Se impone la Asociación de Usuarios del Transporte
Otra vez, Panamá Oeste está en la opinión pública. Ahora el tema es el transporte colectivo y sus usuarios. Los paladines hablan y hablan y tratan de sacar provecho de la situación poniendo en aprieto la aplicación de las leyes con maniobras que desconocen la máxima de que "la ley es la ley".
He escuchado a un señor de apellido Cáceres, presidente de unas de las mil piqueras de taxis que hay en esta ciudad. l me recuerda cuando un grupo de transportistas de Panamá Oeste se rebeló contra sus propios compromisos.
En aquel entonces, los paladines dijeron defender a los usuarios del transporte colectivo de Panamá Oeste cuidándoles los bolsillos. En aquel agosto, el objetivo era mantener un pésimo servicio en la fenecida y pulgosa piquera de El Chorrillo, a donde los usuarios llegaban para estar expuestos a los robos, a los tiroteos y a toda clase de peligro. Ninguno de los transportistas sugirió bajar los precios del pasaje.
El señor Cáceres, en un programa transmitido en diferido por el Canal 5, ha declarado ser defensor del bolsillo de los usuarios y del transporte selectivo, pero sobre la base de la cultura del juega vivo y en contra de la lealtad de sus colegas del transporte colectivo.
Para Cáceres todo está caro para los usuarios. No obstante, no se quejó de una resolución de la Autoridad Nacional del Tránsito que, sin consulta alguna, aumentó en B/.1.25 las carreras de los taxis desde y para la Gran Terminal Nacional de Transporte Juan Pablo II o Albrook. A ningún taxista, incluyendo al tal Cáceres, se le ocurrió protestar para impedir esta alza.
Es sorprendente cómo algunos ahora salen a defender al barrio mártir de El Chorrillo, señalando que se ha quedado sin el servicio de autobuses. Antes, un sinnúmero de transportistas cuando llevaban a sus pasajeros hacia la terminal ubicada en ese barrio fueron víctimas de asesinatos, robos y asaltos a mano armada y otros delitos por parte de los delincuentes. Allí, el señor Cáceres, no estaba, por supuesto.
Hace poco escuché al comentarista y amigo personal Mario Rognoni alegremente defender la parada de autobuses del Instituto Nacional. No sé a qué parada se refirió Rognoni, si allí nunca ha existido parada alguna, salvo las chivitas de la 5 de Mayo que procedían de la antigua Zona del Canal y cuyo período de recorrido era la espera de la muerte.
Un argumento que se ha escuchado es que la gente que trabaja en la Avenida Central o se dirigen hacia el Seguro Social o bien estudian en el Instituto Nacional, requieren de esta parada. No sé si aún están vigentes las estadísticas de hace un par de años. Hacia esa área, los pasajeros del sector Oeste sólo representaban un 9%. El resto debería hacer transbordo hacia Vía España, Transístmica, Ricardo J. Alfaro y hacia las afueras.
Sin embargo, lo que sí me gustaría preguntarle al Rector del Instituto Nacional es si él está de acuerdo con una parada de autobuses del sector Oeste que con sus chimeneas le contaminarán más el ambiente a sus alumnos y le incrementaran los ruidos en este edificio de poca acústica y alta resonancia.
Estamos ante una situación sobre la que se opina sin tener la información correcta y adecuada.
No es mi trabajo y menos de oficioso, informar sobre la planificación urbana de la ciudad de Panamá, que lleva este gobierno. De acuerdo con las explicaciones que conozco, se contempla desde hace dos décadas, tras la devolución de las áreas del Canal de Panamá en poder y jurisdicción de los Estados Unidos, la construcción de una autopista que va desde Arraiján a la ciudad de Panamá. Antes no se pudo realizar por la oposición del ejercito norteamericano. Esta obra está retrasada y su primera fase de La Chorrera a Arraiján se concluyó hace 20 años.
Sobre estas modernizaciones quisiera puntualizar un poco más. No es noticia que dentro de pocas semanas se dará la orden de hacer para que una empresa constructora inicie la obra de un segundo puente sobre el Canal de Panamá, con seis carriles para el tráfico vehicular. Junto a esa obra una organización norteamericana, en principio, está dispuesta a financiar la construcción de la autopista que amarrará con ese puente.
Como consecuencia, nuevas redes viales se interconectarán con la autopista hacia Colón, el Corredor Norte y el final del Corredor Norte. Este gobierno, de los pobres, que preside la señora Mireya Moscoso, ha retomado la construcción de una rotonda donde los vehículos que vienen del sector Oeste, los que salen del corredor Norte, y los que transitan por la avenida Omar Torrijos mantendrán un tráfico ininterrumpido. Es decir, no habrá semáforo en el área. Estas obras no significarán pago de peajes por el uso del puente ni de la carretera en proyección, debido a que se realizarán mediante el uso de fondos del erario público.
