¿Se acuerdan de la Comisión contra la Corrupción?
Siempre le he concedido a nuestra mandataria el mérito de poseer una gran habilidad política basada esencialmente en un conocimiento profundo de nuestra idiosincrasia. Este conocimiento y su innato olfato político le han servido bien y han permitido a su gobierno superar, sin mayores consecuencias, una tras una, todas las múltiples crisis políticas que ha sufrido. Le han permitido hacer caso omiso a las continuas críticas de mal manejo y acusaciones de corrupción. La Presidenta sabe bien que los panameños actuamos como borregos, con una paciencia y tolerancia casi de santo y, sobre todo, que poseemos una memoria extremadamente corta. Lo de ayer, hoy no es noticia. ¡Ni nos acordamos! Así ha logrado persistir este gobierno, sin darle respuestas concretas a los múltiples problemas y a la visible degradación moral y económica que afectan nuestra sociedad.
Una evidencia de la astucia política de nuestra Mandataria fue la creación de la famosa "madre de todas las comisiones para combatir la corrupción". ¿Nos logró calmar, verdad? ¿Aplacó el alboroto, no es cierto? ¿Quién se acuerda de la famosa Comisión? ¿Dónde están sus logros? En la ocasión de la bien publicitada presentación de las recomendaciones de lo que llamé "la Supercomisión", publiqué un artículo bajo el título" "De super comisiones y otras cosas".
En aquella ocasión expresé mi escepticismo a logros concretos como resultado del trabajo de la Súper Comisión. Sin menosprecio de la calidad de ciudadanos que la integraron. No me equivoqué; quedó en nada. No hay que tener poderes de predicción de eventos futuros para pronosticar el final inútil del esfuerzo. Como insinué en mi artículo, sólo basta conocer algo de historia política de nuestro país, observar la tolerancia de nuestro pueblo al desprecio de los políticos y ver el comportamiento anterior del gobierno basado en la astucia política de la Mandataria para predecir el final. Con lo anterior en mente, con la benevolencia de este periódico, me permito transcribir algunas de mis anteriores reflexiones en el mencionado artículo:
"Cada vez que se crea una crisis política en nuestro país sale a relucir, casi siempre, la misma metodología y secuencia de eventos relacionados con la búsqueda de soluciones. Primero, la creación de una Súper Comisión que elaborará las propuestas de soluciones para acabar con la crisis y todos nuestros males presentes y futuros. Cuyas recomendaciones, invariablemente, y de antemano el Gobierno promete aceptar y hacer cumplir, llegando si es necesario, hasta las "últimas consecuencias" (expresión esta ultima que junto al redundante "mas sin embargo", se ha vuelto muy popular en nuestros tiempos) Segundo, el acto formal y público de entrega del documento resultado del esfuerzo de la Súper Comisión; acto que el Gobierno utilizará para reiterar su compromiso de hacer cumplir las recomendaciones, pero esta vez introduciendo un nuevo elemento de juicio: Una "profunda" evaluación de las propuestas, algo que omitió mencionar al principio del proceso cuando se creó y se le dio cheque en blanco a la Comisión. Tercero, luego de un período de indecisión, cumplimiento nulo o parcial, en el mejor de los casos, particularmente con aquellas recomendaciones que no afectan los altos mandos del gobierno, sus amigos y allegados o los intereses creados de todos los tiempos. Muy frecuentemente surge una cuarta etapa; la creación de una nueva Súper Comisión para estudiar la factibilidad de implementar las recomendaciones y se repite el ciclo". Continuaba diciendo que "Por el otro lado, las recomendaciones de las súper comisiones también invariablemente, incluirán la necesidad de crear nuevas leyes y/o agencias de Estado y en los últimos años, la insistencia en la necesidad inexorable de elaborar una nueva Constitución política; como si las leyes y las constituciones actúan como una varita mágica para cambiar la actitud, disciplina y, por ende, comportamiento de las personas. Si lo último fuese cierto, seríamos el país mejor comportado del mundo, dada la cantidad de leyes y cambios constitucionales que hemos sufrido los panameños a través de nuestra historia".
