Santa Fe IV (segunda parte)
El diseño de la política exterior estadounidense se construye con pretendidos niveles de cientificidad y, sin lugar a dudas, con grandes implicaciones ideológicas. Lo que no le resta, para nada, seriedad y evita la improvisación tan común en nuestra cancillería. Corresponde ahora analizar o reflexionar sobre las tres siguientes "D" que se expresan en el documento Santa Fe IV que son: deuda, desindustrialización y democracia populista. Se trata, en estos casos, de una descripción de la realidad del continente que, en apariencia no posee parte conclusiva y que se compone en gran medida de medias verdades.
Quizá antes de iniciar el análisis pertinente sería bueno expresar dos cosas que parecen importantes. La primera es que en el diseño de política, en general, la clase gobernante estadounidense expresa una importante convicción: si el siglo XVIII fue francés, el siglo XIX fue de Inglaterra y el siglo XX es (o fue) de los Estados Unidos, convicción que impregna, aún, la vida cotidiana norteamericana. La segunda, ahora de política exterior práctica, es la designación de un "halcón" como jefe de la junta combinada de los ejércitos de los Estados Unidos, el aviador Richard Myers. La designación es importante por tres cosas. Porque después de varios años (desde 1982) un general de la aviación accede al más alto puesto militar de los Estados Unidos y porque su anterior designación como jefe de la sección de desarrollo aerospacial lo vincula a la estrategia de "guerra de las galaxias" que parece ser privilegiada por la administración del presidente Bush. Pero también porque el halcón Myers sirvió como comandante de las fuerzas norteamericanas en Asia, lo que expresa la idea de convertir a China de enemigo potencial en enemigo real y activo. Como se ve, en la política exterior imperialista nada es casual y esa designación viene a reforzar al vicepresidente norteamericano y a debilitar las posiciones del secretario de Estado Collin Powell.
En lo que se refiere al problema de la deuda pública, la constatación de que ella sigue siendo un problema crucial para la América Latina es importante. Pero lo es aún más porque el documento de Santa Fe IV concluye dicho apartado señalando que la deuda de los Estados Unidos es abismal y, lo que es peor, se expresa en un déficit fiscal cercano a los 300 mil millones de dólares en el 2000. Es bueno recordarlo porque a la sufrida Argentina se le exige una política de déficit 0 tanto a escala federal como a escala de los estados o provincias. Ciertamente, la mención a la conferencia episcopal latinoamericana y su solicitud de morosidad de la deuda externa que a cancelado en los últimos años cerca del triple de la deuda sin que ésta baje es un rasgo de sinceridad o de cinismo en el documento al igual que la mención a la posición de Fidel Castro sobre la misma. Volveremos sobre el tema en las conclusiones.
Lo mismo ocurre con el tema de la desindustrialización. En este apartado el documento Santa Fe pareciera inconcluso. La caída o el retroceso de la industrialización en Argentina, o en la Cuenca del Caribe o en los propios Estados Unidos o en el Brasil sólo ejemplifican la naturaleza de un fenómeno más amplio: la deslocalización de las industrias de punta en el mundo del capitalismo global de los últimos años y la maquilación de la frontera norte de México al calor de los procesos de integración producido por el TLC con los Estados Unidos y Canadá. Es bueno tomarlo en cuenta ahora que se ponen de moda los ALCA y los planes Puebla Panamá, como modelos de integración alternativos al Mercosur y al Pacto andino.
Finalmente, sobre la democracia populista, el documento Santa Fe IV hace un recuento histórico del fenómeno en ciertos países del continente. El tema requeriría de un análisis más profundo que no es del caso hacer ahora. Basta mencionar el caso de Argentina y el contraste entre los gobiernos de Juan D. Perón y el de Saúl Mennen. O el caso de México. No nos detendremos en ellos y sólo diremos que la evaluación que hace el documento favorece al viejo populismo frente al neoliberalismo actual. El tercer ejemplo, que nos toca en algo, es el de Venezuela. Hugo Chavez, en otro apartado criticado, aparece como el abanderado de un nuevo populismo de izquierda, denominado bolivarismo, cuya pretensión final es la reconstrucción de la histórica Gran Colombia (Venezuela, Colombia, Ecuador y Panamá), pero una Gran Colombia socialista. No obstante, Hugo Chavez no sale mal parado, del todo. El complemento del nuevo populismo es el socialismo que ganó en Chile, el movimiento de los sin tierra de Brasil y las posiciones, no faltaba más, de Fidel Castro.
