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Santa Fe IV: los conservadores a la carga


Carlos Marx se burlaba de aquellos toscos profesores aldeanos que creen que su aldea es el mundo. Es que la vida provinciana sólo produce, con contadas excepciones, una visión provinciana, estrechamente local de la vida, incapaz de trascender esa limitación. Escuchando las diatribas que a diario se expelen por la radio y los niveles que alcanza el debate político, otra vez con contadas excepciones, no podemos más que sorprendernos de la "cultura política" de que hacemos gala los panameños cotidianamente. Creo que no es para enorgullecernos y no me excluyo de la autocrítica, porque yo también soy parte de esta nación.
El ejemplo de la crítica a las convenciones partidarias del Partido Popular y del Partido Revolucionario Democrático es una muestra de ello. No soy parte de ninguno de los dos partidos políticos mencionados, pero debo reconocer que su actividad militante ha sido de alguna importancia y debe tomarse como lo que es: el inicio de una preparación con miras a la contienda electoral del 2004. La mayoría de los llamados analistas políticos y los políticos gobiernistas han carecido de "visión analítica" y su respuesta "política" a esos hechos ha sido, francamente, deplorable.
Hoy quiero hacer una reflexión preliminar sobre los primeros tres apartados del documento denominado Santa Fe IV, propuesta de política exterior diseñada para influir en el nuevo gobierno de los Estados Unidos, encabezado por el Sr. George W. Bush. Lo primero que habría que advertir es que en su preparación han participado aquellos que diseñaron el documento de Santa Fe I para el gobierno del presidente Ronald Reagan. Su blanco interior, por lo menos explícito, es la administración de 8 años del presidente William Clinton, aunque su intención primaria es ofrecer un conjunto de políticas prácticas para la relación de los Estados Unidos con América latina. Las recomendaciones del Comité de Santa Fe son producto, según sus autores, del conocimiento que sobre la región posee cada uno de los participantes ( "un romance de toda la vida con América latina" ). Ellas se desprenden de 9 puntos (las 9 d), de los cuales los tres primeros son Defensa, Drogas y Demografía.
A partir de un bosquejo histórico de la relación entre los Estados Unidos y América latina desde la independencia de las colonias, el examen concluye en el relevamiento del enorme interés de los padres fundadores de la República norteamericana por el sur del continente. El corolario histórico es la denominada doctrina Monroe de diciembre de 1823. No es casualidad que el documento de Santa Fe IV se plantee como una "nueva doctrina Monroe". Es que hay una línea de continuidad entre aquel documento que inaugura la presencia imperialista en el continente y el nuevo Santa Fe IV, instrumento con que se intenta prolongar dicha presencia en el siglo XXI.
La primera "D" referida a la defensa abunda en consideraciones de los peligros que acosan la seguridad de los EE.UU. La ecuación aquí es clara: la seguridad de los Estados Unidos y la hemisférica parece ser la misma. En otras palabras, el continente resulta pieza clave para la seguridad de los Estados Unidos, militar en primer lugar, pero también económica y política. No en vano la declaración de Santa Fe IV confía en que dicha política debe ser aceptada por los gobiernos del continente de manera que los Estados Unidos pueda, por un lado utilizar los pactos militares vigentes como los recursos naturales que necesiten los imperialistas para su crecimiento económico.
Definido el contexto global, ¿cuáles son los enemigos de la seguridad de los Estados Unidos?. En primer lugar, Santa Fe IV acepta que es difícil precisarlos. La caída del "socialismo real" impide identificar y hacer creer a amplias capas de la población en los nuevos enemigos, aunque "algunos viejos demonios subsistan" (Fidel Castro, por ejemplo). Sin embargo, se propone una lista de enemigos tales como los chinos (antes se decía el peligro amarillo), el narcoterrorismo, la teología de la liberación, la prensa, la cultura (las universidades latinoamericanas siguen siendo escenarios dominados por el comunismo) y, por increíble que parezca, el poder judicial ( como se refiere al caso Elián González, nos parece que se refiere al de los Estados Unidos). A esta larga lista habría que añadir los liberales estadounidenses y las fundaciones que luchan por la legalización de las drogas, a los que en el mundo defienden los derechos humanos y, finalmente, la migración musulmana a Europa occidental y Asia, y la migración latinoamericana a los EE.UU. ( son las D correspondientes a drogas y a demografía).
Un caso especial en el mencionado documento Santa Fe IV es el de Panamá, definido como inestable siendo elemento fundamental para la seguridad mundial, ahora en manos de los chinos y el denominado bolivarismo (es obvio que se refiere a la experiencia Chavez en Venezuela). En esto último se expresa una velada mención al "militarismo de izquierda", fenómeno que parece expresar, como tendencia, la experiencia venezolana.
Como se ve, el arco iris de enemigos de los EE.UU. parece haber crecido geométricamente desde 1989 y, al parecer, seguirá creciendo en la medida que nuevos movimientos sociales se sumen a la lucha contra el capitalismo imperialista de inicios de siglo. En ello no se equivoca Santa Fe IV. Estamos a las puertas de una nueva explosión social mundial.

101 años de Panamá América

 
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