Se dispara la violencia
Ante la ola de violencia registrada en los últimos días, cuando se han incrementado las mutilaciones macabras, ejecuciones, muertes por encargo, además de constatarse una espiral desenfrenada del pandillerismo y la criminalidad organizada (un panorama que amenaza con empeorar), el gobierno anunció que le presentará al país -en los próximos días- un nuevo paquete de medidas en materia de seguridad. Aunque se ignora cuáles podrían ser las nuevas estrategias con que el presidente Martinelli espera poder contener el fenómeno, es poco lo que se espera.
Lo que es peor: los panameños desconfían que alguien posea la "fórmula" para salir del estancamiento de los diversos programas de seguridad que se han ensayado en los últimos años. En lo que todos están de acuerdo es que el problema es complejo y no existen soluciones fáciles. Pero el problema se agrava, pues la costumbre es la improvisación de los planes de seguridad, los cuales son anunciados con mucho efecto mediático, pero luego se abandonan. Lo cierto es que nunca antes Panamá ha vivido una crisis de seguridad como la actual.
Los escenarios de temor, violencia e impunidad criminal pueden estar transformándose de una crisis de seguridad en una crisis política, pues los panameños creyeron que el problema sería resuelto con la velocidad publicitada.
Pero no ha sido así. La tasa de criminalidad superó con creces la esperanza en un cambio.