos, aunque convierte en héroes ante el gobierno a los negociadores del empresariado que aceptaron el desangramiento, lo que permitirá a éstos seguir disfrutando de las prebendas que en gesto de agradecimiento el Ejecutivo sabrá brindarles.
Demás está preguntarnos si hubiéramos podido ahorrarnos todo este malestar simplemente con no haber exonerado a Panamá Ports de los 24 millones de dólares anuales que debía aportar al fisco nacional, si hubiésemos eliminado la partida secreta de la presidencia, los viajes faraónicos, los ahorros en efectivo guardados en neveras, los apartamentos de los nuevos ricos con inexplicables fortunas y tantos escapes que la corrupción de esta administración ha prohijado.
¿Y qué decir de la isla de riqueza circundada por una mar de miseria que es la Zona Libre de Colón? Resulta paradójico que este sector económico, el que más ganancias genera, es el único que no paga ningún impuesto.
En fin, Mireya Moscoso lo ha hecho de nuevo y a los sufridos mortales que tenemos la dicha de vivir en esta tierra pródiga que el gobierno insiste en destruir, solo les digo que faltan menos de dos años para que concluya la pesadilla. Tengamos paciencia y resistencia, y el día de las elecciones castiguemos con fuerza a quienes subieron al poder con el engaño e hicieron todo lo posible por acabar con nuestro país.

101 años de Panamá América

 
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