Se fue Chía y el cielo brilló
Reflexionar sobre la vida de alguien entrañable en tu vida porque fue importante en el desarrollo de tu infancia, resulta difícil, porque las palabras se quedan corta ante la realidad que separa la vida de la muerte, y ante lo cual no hay nada que se pueda hacer.
Lucía "Chía" Ureña -cantalante del conjunto de Ñato Califa- fue una mujer fuera de serie. Siempre alegre con el optimismo propio de la gente humilde que sabe que para disfrutar de la vida no se necesitan riquezas, sino coraje, mucho amor por su familia y disposición para enfrentar los retos diarios con la fe puesta en Dios.
Chía estuvo ligada a nuestra niñez, pues antes de tener a sus propios hijos, nos tuvo a mis hermanos y a mí.
Chía fue el alma del conjunto de Ñato. Ese nefasto día del accidente, ella se reincorporaba al grupo, pues había perdido a su hijo mayor, hacían escasamente dos meses. Ella decidió volver al canto porque Ñato se lo pidió y porque la cumbia la llevaba en la sangre.
Había decidido volver pronto al canto, pues sabía era el mejor tributo que podía ofrecerle a la memoria de su hijo, porque él donde estuviese la estaría escuchando.
Era común ver a Chía caminando todo La Chorrera acompañando a sus hijos y nietos durante las fiestas de Corpus Cristi, presentando la danza del Torito Guapo.
Chía les decía a sus hijos cómo hacer los vestidos, los diseñaba, exigía que se mantuviese la tradición del baile y los ritos de acuerdo a como ella los había aprendido de sus padres y en ellos inculcó ese amor por la tradición, ese respeto por la cumbia chorrerana.
No hay un chorrerano que al escuchar la tonada Julia, "Julia pela la yuca, Julia, Julia pela el otó", no lo relacione con la imagen de Chía y la potencia de esa voz inconfundible que irradiaba entusiasmo por la vida.
Chía, en vida recibió muchos reconocimientos, muchos honores, que no afectaban su personalidad, pero el reconocimiento más grande que tuvo fue el ver crecer a sus cuatro hijos como personas de bien que sus esfuerzos no habían sido en vano, que había arado en buena tierra.
Sus hijos aprendieron a valorar todo su esfuerzo, todo lo que hizo por ellos, y por inculcarles ese amor por la tradición que estoy segura, no se perderá.
Allí queda su hija, cantalante como ella y con una voz tan potente como la de su madre. Queda también José, su hijo menor, quien desde hace dos años tiene un conjunto infantil al que le transmite la tradición. Corresponderá a ese conjunto "Lucía Chía Ureña", porque así se llamará de ahora en adelante, mantener el amor y la tradición por unas costumbres autóctonas que merecen ser reconocidas y valoradas por todos.
Su hijo menor, José, recuerda con mucha nostalgia pero a la vez, admiración, a esa madre a la que nunca le faltó tiempo para acompañar y orientarlos por el buen camino, a valorar la música de su pueblo.
Tanto era su amor por la cumbia, que les había pedido a sus hijos que cuando muriera, "no quería llanto, quería cumbia" y aunque el no llorar no es una opción, porque su partida nos toca el alma, tocar cumbia sí lo es y así fue el día de su entierro.
Hubo mucha cumbia para acompañar a Ñato y a Chía, en su travesía hacia el infinito, donde no dudo pondrán a danzar a todos, con la famosa cumbia chorrerana.
Lucía "Chía" Ureña -cantalante del conjunto de Ñato Califa- fue una mujer fuera de serie. Siempre alegre con el optimismo propio de la gente humilde que sabe que para disfrutar de la vida no se necesitan riquezas, sino coraje, mucho amor por su familia y disposición para enfrentar los retos diarios con la fe puesta en Dios.
Chía estuvo ligada a nuestra niñez, pues antes de tener a sus propios hijos, nos tuvo a mis hermanos y a mí.
Chía fue el alma del conjunto de Ñato. Ese nefasto día del accidente, ella se reincorporaba al grupo, pues había perdido a su hijo mayor, hacían escasamente dos meses. Ella decidió volver al canto porque Ñato se lo pidió y porque la cumbia la llevaba en la sangre.
Había decidido volver pronto al canto, pues sabía era el mejor tributo que podía ofrecerle a la memoria de su hijo, porque él donde estuviese la estaría escuchando.
Era común ver a Chía caminando todo La Chorrera acompañando a sus hijos y nietos durante las fiestas de Corpus Cristi, presentando la danza del Torito Guapo.
Chía les decía a sus hijos cómo hacer los vestidos, los diseñaba, exigía que se mantuviese la tradición del baile y los ritos de acuerdo a como ella los había aprendido de sus padres y en ellos inculcó ese amor por la tradición, ese respeto por la cumbia chorrerana.
No hay un chorrerano que al escuchar la tonada Julia, "Julia pela la yuca, Julia, Julia pela el otó", no lo relacione con la imagen de Chía y la potencia de esa voz inconfundible que irradiaba entusiasmo por la vida.
Chía, en vida recibió muchos reconocimientos, muchos honores, que no afectaban su personalidad, pero el reconocimiento más grande que tuvo fue el ver crecer a sus cuatro hijos como personas de bien que sus esfuerzos no habían sido en vano, que había arado en buena tierra.
Sus hijos aprendieron a valorar todo su esfuerzo, todo lo que hizo por ellos, y por inculcarles ese amor por la tradición que estoy segura, no se perderá.
Allí queda su hija, cantalante como ella y con una voz tan potente como la de su madre. Queda también José, su hijo menor, quien desde hace dos años tiene un conjunto infantil al que le transmite la tradición. Corresponderá a ese conjunto "Lucía Chía Ureña", porque así se llamará de ahora en adelante, mantener el amor y la tradición por unas costumbres autóctonas que merecen ser reconocidas y valoradas por todos.
Su hijo menor, José, recuerda con mucha nostalgia pero a la vez, admiración, a esa madre a la que nunca le faltó tiempo para acompañar y orientarlos por el buen camino, a valorar la música de su pueblo.
Tanto era su amor por la cumbia, que les había pedido a sus hijos que cuando muriera, "no quería llanto, quería cumbia" y aunque el no llorar no es una opción, porque su partida nos toca el alma, tocar cumbia sí lo es y así fue el día de su entierro.
Hubo mucha cumbia para acompañar a Ñato y a Chía, en su travesía hacia el infinito, donde no dudo pondrán a danzar a todos, con la famosa cumbia chorrerana.