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Se busca estadista


Por qué será que, los políticos en nuestro país, no logran asimilar que, como servidores públicos, en cargos de elección popular, o designados, deben rendir cuentas por sus actuaciones?. En lugar de asumir actitudes de soberbia y enojo, deberían agradecer la oportunidad que, gratuitamente, les ofrecen los medios de comunicación social, al cuestionar sus decisiones o actuaciones públicas, para justificar su proceder, o en el mejor de los casos, corregir el rumbo equivocado.
El funcionario público, sin importar su jerarquía, está obligado por ley, a administrar la hacienda pública con la más elevada dosis de honestidad y transparencia. No es cierto, como parecen pensar algunos servidores del estado que, mientras estén ocupando cargos, solo le deben rendir cuentas, si es que se las solicitan, a sus superiores jerárquicos, olvidándose que, todos, sin excepción, incluyendo a la cabeza del ejecutivo, están impelidos por la constitución nacional, a actuar en todo momento, dentro del marco de la ley, propugnando siempre, los mejores intereses del país. La persona, hombre o mujer, que no está dispuesta a justificar públicamente sus actos, jamás debe aceptar ningún cargo, dentro del engranaje administrativo del estado. Si se toma alguna, o algunas decisiones a conciencia, aunque al final, no siempre resulten adecuadas, se debe tener la entereza y valentía, para explicarlas, y aceptar las críticas o recomendaciones correspondientes, los verdaderos estadistas son los que, en la búsqueda del bien común, se crecen en la humildad de aceptar sus errores de buena fe.
Todo servidor público debe ser considerado un funcionario merecedor del respeto del público contribuyente, y reconocimiento de sus eventuales superiores jerárquicos. La practica de cambios de personal especializado, por absurdas consideraciones políticas, debe convertirse en remembranzas de actitudes infantiles e improductivas superadas, eliminándose de inmediato, con el respaldo de los políticos responsables, esa nefasta e injusta acción, contra los sacrificados servidores del estado; no del gobierno, como algunos insisten en llamarlos, para justificar la práctica de reemplazarlos en cada periodo de gobierno.
La experiencia de esos ciudadanos, no debe ser despreciada ni desechada, en detrimento de los mejores intereses de la patria y de sus residentes.

101 años de Panamá América

 
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