Insistía en mi artículo que "de una manera u otra, algo menos, algo más, desde los albores de la República, los políticos han usado la misma metodología para salir de un mal paso." Y manifestaba mis dudas sobre los resultados del esfuerzo de los notables "Súper Comisionados", expresándome que "de igual manera, las súper comisiones siguen insistiendo en las mismas soluciones mágicas: creación de nuevas agencias estatales y la promulgación de más leyes. El resultado neto es que los problemas no se resuelven y continuamos sufriendo de los mismos males; a veces, con fortuna, con menor grado crítico, pero sufriendo igual" y pronosticaba que "las recomendaciones de la última Súper Comisión para erradicar la corrupción, no se apartaran del rumbo histórico que anteriormente he tratado de describir"
El resto es historia, más como quiera que por ahí andan otras supercomisiones dando vueltas, disfrazadas esta vez de los famosos "Diálogos Nacionales", pensé conveniente volver a expresar mis opiniones sobre el síndrome de las supercomisiones sólo para demostrar que seguimos siendo ingenuos, por decir lo menos. Continuamos alegremente permitiendo que se nos "guarachen" con aquello de las supercomisiones y otras cosas, y un nuevo escándolo para entretenernos, el de Panamá Port. Estoy sorprendido que no se ha nombrado una Supercomisión, pareciera que esta vez cambiaron la táctica, se pusieron de acuerdo con "nuestra nunca bien ponderada" Asamblea Legislativa y le tiraron la pelota a la Corte, y ¡vaya qué suerte! Le tocó el problema a uno de los magistrados amigos. ¿Hasta cuándo han de abusar de nuestra paciencia? Y, ¿quién le pone cascabel al gato?
Cabe señalar además, que estudios de la misma naturaleza se realizaron en el año 1993 por cuenta de Panamá, Estados Unidos y Japón. Profesionales experimentados ponen de relieve que salvo que se demuestre lo contrario, las sumas que se han presupuestado por la ACP para unos estudios parciales exceden lo que costaron los estudios completos de 1993.
Queda al juicio de la opinión pública calificar lo que se ha presupuestado para esos mismos estudios ahora, a saber: B/.2 millones 574 mil para el AF2001; B/.9millones 521 mil, para el AF2002 y B/.10 millones 709 mil para el AF2003.
El Dr. Adolfo Ahumada, miembro de la Directiva de la Autoridad del Canal, declaró la semana pasada que "en reciente estudio realizado por la Administración del Canal se indica, entre otros aspectos novedosos que, en los tiempos que corren, "la industria marítima se ha especializado cada vez más en muchos y más segmentos diferentes.-... De allí -agrega-que la política financiera y administrativa tenga que cambiar para tomar en consideración esta especialización". (La Prensa, jueves 27 de junio del 2002, 12A).
Según explica se ha decidido dejar de lado el enfoque de igualdad de precios para fijar los peajes para todas las embarcaciones. La nueva tarifa que resulta en un promedio de aumento de 13% en los peajes, afirma el directivo de la ACP que no implica ninguna cifra significativa en el costo de flete y por ello no habrá afectación alguna en la utilización de la ruta. Esta desde luego es una apreciación muy discutible.
El razonamiento que invoca el Directivo de la ACP es el de sostener que no hay discriminación alguna si el método de cobro de peajes se aplica según cada tipo de barco, sin afectar a ninguno en particular y sin fundamentarse en el origen nacional de cada nave. Agrega que la nueva orientación canalera toma en consideración el carácter competitivo del mundo marítimo contemporáneo.
Aunque no ocurre frecuentemente que asuntos que conciernen al Canal sean presentados al conocimiento público, cada vez que eso ocurre la ciudadanía reacciona con un interés que se expresa, cuando es posible, a través de los medios de comunicación. Este es el caso en estos días luego de que la ACP hiciera pública la decisión de aplicar nuevas tarifas en el cobro de los peajes del Canal.
