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¡Sea auténtico!


Uno de los problemas de nuestra sociedad es que las personas no son auténticas, lo cual significa no ser uno mismo, depender siempre de los pensamientos y deseos de los demás y actuar acorde con esto. Esto produce serios problemas emocionales y una tremenda frustración, porque usted nació para ser auténtico. Por eso, Dios le dio la vida, hecho a Su imagen y semejanza. Dios lo hizo único e irrepetible para que fuera usted mismo.
¿Conoce usted, acaso, a Jesucristo, el Hijo de Dios? El fue auténtico, fiel a sus principios y a la verdad. El denominador común de todos los personajes auténticos es que hablan y actúan defendiendo aquello en lo que creen. Tienen la pureza interior de una persona fiel a sus ideales, pensamientos y a sí mismos. Son consecuentes con sus propias ideas, se valoran muchísimo, se manifiestan siempre monolíticos, de una sola pieza, firmes y fuertes, convencidos de que valen mucho y tienen mucho que aportar a la humanidad. Esta fuerza interior tan maravillosa contagia a otras personas, los mueve a la acción y ayuda a que ellos también quieran ser auténticos.
Ser uno mismo constituye una fuerza natural, humana y universal, dispensadora de una fuente abundante de bendiciones. El ser auténtico restaura su poder interior y posibilita que su vida sea valiosa e importante. Cuando uno es auténtico, se conoce, se valora, se quiere y puede entonces contribuir y aportar mucho en beneficio de los demás. Ciertamente, decir que uno es fiel a uno mismo y auténtico como que suena a egoísmo. Pero la autenticidad no significa egocentrismo. Como la persona auténtica se centra en sí misma en un aspecto positivo, puede dar más de sí a los demás. Aunque la autenticidad procede del centro de la vida de la persona, no se centra en la persona, no implica que está solamente pendiente de sí misma, olvidándose de los demás.
Ciertamente, hay que amoldarse a las personas, tratar de adaptarse a la gente y al lugar donde está, siempre y cuando no traicione sus principios y valores, el ser uno mismo. Muchas personas traicionan sus valores, se olvidan de ser ellos mismos, por ser simplemente como los demás quieren. Se convierten así en marionetas o títeres de los demás. Usted no debe traicionarse ni olvidar quién es, sino que tiene que ser auténtico. Existen muchas personas que se encuentran a menudo muy cansadas y agotadas, no por la pérdida de fuerza muscular, sino por el esfuerzo que tienen que hacer para ser lo que otros quieren que sea. Tener que estar siempre actuando, disimulando, tratando de impresionar a los demás, imitando su manera de ser, buscando sólo agradarlos, atento a lo que otros quieran y piensen para imitarlos es un trabajo extenuante. Esto lleva a la fatiga, lo cual es síntoma frecuente de quienes han suprimido a su verdadero yo. En realidad no es que estén cansados, sino hastiados de no ser ellos mismos por lo que se frustran y se deprimen. La persona auténtica tiene una profunda energía que se genera desde el interior de su propio ser.
Sócrates enseñó que la máxima: "Conócete a ti mismo", es la base de todos los cimientos. Shakespeare escribió: "A ti mismo sé fiel. Así con nadie podrás ser falso." Para ser auténtico, pregúntese: ¿Quién y cómo soy, para qué estoy aquí? Entonces, conózcase a sí mismo, vea y aprecie sus cualidades, los grandes carismas que Dios le ha dado y la misión que el Señor le ha encomendado y por la cual vino a la tierra. Usted necesita saber adónde va, cuáles son sus metas, sus ideales. Las personas auténticas conocen la dirección que lleva su existencia y la siguen fielmente.
Curiosamente, el que es más auténtico permite que los demás sean auténticos y no intenta manipularlos. Así, elimina la hipocresía. La persona que es fiel a su personalidad permite, quiere y acepta a los demás como son, porque se siente segura de sí misma y no proyecta el desasosiego que es propio de las que son inseguras. La inseguridad viene precisamente, porque no son auténticas.
Usted no nació para estar siempre imitando a otros, mirando y admirándolos, viendo que en ellos sí existen valores y pensando que ellos sí valen, sí pueden, sí son inteligentes y valientes. ¡No! ¿Y usted qué? ¿Acaso usted no vale o no cuenta en la historia? ¿Para qué cree que Dios lo hizo? Usted cuenta en la historia, es un ser muy importante. Deje ya de estar imitando a los demás.
¡Jesús fue auténtico! Nunca se avergonzó de haber nacido en una cueva, de haber sido carpintero o pobre. Sabía quién era y se hacía respetar, porque se quería y se amaba a sí mismo. Entonces, por favor, ¡sea auténtico! Respete sus ideas y convicciones en cualquier lugar en que esté. Actúe convencido y movido por sus ideales, aunque se quede solo defendiéndolos. ¡No sea cobarde, por favor! ¡Vamos, adelante, necesitamos gente con personalidad! Comprenda que lo importante es ser auténtico y no tener un determinado color de piel, dinero, posición social o lo que sea. Si tiene complejos o problemas, pida ayuda al Señor. El le dará la fuerza y el poder. Con Dios usted puede vencer cualquier problema porque con El, usted es. . . ¡INVENCIBLE!

101 años de Panamá América

 
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