¿Se vinculan la ética y la cívica a la fe religiosa?
Recientemente escribí un artículo intitulado "Por la ética, el civismo y la cultura". En el mismo consideraba la actual crisis de valores y las iniciativas que se han tomado recientemente para rescatar los valores éticos y cívicos.
En dicho artículo recomendé que la respuesta a la crisis fuera positiva, ofreciéndole a los panameños y panameñas un horizonte que los entusiasme incluso hasta el sacrificio. Y añadía que "no podemos desvincular la ética y la cívica de la fe religiosa"
El abogado Ricardo López Arias, quien prosigue estudios de postgrado en filosofía en Costa Rica, me plantea por escrito un cuestionamiento serio: "Me alarma lo que dices sobre la exigencia de vincular la ética y la cívica a la fe religiosa. ¿Estás sugiriendo que la separación de la religión del Estado debe desaparecer? Es la forma más segura de promover el desasosiego y las pugnas religiosas.
El llamado que haces a que los programas de la USMA y la UP deben tener un fundamento religioso me sugiere la siguiente pregunta: ¿el fundamento religioso debe ser el católico? Asumo que eso es lo que insinúas. Sin embargo, hay muchas religiones y la católica es sólo una de ellas. Si lo que quieres decir es que hay que rescatar lo que de universal y positivo puede encontrarse en las religiones, v.gr. la católica, entonces estoy de acuerdo, en otro caso, no. La universidad no debe ser sectaria. Es un lugar donde se debe adelantar la enseñanza y la investigación sin compromiso dogmático de ninguna clase. Llevar las investigaciones a donde sea que ellas conduzcan. Cuando se restringe esa libertad, la enseñanza decae y se esteriliza".
Le agradezco a López Arias su comentario crítico. Me da la oportunidad de explicarme.
Su alarma es gratuita. Explícitamente escribí: "si bien debemos considerar la racionalidad de nuestras normas éticas y cívicas, debemos también reconocer que en el fondo de la conciencia, donde cada persona decide si actuará moralmente o no, la decisión se toma de cara a Dios y que, por ello, no podemos desvincular la ética y la cívica de la fe religiosa si queremos superar la crisis de valores, aun cuando debamos respetar la pluralidad de convicciones religiosas de nuestra población".
Evidentemente, en la manera como se considera la vinculación de la ética y la cívica con la fe religiosa se debe contemplar la pluralidad de convicciones religiosas. Incluyo en esta categoría las convicciones escépticas y hasta ateas con respecto a Dios, pues para mí estas convicciones tienen una dimensión religiosa. En efecto, dan testimonio de lo radical que puede ser la experiencia del silencio de Dios, que el escritor japonés Shusaku Endo presentó tan dramáticamente en su novela intitulada Silencio sobre la persecución y apostasía de un sacerdote jesuita en el siglo XVII en Japón. La duda y la posibilidad de negación forman parte de la vivencia de cualquier creyente. Incluso Jesús en la cruz se sintió abandonado por su Padre.
Ello implica que la enseñanza universitaria en materia religiosa se haga en un espíritu de diálogo y de mutuo respeto, tal que ha comenzado a hacerse en nuestro tiempo. Como lo ha planteado Hans Küng en su libro sobre la ética de responsabilidad mundial que exige la globalización, sin una dimensión religiosa la ética no puede fundar la universalidad y el carácter incondicional de sus normas ni puede lograr la influencia multitudinaria que se requiere para que su aporte tenga el impacto necesario. Añade: "sólo el vínculo con el infinito proporciona libertad de cara a todo lo finito".
Pensar que ello riñe con la separación entre la religión y el Estado o que ello es hacer a la universidad sectaria, es concebir la neutralidad religiosa del Estado y de la universidad de acuerdo con un racionalismo excluyente y sin conciencia de sus límites y condicionamientos. Este racionalismo, característico de la modernidad sobre todo en su etapa inicial y de orgullosa madurez, ya no tiene justificación en esta época postmoderna en la cual hemos tomado conciencia de los límites epistemológicos y socio-culturales del fruto supremo de la razón, la ciencia. La neutralidad religiosa del Estado y de la universidad no significa excluir la religión de la comunidad civil o universitaria. Significa crear un espacio donde se pueda ejercer la libertad para la religión y de la religión y, por lo tanto, significa una presencia de la religión, pero sin dominio por una religión.
Acabo de adquirir en México un librito intitulado ¿En qué creen los que no creen? (editorial Taurus), intercambio de cartas entre Umberto Eco, el linguista y novelista, autor del Nombre de la Rosa, y el Cardenal Carlo María Martini, jesuita, especialista en la Biblia y arzobispo de Milán. Es un diálogo entre un racionalista y un creyente.
