Se amplía crisis del Medio Oriente
Los países árabes se reunieron en una cumbre ad hoc para expresar su solidaridad con los palestinos y denunciar acremente las agresiones armadas de Israel, amenazando con ampliar a límites impredecibles la crisis del Medio Oriente. Los acuerdos de la cumbre árabe podrían revertir el universo de relaciones bilaterales de Israel con gran parte de los países de la comunidad islámica, congelando acuerdos de cooperación económica, cultural, social y tecnológica que estaban disipando la beligerancia de la etapa de confrontaciones. Resumiendo la situación, el gobernante sirio Bashar al- Assad manifestó: "Mientras nosotros nos esforzamos por alcanzar la paz, Israel se esfuerza por provocar la guerra. Nosotros escogimos la paz como una opción estratégica, para Israel fue una decisión táctica".
Si a los acuerdos árabes se une la resolución de Naciones Unidas criticando el uso excesivo de la fuerza de Israel en los recientes enfrentamientos, se puede llegar a la conclusión pesimista de que el statu quo del Medio Oriente está dando peligrosamente un giro de ciento ochenta grados. Desafortunadamente, Israel rechazó la resolución de la ONU con términos categóricos poco usuales en el lenguaje diplomático. No hay duda que los enfrentamientos armados de parte y parte han nublado la razón en beneficio de la pasión. No es el momento de contar los muertos y de responder con la ley del Talión, puesto que esa clase de respuestas lleva agua al molino de los extremistas.
Es muy difícil dar consejos en circunstancias como la que vive el Medio Oriente. Sin embargo, considerando que en Panamá judíos y musulmanes conviven en paz, trabajando cada grupo humano y religioso por el engrandecimiento de este país, podemos arriesgarnos a expresar nuestro deseo de que, frente a la atmósfera caldeada por los choques, debe suprimirse cualquier contingencia que lleve a la violencia. Lo primordial es el retorno a la mesa de negociaciones, después de una razonable tregua que enfríe los ánimos. Ahora está en juego no sólo el proceso de paz entre Israel y Palestina sino las relaciones de los países árabes y el estado judío. Han pasado más de cincuenta años desde que en 1948 se proclamó la existencia del estado de Israel y, pese al tiempo transcurrido, no se ha resuelto la normalidad de la convivencia de palestinos y judíos.
Israel, como estado soberano, tiene en sus manos la solución de asuntos estratégicos que parecen retrotraernos al medio siglo, como el regreso de más de medio millón de refugiados palestinos que residen en Jordania, Siria, Líbano y otros países y que se creen con derecho a tener un "homeland" como los judíos que sobrevivieron al holocausto y encontraron un hogar que otras naciones les vedaban. Las lecciones de la historia nos enseñan el predominio del humanitarismo, la tolerancia ante el culto ajeno, la protección de los débiles y desamparados, la armonía étnica y religiosa a través de los tiempos.
Si a los acuerdos árabes se une la resolución de Naciones Unidas criticando el uso excesivo de la fuerza de Israel en los recientes enfrentamientos, se puede llegar a la conclusión pesimista de que el statu quo del Medio Oriente está dando peligrosamente un giro de ciento ochenta grados. Desafortunadamente, Israel rechazó la resolución de la ONU con términos categóricos poco usuales en el lenguaje diplomático. No hay duda que los enfrentamientos armados de parte y parte han nublado la razón en beneficio de la pasión. No es el momento de contar los muertos y de responder con la ley del Talión, puesto que esa clase de respuestas lleva agua al molino de los extremistas.
Es muy difícil dar consejos en circunstancias como la que vive el Medio Oriente. Sin embargo, considerando que en Panamá judíos y musulmanes conviven en paz, trabajando cada grupo humano y religioso por el engrandecimiento de este país, podemos arriesgarnos a expresar nuestro deseo de que, frente a la atmósfera caldeada por los choques, debe suprimirse cualquier contingencia que lleve a la violencia. Lo primordial es el retorno a la mesa de negociaciones, después de una razonable tregua que enfríe los ánimos. Ahora está en juego no sólo el proceso de paz entre Israel y Palestina sino las relaciones de los países árabes y el estado judío. Han pasado más de cincuenta años desde que en 1948 se proclamó la existencia del estado de Israel y, pese al tiempo transcurrido, no se ha resuelto la normalidad de la convivencia de palestinos y judíos.
Israel, como estado soberano, tiene en sus manos la solución de asuntos estratégicos que parecen retrotraernos al medio siglo, como el regreso de más de medio millón de refugiados palestinos que residen en Jordania, Siria, Líbano y otros países y que se creen con derecho a tener un "homeland" como los judíos que sobrevivieron al holocausto y encontraron un hogar que otras naciones les vedaban. Las lecciones de la historia nos enseñan el predominio del humanitarismo, la tolerancia ante el culto ajeno, la protección de los débiles y desamparados, la armonía étnica y religiosa a través de los tiempos.