Al analizar la política de peajes de la ACP, el arquitecto Ricardo J. Bermúdez Dutari, destacado urbanista, profundo estudioso del Canal y del país, sostiene que las nuevas tasas aplicables por utilizar el Canal de Panamá, "plantean un dilema conceptual al mantener el agua -elemento vital y posible origen de problemas sociales y ecológicos en nuestro país- fuera de la ecuación donde se sustente cualquiera transformación en perspectiva y que no se instituya, de manera justa, razonable, equitativa y consistente... una nueva relación entre la ACP y sus clientes en el mundo entero.
Creo que durante mucho tiempo nuestro país vivió sin relacionar el agua con la idea de limitación. Esta situación ha cambiado y tanto en términos económicos, como en términos sociales y ambientales, el agua ocupa hoy en día en la mente de los panameños y panameñas un lugar de prioritaria preocupación.
No se puede dejar de lado la teoría de la ventaja relativa con respecto a la competitividad enunciada por David Ricardo, al sostener que: "el valor aparece cuando las cosas que sirven para satisfacer nuestras necesidades se encuentran en cantidades limitadas". La preocupación de que el Canal siga siendo competitivo y sirva al desarrollo nacional y al bienestar de los panameños, debe siempre compadecerse con la preocupación de que el abastecimiento de agua, para las necesidades de la población y para las necesidades del Canal, sean tomadas en cuenta con justificada prioridad. Así merece ser considerado, tanto en foros nacionales como internacionales, ya que actualizando el porvenir, las cuestiones relativas al agua deben ser resueltas a la luz del crecimiento demográfico, especialmente del crecimiento de los núcleos de población aledaños al Canal.
Lo que cabe enfatizar, dicho en otras palabras, es la irremisible relación entre el funcionamiento del Canal y el desarrollo de Panamá, así como la insoslayable necesidad de darle a esta relación un tratamiento cuidadoso, responsable y acertado, sin subordinar la preeminencia del interés nacional de Panamá, al interés de lucro de los usuarios del Canal.
Fuentes: ANAM, 1999c y cálculos de los autores.
* Incluye el consumo de agua del sector público, comercial e industrial.
** El consumo de agua urbano y directo refleja únicamente una porción del flujo total, debido a una fuga considerable y a desperdicios en el sistema de distribución. Las altas pérdidas de agua de más del 45 por ciento en los sistemas urbanos sugieren una importante fuente potencial de ahorro de agua (www.cepis.org).
Una evidencia de la astucia política de nuestra Mandataria fue la creación de la famosa "madre de todas las comisiones para combatir la corrupción". ¿Nos logró calmar, verdad? ¿Aplacó el alboroto, no es cierto? ¿Quién se acuerda de la famosa Comisión? ¿Dónde están sus logros? En la ocasión de la bien publicitada presentación de las recomendaciones de lo que llamé "la Supercomisión", publiqué un artículo bajo el título" "De super comisiones y otras cosas".