Según los propios conductores de autobuses de La Chorrera y Capira, antes su recorrido demoraba hacia la ciudad de Panamá entre 20 y 30 minutos y los de Arraiján no menos de 10 minutos. Tras la inmigración descontrolada existente en los últimos dos años, el congestionamiento vehicular en horas de la mañana hace que los rodajes de los buses demoren entre una hora, los de La Chorrera y Capira, y 40 minutos los de Arraiján.
Sin embargo, nadie se acuerda de las promotoras de viviendas. En 1999, una sola promotora logró que unas 75 mil personas se fueran a vivir al sector Oeste sin una verdadera planificación de los servicios públicos, como son agua, luz, centros de salud y, por supuesto, el servicio del transporte colectivo al que hay que calificar de deficiente.
¿De qué se queja la gente de Panamá Oeste? La gente se queja porque algo la afecta. Y nadie puede dudar que los usuarios del transporte colectivo tienen sobradas razones, pero también no se puede partir de una premisa desconociendo de que la ley es la ley y hay que respetarla.
Quiero decir que se necesita planificar, poner más orden en el servicio del transporte colectivo. Cuando estas infraestructuras estén construidas es lógico suponer que los autobuses del sector Oeste procedentes de Vista Alegre, Vacamonte, Ciudad del Futuro, Valle Hermoso, La Chorrera, Capira, etc., no tendrán que venir desde el nuevo puente especialmente a dejar a los pasajeros a la Avenida de los Mártires.
Hay que ver hacia el futuro. Las autoridades tienen que recomponer todas las rutas que parten desde la terminal hacia la ciudad. Las de Transítmica deben ir directo para esa dirección, las de Tumba Muerto para Tumba Muerto, las de las afueras para las afueras y no todos los autobuses continuar la ruta tradicional en fila de indios, que lo que hace es congestionar el tráfico vehicular por la 5 de Mayo y toda Calidonia. Igual, en las horas pico de la tarde, los autobuses deben ahorrarse el tramo desde la lechería hacia la 5 de Mayo. Esa ruta deben dejársela que la cumpla SACA.
Se ha dicho que después de las 10:00 p.m., para ciertos sectores como Vacamonte, Ciudad del Futuro, Nuevo Arraiján, el servicio es pésimo y que esto obliga a la piratería de taxis. Al respecto la palabra la tiene la Autoridad del Tránsito y debe aplicar la ley sobre la base de que el servicio de transporte es de interés público. No debe haber razón alguna para que no se preste este servicio hasta la hora que la comunidad la necesite.
He escuchado a un señor de apellido Cáceres, presidente de unas de las mil piqueras de taxis que hay en esta ciudad. l me recuerda cuando un grupo de transportistas de Panamá Oeste se rebeló contra sus propios compromisos.
En aquel entonces, los paladines dijeron defender a los usuarios del transporte colectivo de Panamá Oeste cuidándoles los bolsillos. En aquel agosto, el objetivo era mantener un pésimo servicio en la fenecida y pulgosa piquera de El Chorrillo, a donde los usuarios llegaban para estar expuestos a los robos, a los tiroteos y a toda clase de peligro. Ninguno de los transportistas sugirió bajar los precios del pasaje.
El señor Cáceres, en un programa transmitido en diferido por el Canal 5, ha declarado ser defensor del bolsillo de los usuarios y del transporte selectivo, pero sobre la base de la cultura del juega vivo y en contra de la lealtad de sus colegas del transporte colectivo.
Para Cáceres todo está caro para los usuarios. No obstante, no se quejó de una resolución de la Autoridad Nacional del Tránsito que, sin consulta alguna, aumentó en B/.1.25 las carreras de los taxis desde y para la Gran Terminal Nacional de Transporte Juan Pablo II o Albrook. A ningún taxista, incluyendo al tal Cáceres, se le ocurrió protestar para impedir esta alza.
Es sorprendente cómo algunos ahora salen a defender al barrio mártir de El Chorrillo, señalando que se ha quedado sin el servicio de autobuses. Antes, un sinnúmero de transportistas cuando llevaban a sus pasajeros hacia la terminal ubicada en ese barrio fueron víctimas de asesinatos, robos y asaltos a mano armada y otros delitos por parte de los delincuentes. Allí, el señor Cáceres, no estaba, por supuesto.
Hace poco escuché al comentarista y amigo personal Mario Rognoni alegremente defender la parada de autobuses del Instituto Nacional. No sé a qué parada se refirió Rognoni, si allí nunca ha existido parada alguna, salvo las chivitas de la 5 de Mayo que procedían de la antigua Zona del Canal y cuyo período de recorrido era la espera de la muerte.
