Se oferta Vicepresidencia
Aunque de todos es conocido que entidad y personas promovieron y patrocinaron la polémica presentación de Rubén Blades el 3 de noviembre, e independientemente de que el propio cantautor y político decidiese no hacer alusión el tema político criollo (los hechos demostraban que no se necesitaba hablar del tema) en su gratuita actuación artística durante la celebración del Centenario de la República, ya era se sabía, desde hace mucho tiempo y por propias declaraciones, su propensión política, no exactamente hacia el PRD, mas sí hacia el secretario general de dicho colectivo, Martín Torrijos, denotando con ello que ya había olvidado la repatriación de que fue objeto su progenitor durante la dictadura militar y su entonces brazo político, PRD, creado y liderado por el padre del que hoy como candidato presidencial considera el propio Blades "¡un buen pela"o!"
Durante y después de dicha celebración, se entretejieron rumores sobre la posible participación de Blades en la nómina de Martín como primer vicepresidente, en detrimento de otros aspirantes que tras bastidores sueñan despiertos por ocupar dicha posición. Ante tal posibilidad, no entendemos cómo quien en una oportunidad se instituyó como presidenciable en un colectivo de su propia autoría, el Papa Egoró, que tenía una mística diferente y una denominada "nueva propuesta", hoy pretenda aceptar una nominación secundaria en un partido político que no ha sido precisamente modelo de integridad política y moral en el país, y cuyas cúpulas en turnos y distintas circunstancias han manejado el mismo imponiendo sus caprichos e intereses personales sobre el resto de la membresía; y que ahora, en esta campaña electoral, se repliegan para confundir a la opinión pública (en gran medida a los jóvenes que desconocen su pasado), ya que cuya siniestra presencia puede empañar las aspiraciones de Martín, pero que en su momento resurgirán a la palestra pública para seguir influyendo en las decisiones del partido con y sin Martín.
Es que no se trata, como piensa Blades, que la sola figura encarnada en la persona de Martín puede encaminar al país hacia su desarrollo. El puede estar investido de las mejores intenciones como persona y como político, pero como lo señala el propio Blades, y con lo que coincidimos, tiene tras de él "verdaderos diablos y otros más atrás". Y en el supuesto de que Martín llegase al poder, ni él ni Blades solos podrán controlarlos y evitar que vuelvan a hacer las "diabluras" del pasado, y usufructen y malversen los bienes del Estado panameño, con lo cual seguiría enseñoreando la corrupción ya iniciada y amparada por el gobierno actual.
En todo esto lo cierto es que ésos, los llamados "diablos del PRD", deben estar en ascuas con las declaraciones del recién llegado, y cuidado conque con sus argucias y artimañas de las que son expertos, dan al traste con la incipiente alianza que ya parece gastarse. Por otra parte, y volviendo a lo arriba señalado, pareciese que Blades no quisiera desembarazarse de su afición por personificar al actor secundario que ha sido en las casi treinta películas en que ha actuado (y en que en más de las veces muere en ellas) y quiere trasladar esa vocación de menor riesgo a la arena política. ¡La vida te da sorpresas!
Sí sería interesante que alquien explicase si hubo alguna relación entre las reformas constitucionales en proyecto y las modificaciones al reglamento interno del Órgano Legislativo aprobadas mediante Ley 7 de 27 de mayo de 1992, que introducían una serie de privilegios como, por ejemplo, la consignación de fianza por parte de ciudadanos que quisiesen denunciar los delitos cometidos por los legisladores y la presentación obligatoria de pruebas como condición ineludible para poder iniciar la instrucción de un sumario cuando el investigado sea un legislador. Dicha ley también introdujo una serie de "prerrogativas" para los miembros de la Asamblea, que son las que hoy constituyen parte de esa imagen de inmerecido privilegio y condenable despilfarro con que una buena parte de la ciudadanía asocia el hemiciclo legislativo.
