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Se le acabó el vacilón al patrón con su cuentón


Una gran mentira es lo que el panameño llama "cuentón". Los obreros pertenecen a una clase que no narra la historia, sino que hace la historia con sus esfuerzos, sacrificios y trabajo. Pero, quien vive en la opulencia trata de vender la idea, por cualquier medio informativo, que hay quienes nacieron para ser servidores y otros para ser servidos. Tremenda falacia de quienes sólo narran historietas, porque les falta valor y conciencia para hacer historia y transformar así a la sociedad, y por ende, la vida humana.
La felicidad, éxito o fracasos, conquistas o derrotas del ser humano no dependen exclusivamente de la actitud o conducta personal de tal o cual persona.
En un conglomerado social, donde hay separaciones de clase por razones económicas, es lógico que íntimamente van a ser felices, van a tener éxitos y van a disfrutar de "conquistas" aquellos parásitos que disfruten del trabajo ajeno. ¿Quién no "obtiene" de esta manera la "luz" para vivir "holgadamente"?.
Somos una nación bendecida por la naturaleza y maldecida por la clase patronal. La mayoría trabaja y produce riqueza, y una minoría cosecha el fruto; y suma la cuantía de su fortuna en la caja registradora.
¡Maldita sea esa minoría explotadora y bienaventurada sea la mayoría que moldea la Patria y alimenta al pueblo con el sudor de su frente!. Este es un fenómeno que se repite en la mayoría de los países latinoamericanos.
Sangre, dolor y cárcel le ha costado a la clase obrera alcanzar la protección por enfermedad y respeto al fuero sindical, bonificaciones salariales, vacaciones pagadas, becas, subsidios y otros incentivos que fueron conquistados por hombres y mujeres de coraje, decisión y convicción, porque de la patronal nada viene espontáneamente. Sólo la lucha e inteligencia de los explotados vencerá a quienes creen haber nacido para mandar y nunca para obedecer. La militancia del ejército obrero y la dignidad de sus integrantes han convertido en el pasado y seguirán convirtiendo en el presente, cada fábrica, cada almacén, cada empresa publicitaria, cada construcción, cada hacienda, cada ganadería, en trinchera de bienestar y progreso colectivo, puesto que en la guerra actual por la supervivencia, la clase obrera es la única que ha sufrido "bajas", y miles de sus familiares han quedado "heridos" por la traición de la patronal "rabiblanca".
Muchas empresas, establecimientos comerciales y de servicio, como también algunas fábricas han fracasado no por culpa de los obreros, sino por culpa misma de los inversionistas y empresarios por llevar una conducta inmoral y una vida de francachela, chinguia y tracalerías.
Fracasaron porque derrocharon mucho dinero, de la producción de sus empresas. Panamá será una nación libre y soberana no por una patronal explotadora, sino por una clase trabajadora. Que no pretenda el patrón de tratarnos como ignorantes con su cuentón, porque se les acabó el vacilón.

101 años de Panamá América

 
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