Sangre en el Monte de Sión
Cuando en 1979 se firmaba el primer tratado de paz entre Israel y Egipto, muchos consideraron que era posible la convivencia entre el mundo árabe y el estado hebreo. De repente, sectores extremistas islámicos rechazaron la tregua pacífica, declarando una "guerra abierta" para presionar a los regímenes moderados musulmanes en el "no reconocimiento" de Israel.
Fue Anwar El-Sadat, el primer presidente árabe en firmar la paz con Tel-Avív, el que cayó abatido por el odio del fundamentalismo. Esa fue una clara señal de que tiempos difíciles vendrían pronto y que no sería fácil que el ambiente de hostilidades terminara en la región.
111Un pueblo presionado, con hambre, con desesperanza de no tener trabajo, o que no ve un futuro promisorio, es fácil de convencer para caer en el radicalismo fundamentalista.
Con todo y las diferencias religiosas, políticas y culturales, entre 1979 y 1999 se logró que otras naciones reconocieran al Estado de Israel en su legítimo derecho de constituirse en país soberano en la tierra prometida. De igual manera, se ligó la "Cuestión Palestina" (de establecer un Estado Palestino dentro de los territorios ocupados en Cisjordania y Gaza), para poner fin a la tensión en el Oriente Medio.
Aunque parezca increíble, fue un ex terrorista, Yasser Arafat, el que debía obligar al pueblo palestino a definir un camino hacia la paz y la cooperación con sus archirivales, los israelíes. En 1993, en la Declaración de Washington, se definió el procedimiento de crear una relación necesaria para acabar con las diferencias israelo-palestino. Empero, en septiembre del 2000, el proceso de acercamiento acabó cuando comenzó la sangrienta revuelta en Jerusalén, todo por culpa de las posturas altruistas de bando y bando.
Recientemente, el enviado especial estadounidense, Anthony Zinni, viajó a Israel para tratar de lograr una tregua, en medio de la intensificación de la denominada "Segunda Intifada". Ya los analistas internacionales cuestionaban el temple del negociador norteamericano, a pesar que éste fuera un ex general, ligado a todo tipo de presiones.
En los precisos momentos en que se escribe esta nota, dos atentados suicidas asolaron Israel, matando a más de 15 personas y dejando decenas de heridos. Era previsible: hay gente y sectores radicales en Palestina que no quieren hacer la paz, que buscan desbancar a Yasser Arafat y su grupo, para generar una revolución mayor que socave todo el proceso de negociación destinado a terminar con la violencia.
¿Cómo es que el extremismo islámico palestino logra frustrar, de un solo golpe, todo el andamiaje diplomático que trata de apagar el fuego de la violencia? Quizás, los negociadores de Estados Unidos, los de Europa, de las Naciones Unidas y hasta los mismos israelíes, no conocen el procedimiento de controlar pacíficamente a los palestinos, fuera del rudimentario ejercicio de la fuerza defensiva, es decir, la represalia militar para aniquilar los focos del extremismo musulmán palestino.
La violencia no acaba entre Israel y Palestina, hasta cuando se termine con las diferencias religiosas, la separación cultural y se combata a la pobreza extrema en los territorios palestinos.
Un pueblo presionado, con hambre, con desesperanza de no tener trabajo, o que no ve un futuro promisorio, es fácil de convencer para caer en el radicalismo fundamentalista.
Si Estados Unidos, Europa e Israel pudieran ayudar a esos tres millones de palestinos pobres, muchos de ellos ya no creerían en las consignas de la lucha armada, la guerra religiosa o la teoría de la "destrucción del estado sionista", para recuperar Jerusalén.
De igual forma, el "raís" (líder en árabe) Yasser Arafat, debe poner de su parte para detener y castigar a los grupos extremistas, como el Yihad Islámico y el HAMAS, cuando éstos son los responsables directos de la campaña terrorista más grande de los últimos tiempos en Oriente Medio.
Fue Anwar El-Sadat, el primer presidente árabe en firmar la paz con Tel-Avív, el que cayó abatido por el odio del fundamentalismo. Esa fue una clara señal de que tiempos difíciles vendrían pronto y que no sería fácil que el ambiente de hostilidades terminara en la región.
111Un pueblo presionado, con hambre, con desesperanza de no tener trabajo, o que no ve un futuro promisorio, es fácil de convencer para caer en el radicalismo fundamentalista.
Con todo y las diferencias religiosas, políticas y culturales, entre 1979 y 1999 se logró que otras naciones reconocieran al Estado de Israel en su legítimo derecho de constituirse en país soberano en la tierra prometida. De igual manera, se ligó la "Cuestión Palestina" (de establecer un Estado Palestino dentro de los territorios ocupados en Cisjordania y Gaza), para poner fin a la tensión en el Oriente Medio.
Aunque parezca increíble, fue un ex terrorista, Yasser Arafat, el que debía obligar al pueblo palestino a definir un camino hacia la paz y la cooperación con sus archirivales, los israelíes. En 1993, en la Declaración de Washington, se definió el procedimiento de crear una relación necesaria para acabar con las diferencias israelo-palestino. Empero, en septiembre del 2000, el proceso de acercamiento acabó cuando comenzó la sangrienta revuelta en Jerusalén, todo por culpa de las posturas altruistas de bando y bando.
Recientemente, el enviado especial estadounidense, Anthony Zinni, viajó a Israel para tratar de lograr una tregua, en medio de la intensificación de la denominada "Segunda Intifada". Ya los analistas internacionales cuestionaban el temple del negociador norteamericano, a pesar que éste fuera un ex general, ligado a todo tipo de presiones.
En los precisos momentos en que se escribe esta nota, dos atentados suicidas asolaron Israel, matando a más de 15 personas y dejando decenas de heridos. Era previsible: hay gente y sectores radicales en Palestina que no quieren hacer la paz, que buscan desbancar a Yasser Arafat y su grupo, para generar una revolución mayor que socave todo el proceso de negociación destinado a terminar con la violencia.
¿Cómo es que el extremismo islámico palestino logra frustrar, de un solo golpe, todo el andamiaje diplomático que trata de apagar el fuego de la violencia? Quizás, los negociadores de Estados Unidos, los de Europa, de las Naciones Unidas y hasta los mismos israelíes, no conocen el procedimiento de controlar pacíficamente a los palestinos, fuera del rudimentario ejercicio de la fuerza defensiva, es decir, la represalia militar para aniquilar los focos del extremismo musulmán palestino.
La violencia no acaba entre Israel y Palestina, hasta cuando se termine con las diferencias religiosas, la separación cultural y se combata a la pobreza extrema en los territorios palestinos.
Un pueblo presionado, con hambre, con desesperanza de no tener trabajo, o que no ve un futuro promisorio, es fácil de convencer para caer en el radicalismo fundamentalista.
Si Estados Unidos, Europa e Israel pudieran ayudar a esos tres millones de palestinos pobres, muchos de ellos ya no creerían en las consignas de la lucha armada, la guerra religiosa o la teoría de la "destrucción del estado sionista", para recuperar Jerusalén.
De igual forma, el "raís" (líder en árabe) Yasser Arafat, debe poner de su parte para detener y castigar a los grupos extremistas, como el Yihad Islámico y el HAMAS, cuando éstos son los responsables directos de la campaña terrorista más grande de los últimos tiempos en Oriente Medio.