El mensaje que la ciudadanía envió al rechazar las reformas no fue el mismo que recibieron los legisladores. Con su rechazo la ciudadanía descalificó el intento de servirse del Estado; lo que los legisladores aprendieron fue a no contar con el voto ciudadano para efectuar reformas constitucionales."La gente no entiende", todavía dicen.
En diciembre de 1993 la misma Asamblea preparó un paquete de reformas que introducía un título Constitucional con unas pocas disposiciones sobre el Canal de Panamá. En 1994 los legisladores aprobaron otros dos paquetes de reformas constitucionales, el primero contenía la llamada "proscripción constitucional del ejército" (que nunca fue regulado o siquiera mencionado en el ámbito constitucional y del que en la práctica ya no quedaban ni las cenizas) y muchas de las disposiciones rechazadas por el electorado en el referéndum de 1992. El tercer acto legislativo introducía como método de reforma constitucional la asamblea constituyente paralela.
Cuando los legisladores del período 1994-1999 tomaron posesión procedieron a aprobar los dos primeros paquetes de reforma; el tercero lo rechazaron, porque equivalía a colocarse una espada de Damocles permanentemente sobre su cabeza. ¿Por qué debemos creer que los legisladores que salgan electos en mayo de 2004 -que nadie sabe quiénes serán- actuarán de modo diferente?
Quizás podrían actuar de modo diferente si la Asamblea Constituyente no fuese solo un método de reforma que se espera incorporar a la Constitución. Si la convocatoria a la constituyente es una mandato popular expresado en las urnas el mismo día que son elegidos los representantes políticos para el próximo período; si hacemos de los mandatos un solo proyecto político, quizás los legisladores sientan una mayor necesidad de ratificar el cambio constitucional propuesto.
Los legisladores electos el mismo día en que se expresa la voluntad popular a favor de una constituyente, no serían como una asamblea cualquiera; serían los llamados a desarrollar en forma de leyes los principios y las acciones fundamentales recogidos en la nueva Constitución.
Para constituir ese mandato se requiere de la "quinta papeleta", que no es más que una consulta en donde la gente podrá expresar una opinión en torno a la actual Constitución. Es perfectamente democrático opinar que una Constituyente no es la mejor opción. Es totalmente antidemocrático impedir que el electorado pueda expresarse sobre uno de los asuntos que le compete por excelencia.
Ojalá que no se repita la situación de un gobierno que cree que puede impulsar él solo una reforma constitucional, porque volveremos entonces a reeditar un capítulo más de despilfarro y frustación, tal como ocurrió en 1992.
Durante y después de dicha celebración, se entretejieron rumores sobre la posible participación de Blades en la nómina de Martín como primer vicepresidente, en detrimento de otros aspirantes que tras bastidores sueñan despiertos por ocupar dicha posición. Ante tal posibilidad, no entendemos cómo quien en una oportunidad se instituyó como presidenciable en un colectivo de su propia autoría, el Papa Egoró, que tenía una mística diferente y una denominada "nueva propuesta", hoy pretenda aceptar una nominación secundaria en un partido político que no ha sido precisamente modelo de integridad política y moral en el país, y cuyas cúpulas en turnos y distintas circunstancias han manejado el mismo imponiendo sus caprichos e intereses personales sobre el resto de la membresía; y que ahora, en esta campaña electoral, se repliegan para confundir a la opinión pública (en gran medida a los jóvenes que desconocen su pasado), ya que cuya siniestra presencia puede empañar las aspiraciones de Martín, pero que en su momento resurgirán a la palestra pública para seguir influyendo en las decisiones del partido con y sin Martín.
Es que no se trata, como piensa Blades, que la sola figura encarnada en la persona de Martín puede encaminar al país hacia su desarrollo. El puede estar investido de las mejores intenciones como persona y como político, pero como lo señala el propio Blades, y con lo que coincidimos, tiene tras de él "verdaderos diablos y otros más atrás". Y en el supuesto de que Martín llegase al poder, ni él ni Blades solos podrán controlarlos y evitar que vuelvan a hacer las "diabluras" del pasado, y usufructen y malversen los bienes del Estado panameño, con lo cual seguiría enseñoreando la corrupción ya iniciada y amparada por el gobierno actual.