Quizá antes de iniciar el análisis pertinente sería bueno expresar dos cosas que parecen importantes. La primera es que en el diseño de política, en general, la clase gobernante estadounidense expresa una importante convicción: si el siglo XVIII fue francés, el siglo XIX fue de Inglaterra y el siglo XX es (o fue) de los Estados Unidos, convicción que impregna, aún, la vida cotidiana norteamericana. La segunda, ahora de política exterior práctica, es la designación de un "halcón" como jefe de la junta combinada de los ejércitos de los Estados Unidos, el aviador Richard Myers. La designación es importante por tres cosas. Porque después de varios años (desde 1982) un general de la aviación accede al más alto puesto militar de los Estados Unidos y porque su anterior designación como jefe de la sección de desarrollo aerospacial lo vincula a la estrategia de "guerra de las galaxias" que parece ser privilegiada por la administración del presidente Bush. Pero también porque el halcón Myers sirvió como comandante de las fuerzas norteamericanas en Asia, lo que expresa la idea de convertir a China de enemigo potencial en enemigo real y activo. Como se ve, en la política exterior imperialista nada es casual y esa designación viene a reforzar al vicepresidente norteamericano y a debilitar las posiciones del secretario de Estado Collin Powell.
En lo que se refiere al problema de la deuda pública, la constatación de que ella sigue siendo un problema crucial para la América Latina es importante. Pero lo es aún más porque el documento de Santa Fe IV concluye dicho apartado señalando que la deuda de los Estados Unidos es abismal y, lo que es peor, se expresa en un déficit fiscal cercano a los 300 mil millones de dólares en el 2000. Es bueno recordarlo porque a la sufrida Argentina se le exige una política de déficit 0 tanto a escala federal como a escala de los estados o provincias. Ciertamente, la mención a la conferencia episcopal latinoamericana y su solicitud de morosidad de la deuda externa que a cancelado en los últimos años cerca del triple de la deuda sin que ésta baje es un rasgo de sinceridad o de cinismo en el documento al igual que la mención a la posición de Fidel Castro sobre la misma. Volveremos sobre el tema en las conclusiones.
Lo mismo ocurre con el tema de la desindustrialización. En este apartado el documento Santa Fe pareciera inconcluso. La caída o el retroceso de la industrialización en Argentina, o en la Cuenca del Caribe o en los propios Estados Unidos o en el Brasil sólo ejemplifican la naturaleza de un fenómeno más amplio: la deslocalización de las industrias de punta en el mundo del capitalismo global de los últimos años y la maquilación de la frontera norte de México al calor de los procesos de integración producido por el TLC con los Estados Unidos y Canadá. Es bueno tomarlo en cuenta ahora que se ponen de moda los ALCA y los planes Puebla Panamá, como modelos de integración alternativos al Mercosur y al Pacto andino.
Finalmente, sobre la democracia populista, el documento Santa Fe IV hace un recuento histórico del fenómeno en ciertos países del continente. El tema requeriría de un análisis más profundo que no es del caso hacer ahora. Basta mencionar el caso de Argentina y el contraste entre los gobiernos de Juan D. Perón y el de Saúl Mennen. O el caso de México. No nos detendremos en ellos y sólo diremos que la evaluación que hace el documento favorece al viejo populismo frente al neoliberalismo actual. El tercer ejemplo, que nos toca en algo, es el de Venezuela. Hugo Chavez, en otro apartado criticado, aparece como el abanderado de un nuevo populismo de izquierda, denominado bolivarismo, cuya pretensión final es la reconstrucción de la histórica Gran Colombia (Venezuela, Colombia, Ecuador y Panamá), pero una Gran Colombia socialista. No obstante, Hugo Chavez no sale mal parado, del todo. El complemento del nuevo populismo es el socialismo que ganó en Chile, el movimiento de los sin tierra de Brasil y las posiciones, no faltaba más, de Fidel Castro.