Se acata...¡pero no se cumple!
Panamá atraviesa por una profunda crisis institucional. Esta situación tiene vectores estructurales, pero sobre todo humanos. Cuando se atraviesan los límites del poder constituido y se borran las líneas de separación de los poderes del Estado, no es porque la ley lo permite, sino porque hay personas que transgreden y hay personas que toleran. En un proceso disolutivo de las instituciones públicas se generan actitudes ambivalentes. Por una parte se reclama el cumplimiento de la Ley y la Constitución y por la otra se plantean cambios, supuestamente radicales, aún por encima de la Constitución y la Ley. Por una parte se reconoce que el problema no está en las leyes, sino en las personas que eligen y en las que ejercen el poder, y por la otra se pretende que una Nueva Constitución tendrá un efecto transformador tan profundo, que más que normas constitucionales pareciera que contendrá conjuros mágicos, que en virtud de ser escritos acabarán con los males que nos aquejan. Ante la decepción con el sistema se nos ofrece una nueva ilusión, la Constituyente.
Para este medio sería muy fácil montarse en la ola del frenesí constituyente, pero eso sería irresponsable. Nosotros pensamos que todo tiene su tiempo y que hay costos y beneficios que sopesar al momento de tomar decisiones tan trascendentes. No es lo mismo continuar con el esfuerzo de actualización y mejora de la Constitución a través de cambios progresivos, que convocar a una Asamblea Constituyente paralela o de poderes limitados, o que convocar a una Asamblea Constituyente de Poder Originario o plena. Cada una cumple un propósito conveniente o inconveniente de acuerdo a la circunstancia. La Constituyente es un medio, nunca un fin en sí misma. La Constituyente debe ser una solución oportuna, nunca una ilusión oportunista.
El Pueblo Panameño debe saber que la Constitución requiere ser reformada, que dichas reformas casi con certeza, no serán totales y que la promulgación de las mismas, por la vía que sea, no será la solución a todos nuestros problemas sino sólo herramientas o instrumentos en manos de las personas en quienes depositamos el poder público. El Pueblo Panameño debe saber también, que un proceso constituyente nunca es gratis y que someternos al mismo tiene costos directos e indirectos que debemos conocer antes de lanzarnos por ese camino. El Pueblo Panameño además debe saber qué aspectos de la Constitución deben ser modificados, por cualquiera de las vías de reforma o cambio, para determinar cuán radical debe ser el proceso.
Por estas razones El Panamá América presentará todas las posiciones en este debate, analizará críticamente todas las propuestas, investigará los antecedentes, proyectará las consecuencias probables y ofrecerá toda la información posible, para que nos encaminemos conscientemente por el camino más conveniente a la Nación.
La Constitución y su reforma es algo demasiado importante para tomarlo con ligereza. La única manera de construir una institucionalidad jurídica sólida es actuando con justicia y prudencia dentro del marco del Derecho. Que los trabajos que pasemos valgan la pena y que no digan los futuros gobernantes sobre nuestra Constitución reformada o "nueva" lo que proclamaban los Virreyes coloniales al recibir las leyes de Madrid: "Se acata...¡pero no se cumple!"
Para este medio sería muy fácil montarse en la ola del frenesí constituyente, pero eso sería irresponsable. Nosotros pensamos que todo tiene su tiempo y que hay costos y beneficios que sopesar al momento de tomar decisiones tan trascendentes. No es lo mismo continuar con el esfuerzo de actualización y mejora de la Constitución a través de cambios progresivos, que convocar a una Asamblea Constituyente paralela o de poderes limitados, o que convocar a una Asamblea Constituyente de Poder Originario o plena. Cada una cumple un propósito conveniente o inconveniente de acuerdo a la circunstancia. La Constituyente es un medio, nunca un fin en sí misma. La Constituyente debe ser una solución oportuna, nunca una ilusión oportunista.
El Pueblo Panameño debe saber que la Constitución requiere ser reformada, que dichas reformas casi con certeza, no serán totales y que la promulgación de las mismas, por la vía que sea, no será la solución a todos nuestros problemas sino sólo herramientas o instrumentos en manos de las personas en quienes depositamos el poder público. El Pueblo Panameño debe saber también, que un proceso constituyente nunca es gratis y que someternos al mismo tiene costos directos e indirectos que debemos conocer antes de lanzarnos por ese camino. El Pueblo Panameño además debe saber qué aspectos de la Constitución deben ser modificados, por cualquiera de las vías de reforma o cambio, para determinar cuán radical debe ser el proceso.
Por estas razones El Panamá América presentará todas las posiciones en este debate, analizará críticamente todas las propuestas, investigará los antecedentes, proyectará las consecuencias probables y ofrecerá toda la información posible, para que nos encaminemos conscientemente por el camino más conveniente a la Nación.
La Constitución y su reforma es algo demasiado importante para tomarlo con ligereza. La única manera de construir una institucionalidad jurídica sólida es actuando con justicia y prudencia dentro del marco del Derecho. Que los trabajos que pasemos valgan la pena y que no digan los futuros gobernantes sobre nuestra Constitución reformada o "nueva" lo que proclamaban los Virreyes coloniales al recibir las leyes de Madrid: "Se acata...¡pero no se cumple!"