En todo esto lo cierto es que ésos, los llamados "diablos del PRD", deben estar en ascuas con las declaraciones del recién llegado, y cuidado conque con sus argucias y artimañas de las que son expertos, dan al traste con la incipiente alianza que ya parece gastarse. Por otra parte, y volviendo a lo arriba señalado, pareciese que Blades no quisiera desembarazarse de su afición por personificar al actor secundario que ha sido en las casi treinta películas en que ha actuado (y en que en más de las veces muere en ellas) y quiere trasladar esa vocación de menor riesgo a la arena política. ¡La vida te da sorpresas!
Sí sería interesante que alquien explicase si hubo alguna relación entre las reformas constitucionales en proyecto y las modificaciones al reglamento interno del Órgano Legislativo aprobadas mediante Ley 7 de 27 de mayo de 1992, que introducían una serie de privilegios como, por ejemplo, la consignación de fianza por parte de ciudadanos que quisiesen denunciar los delitos cometidos por los legisladores y la presentación obligatoria de pruebas como condición ineludible para poder iniciar la instrucción de un sumario cuando el investigado sea un legislador. Dicha ley también introdujo una serie de "prerrogativas" para los miembros de la Asamblea, que son las que hoy constituyen parte de esa imagen de inmerecido privilegio y condenable despilfarro con que una buena parte de la ciudadanía asocia el hemiciclo legislativo.
El mensaje que la ciudadanía envió al rechazar las reformas no fue el mismo que recibieron los legisladores. Con su rechazo la ciudadanía descalificó el intento de servirse del Estado; lo que los legisladores aprendieron fue a no contar con el voto ciudadano para efectuar reformas constitucionales."La gente no entiende", todavía dicen.
En diciembre de 1993 la misma Asamblea preparó un paquete de reformas que introducía un título Constitucional con unas pocas disposiciones sobre el Canal de Panamá. En 1994 los legisladores aprobaron otros dos paquetes de reformas constitucionales, el primero contenía la llamada "proscripción constitucional del ejército" (que nunca fue regulado o siquiera mencionado en el ámbito constitucional y del que en la práctica ya no quedaban ni las cenizas) y muchas de las disposiciones rechazadas por el electorado en el referéndum de 1992. El tercer acto legislativo introducía como método de reforma constitucional la asamblea constituyente paralela.
Cuando los legisladores del período 1994-1999 tomaron posesión procedieron a aprobar los dos primeros paquetes de reforma; el tercero lo rechazaron, porque equivalía a colocarse una espada de Damocles permanentemente sobre su cabeza. ¿Por qué debemos creer que los legisladores que salgan electos en mayo de 2004 -que nadie sabe quiénes serán- actuarán de modo diferente?
Quizás podrían actuar de modo diferente si la Asamblea Constituyente no fuese solo un método de reforma que se espera incorporar a la Constitución. Si la convocatoria a la constituyente es una mandato popular expresado en las urnas el mismo día que son elegidos los representantes políticos para el próximo período; si hacemos de los mandatos un solo proyecto político, quizás los legisladores sientan una mayor necesidad de ratificar el cambio constitucional propuesto.
Los legisladores electos el mismo día en que se expresa la voluntad popular a favor de una constituyente, no serían como una asamblea cualquiera; serían los llamados a desarrollar en forma de leyes los principios y las acciones fundamentales recogidos en la nueva Constitución.
Para constituir ese mandato se requiere de la "quinta papeleta", que no es más que una consulta en donde la gente podrá expresar una opinión en torno a la actual Constitución. Es perfectamente democrático opinar que una Constituyente no es la mejor opción. Es totalmente antidemocrático impedir que el electorado pueda expresarse sobre uno de los asuntos que le compete por excelencia.
Ojalá que no se repita la situación de un gobierno que cree que puede impulsar él solo una reforma constitucional, porque volveremos entonces a reeditar un capítulo más de despilfarro y frustación, tal como ocurrió en 1992.