En su última carta Martini le plantea a Eco el tema de la fundamentación de la ética. "Me parece, dice el Cardenal, que este concepto del otro en nosotros representa para una parte del pensamiento laico, el fundamento esencial de toda idea de solidaridad... No obstante, me pregunto precisamente si la lectura laica, que carece de esta justificación
En dicho artículo recomendé que la respuesta a la crisis fuera positiva, ofreciéndole a los panameños y panameñas un horizonte que los entusiasme incluso hasta el sacrificio. Y añadía que "no podemos desvincular la ética y la cívica de la fe religiosa"
El abogado Ricardo López Arias, quien prosigue estudios de postgrado en filosofía en Costa Rica, me plantea por escrito un cuestionamiento serio: "Me alarma lo que dices sobre la exigencia de vincular la ética y la cívica a la fe religiosa. ¿Estás sugiriendo que la separación de la religión del Estado debe desaparecer? Es la forma más segura de promover el desasosiego y las pugnas religiosas.
El llamado que haces a que los programas de la USMA y la UP deben tener un fundamento religioso me sugiere la siguiente pregunta: ¿el fundamento religioso debe ser el católico? Asumo que eso es lo que insinúas. Sin embargo, hay muchas religiones y la católica es sólo una de ellas. Si lo que quieres decir es que hay que rescatar lo que de universal y positivo puede encontrarse en las religiones, v.gr. la católica, entonces estoy de acuerdo, en otro caso, no. La universidad no debe ser sectaria. Es un lugar donde se debe adelantar la enseñanza y la investigación sin compromiso dogmático de ninguna clase. Llevar las investigaciones a donde sea que ellas conduzcan. Cuando se restringe esa libertad, la enseñanza decae y se esteriliza".
Le agradezco a López Arias su comentario crítico. Me da la oportunidad de explicarme.
Su alarma es gratuita. Explícitamente escribí: "si bien debemos considerar la racionalidad de nuestras normas éticas y cívicas, debemos también reconocer que en el fondo de la conciencia, donde cada persona decide si actuará moralmente o no, la decisión se toma de cara a Dios y que, por ello, no podemos desvincular la ética y la cívica de la fe religiosa si queremos superar la crisis de valores, aun cuando debamos respetar la pluralidad de convicciones religiosas de nuestra población".
Evidentemente, en la manera como se considera la vinculación de la ética y la cívica con la fe religiosa se debe contemplar la pluralidad de convicciones religiosas. Incluyo en esta categoría las convicciones escépticas y hasta ateas con respecto a Dios, pues para mí estas convicciones tienen una dimensión religiosa. En efecto, dan testimonio de lo radical que puede ser la experiencia del silencio de Dios, que el escritor japonés Shusaku Endo presentó tan dramáticamente en su novela intitulada Silencio sobre la persecución y apostasía de un sacerdote jesuita en el siglo XVII en Japón. La duda y la posibilidad de negación forman parte de la vivencia de cualquier creyente. Incluso Jesús en la cruz se sintió abandonado por su Padre.
Ello implica que la enseñanza universitaria en materia religiosa se haga en un espíritu de diálogo y de mutuo respeto, tal que ha comenzado a hacerse en nuestro tiempo. Como lo ha planteado Hans Küng en su libro sobre la ética de responsabilidad mundial que exige la globalización, sin una dimensión religiosa la ética no puede fundar la universalidad y el carácter incondicional de sus normas ni puede lograr la influencia multitudinaria que se requiere para que su aporte tenga el impacto necesario. Añade: "sólo el vínculo con el infinito proporciona libertad de cara a todo lo finito".
Pensar que ello riñe con la separación entre la religión y el Estado o que ello es hacer a la universidad sectaria, es concebir la neutralidad religiosa del Estado y de la universidad de acuerdo con un racionalismo excluyente y sin conciencia de sus límites y condicionamientos. Este racionalismo, característico de la modernidad sobre todo en su etapa inicial y de orgullosa madurez, ya no tiene justificación en esta época postmoderna en la cual hemos tomado conciencia de los límites epistemológicos y socio-culturales del fruto supremo de la razón, la ciencia. La neutralidad religiosa del Estado y de la universidad no significa excluir la religión de la comunidad civil o universitaria. Significa crear un espacio donde se pueda ejercer la libertad para la religión y de la religión y, por lo tanto, significa una presencia de la religión, pero sin dominio por una religión.
Acabo de adquirir en México un librito intitulado ¿En qué creen los que no creen? (editorial Taurus), intercambio de cartas entre Umberto Eco, el linguista y novelista, autor del Nombre de la Rosa, y el Cardenal Carlo María Martini, jesuita, especialista en la Biblia y arzobispo de Milán. Es un diálogo entre un racionalista y un creyente.
En su última carta Martini le plantea a Eco el tema de la fundamentación de la ética. "Me parece, dice el Cardenal, que este concepto del otro en nosotros representa para una parte del pensamiento laico, el fundamento esencial de toda idea de solidaridad... No obstante, me pregunto precisamente si la lectura laica, que carece de esta justificación