En aquella ocasión expresé mi escepticismo a logros concretos como resultado del trabajo de la Súper Comisión. Sin menosprecio de la calidad de ciudadanos que la integraron. No me equivoqué; quedó en nada. No hay que tener poderes de predicción de eventos futuros para pronosticar el final inútil del esfuerzo. Como insinué en mi artículo, sólo basta conocer algo de historia política de nuestro país, observar la tolerancia de nuestro pueblo al desprecio de los políticos y ver el comportamiento anterior del gobierno basado en la astucia política de la Mandataria para predecir el final. Con lo anterior en mente, con la benevolencia de este periódico, me permito transcribir algunas de mis anteriores reflexiones en el mencionado artículo:
"Cada vez que se crea una crisis política en nuestro país sale a relucir, casi siempre, la misma metodología y secuencia de eventos relacionados con la búsqueda de soluciones. Primero, la creación de una Súper Comisión que elaborará las propuestas de soluciones para acabar con la crisis y todos nuestros males presentes y futuros. Cuyas recomendaciones, invariablemente, y de antemano el Gobierno promete aceptar y hacer cumplir, llegando si es necesario, hasta las "últimas consecuencias" (expresión esta ultima que junto al redundante "mas sin embargo", se ha vuelto muy popular en nuestros tiempos) Segundo, el acto formal y público de entrega del documento resultado del esfuerzo de la Súper Comisión; acto que el Gobierno utilizará para reiterar su compromiso de hacer cumplir las recomendaciones, pero esta vez introduciendo un nuevo elemento de juicio: Una "profunda" evaluación de las propuestas, algo que omitió mencionar al principio del proceso cuando se creó y se le dio cheque en blanco a la Comisión. Tercero, luego de un período de indecisión, cumplimiento nulo o parcial, en el mejor de los casos, particularmente con aquellas recomendaciones que no afectan los altos mandos del gobierno, sus amigos y allegados o los intereses creados de todos los tiempos. Muy frecuentemente surge una cuarta etapa; la creación de una nueva Súper Comisión para estudiar la factibilidad de implementar las recomendaciones y se repite el ciclo". Continuaba diciendo que "Por el otro lado, las recomendaciones de las súper comisiones también invariablemente, incluirán la necesidad de crear nuevas leyes y/o agencias de Estado y en los últimos años, la insistencia en la necesidad inexorable de elaborar una nueva Constitución política; como si las leyes y las constituciones actúan como una varita mágica para cambiar la actitud, disciplina y, por ende, comportamiento de las personas. Si lo último fuese cierto, seríamos el país mejor comportado del mundo, dada la cantidad de leyes y cambios constitucionales que hemos sufrido los panameños a través de nuestra historia".
Insistía en mi artículo que "de una manera u otra, algo menos, algo más, desde los albores de la República, los políticos han usado la misma metodología para salir de un mal paso." Y manifestaba mis dudas sobre los resultados del esfuerzo de los notables "Súper Comisionados", expresándome que "de igual manera, las súper comisiones siguen insistiendo en las mismas soluciones mágicas: creación de nuevas agencias estatales y la promulgación de más leyes. El resultado neto es que los problemas no se resuelven y continuamos sufriendo de los mismos males; a veces, con fortuna, con menor grado crítico, pero sufriendo igual" y pronosticaba que "las recomendaciones de la última Súper Comisión para erradicar la corrupción, no se apartaran del rumbo histórico que anteriormente he tratado de describir"
El resto es historia, más como quiera que por ahí andan otras supercomisiones dando vueltas, disfrazadas esta vez de los famosos "Diálogos Nacionales", pensé conveniente volver a expresar mis opiniones sobre el síndrome de las supercomisiones sólo para demostrar que seguimos siendo ingenuos, por decir lo menos. Continuamos alegremente permitiendo que se nos "guarachen" con aquello de las supercomisiones y otras cosas, y un nuevo escándolo para entretenernos, el de Panamá Port. Estoy sorprendido que no se ha nombrado una Supercomisión, pareciera que esta vez cambiaron la táctica, se pusieron de acuerdo con "nuestra nunca bien ponderada" Asamblea Legislativa y le tiraron la pelota a la Corte, y ¡vaya qué suerte! Le tocó el problema a uno de los magistrados amigos. ¿Hasta cuándo han de abusar de nuestra paciencia? Y, ¿quién le pone cascabel al gato?
Cabe señalar además, que estudios de la misma naturaleza se realizaron en el año 1993 por cuenta de Panamá, Estados Unidos y Japón. Profesionales experimentados ponen de relieve que salvo que se demuestre lo contrario, las sumas que se han presupuestado por la ACP para unos estudios parciales exceden lo que costaron los estudios completos de 1993.
Queda al juicio de la opinión pública calificar lo que se ha presupuestado para esos mismos estudios ahora, a saber: B/.2 millones 574 mil para el AF2001; B/.9millones 521 mil, para el AF2002 y B/.10 millones 709 mil para el AF2003.