Un argumento que se ha escuchado es que la gente que trabaja en la Avenida Central o se dirigen hacia el Seguro Social o bien estudian en el Instituto Nacional, requieren de esta parada. No sé si aún están vigentes las estadísticas de hace un par de años. Hacia esa área, los pasajeros del sector Oeste sólo representaban un 9%. El resto debería hacer transbordo hacia Vía España, Transístmica, Ricardo J. Alfaro y hacia las afueras.
Sin embargo, lo que sí me gustaría preguntarle al Rector del Instituto Nacional es si él está de acuerdo con una parada de autobuses del sector Oeste que con sus chimeneas le contaminarán más el ambiente a sus alumnos y le incrementaran los ruidos en este edificio de poca acústica y alta resonancia.
Estamos ante una situación sobre la que se opina sin tener la información correcta y adecuada.
No es mi trabajo y menos de oficioso, informar sobre la planificación urbana de la ciudad de Panamá, que lleva este gobierno. De acuerdo con las explicaciones que conozco, se contempla desde hace dos décadas, tras la devolución de las áreas del Canal de Panamá en poder y jurisdicción de los Estados Unidos, la construcción de una autopista que va desde Arraiján a la ciudad de Panamá. Antes no se pudo realizar por la oposición del ejercito norteamericano. Esta obra está retrasada y su primera fase de La Chorrera a Arraiján se concluyó hace 20 años.
Sobre estas modernizaciones quisiera puntualizar un poco más. No es noticia que dentro de pocas semanas se dará la orden de hacer para que una empresa constructora inicie la obra de un segundo puente sobre el Canal de Panamá, con seis carriles para el tráfico vehicular. Junto a esa obra una organización norteamericana, en principio, está dispuesta a financiar la construcción de la autopista que amarrará con ese puente.
Como consecuencia, nuevas redes viales se interconectarán con la autopista hacia Colón, el Corredor Norte y el final del Corredor Norte. Este gobierno, de los pobres, que preside la señora Mireya Moscoso, ha retomado la construcción de una rotonda donde los vehículos que vienen del sector Oeste, los que salen del corredor Norte, y los que transitan por la avenida Omar Torrijos mantendrán un tráfico ininterrumpido. Es decir, no habrá semáforo en el área. Estas obras no significarán pago de peajes por el uso del puente ni de la carretera en proyección, debido a que se realizarán mediante el uso de fondos del erario público.
Según los propios conductores de autobuses de La Chorrera y Capira, antes su recorrido demoraba hacia la ciudad de Panamá entre 20 y 30 minutos y los de Arraiján no menos de 10 minutos. Tras la inmigración descontrolada existente en los últimos dos años, el congestionamiento vehicular en horas de la mañana hace que los rodajes de los buses demoren entre una hora, los de La Chorrera y Capira, y 40 minutos los de Arraiján.
Sin embargo, nadie se acuerda de las promotoras de viviendas. En 1999, una sola promotora logró que unas 75 mil personas se fueran a vivir al sector Oeste sin una verdadera planificación de los servicios públicos, como son agua, luz, centros de salud y, por supuesto, el servicio del transporte colectivo al que hay que calificar de deficiente.
¿De qué se queja la gente de Panamá Oeste? La gente se queja porque algo la afecta. Y nadie puede dudar que los usuarios del transporte colectivo tienen sobradas razones, pero también no se puede partir de una premisa desconociendo de que la ley es la ley y hay que respetarla.
Quiero decir que se necesita planificar, poner más orden en el servicio del transporte colectivo. Cuando estas infraestructuras estén construidas es lógico suponer que los autobuses del sector Oeste procedentes de Vista Alegre, Vacamonte, Ciudad del Futuro, Valle Hermoso, La Chorrera, Capira, etc., no tendrán que venir desde el nuevo puente especialmente a dejar a los pasajeros a la Avenida de los Mártires.
Hay que ver hacia el futuro. Las autoridades tienen que recomponer todas las rutas que parten desde la terminal hacia la ciudad. Las de Transítmica deben ir directo para esa dirección, las de Tumba Muerto para Tumba Muerto, las de las afueras para las afueras y no todos los autobuses continuar la ruta tradicional en fila de indios, que lo que hace es congestionar el tráfico vehicular por la 5 de Mayo y toda Calidonia. Igual, en las horas pico de la tarde, los autobuses deben ahorrarse el tramo desde la lechería hacia la 5 de Mayo. Esa ruta deben dejársela que la cumpla SACA.
Se ha dicho que después de las 10:00 p.m., para ciertos sectores como Vacamonte, Ciudad del Futuro, Nuevo Arraiján, el servicio es pésimo y que esto obliga a la piratería de taxis. Al respecto la palabra la tiene la Autoridad del Tránsito y debe aplicar la ley sobre la base de que el servicio de transporte es de interés público. No debe haber razón alguna para que no se preste este servicio hasta la hora que la comunidad la necesite.