El Dr. Adolfo Ahumada, miembro de la Directiva de la Autoridad del Canal, declaró la semana pasada que "en reciente estudio realizado por la Administración del Canal se indica, entre otros aspectos novedosos que, en los tiempos que corren, "la industria marítima se ha especializado cada vez más en muchos y más segmentos diferentes.-... De allí -agrega-que la política financiera y administrativa tenga que cambiar para tomar en consideración esta especialización". (La Prensa, jueves 27 de junio del 2002, 12A).
Según explica se ha decidido dejar de lado el enfoque de igualdad de precios para fijar los peajes para todas las embarcaciones. La nueva tarifa que resulta en un promedio de aumento de 13% en los peajes, afirma el directivo de la ACP que no implica ninguna cifra significativa en el costo de flete y por ello no habrá afectación alguna en la utilización de la ruta. Esta desde luego es una apreciación muy discutible.
El razonamiento que invoca el Directivo de la ACP es el de sostener que no hay discriminación alguna si el método de cobro de peajes se aplica según cada tipo de barco, sin afectar a ninguno en particular y sin fundamentarse en el origen nacional de cada nave. Agrega que la nueva orientación canalera toma en consideración el carácter competitivo del mundo marítimo contemporáneo.
Aunque no ocurre frecuentemente que asuntos que conciernen al Canal sean presentados al conocimiento público, cada vez que eso ocurre la ciudadanía reacciona con un interés que se expresa, cuando es posible, a través de los medios de comunicación. Este es el caso en estos días luego de que la ACP hiciera pública la decisión de aplicar nuevas tarifas en el cobro de los peajes del Canal.
Al analizar la política de peajes de la ACP, el arquitecto Ricardo J. Bermúdez Dutari, destacado urbanista, profundo estudioso del Canal y del país, sostiene que las nuevas tasas aplicables por utilizar el Canal de Panamá, "plantean un dilema conceptual al mantener el agua -elemento vital y posible origen de problemas sociales y ecológicos en nuestro país- fuera de la ecuación donde se sustente cualquiera transformación en perspectiva y que no se instituya, de manera justa, razonable, equitativa y consistente... una nueva relación entre la ACP y sus clientes en el mundo entero.
Creo que durante mucho tiempo nuestro país vivió sin relacionar el agua con la idea de limitación. Esta situación ha cambiado y tanto en términos económicos, como en términos sociales y ambientales, el agua ocupa hoy en día en la mente de los panameños y panameñas un lugar de prioritaria preocupación.
No se puede dejar de lado la teoría de la ventaja relativa con respecto a la competitividad enunciada por David Ricardo, al sostener que: "el valor aparece cuando las cosas que sirven para satisfacer nuestras necesidades se encuentran en cantidades limitadas". La preocupación de que el Canal siga siendo competitivo y sirva al desarrollo nacional y al bienestar de los panameños, debe siempre compadecerse con la preocupación de que el abastecimiento de agua, para las necesidades de la población y para las necesidades del Canal, sean tomadas en cuenta con justificada prioridad. Así merece ser considerado, tanto en foros nacionales como internacionales, ya que actualizando el porvenir, las cuestiones relativas al agua deben ser resueltas a la luz del crecimiento demográfico, especialmente del crecimiento de los núcleos de población aledaños al Canal.
Lo que cabe enfatizar, dicho en otras palabras, es la irremisible relación entre el funcionamiento del Canal y el desarrollo de Panamá, así como la insoslayable necesidad de darle a esta relación un tratamiento cuidadoso, responsable y acertado, sin subordinar la preeminencia del interés nacional de Panamá, al interés de lucro de los usuarios del Canal.
Fuentes: ANAM, 1999c y cálculos de los autores.
* Incluye el consumo de agua del sector público, comercial e industrial.
** El consumo de agua urbano y directo refleja únicamente una porción del flujo total, debido a una fuga considerable y a desperdicios en el sistema de distribución. Las altas pérdidas de agua de más del 45 por ciento en los sistemas urbanos sugieren una importante fuente potencial de ahorro de agua (www.cepis.org).