default

Seamos solidarios


En los últimos días del año 1998, salió a la luz pública, información sobre la terrible explotación a la que eran sometidos unos niños extranjeros, en la capital italiana, donde eran obligados a pedir limosna en las cercanías de los semáforos, con una cuota mínima diaria de treinta y cinco dólares, y a los que no cumplieran con lo asignado, los torturaban, incluyendo el rociado de gasolina en los pies y, luego los prendían, como escarmiento al desafortunado niño y a sus compañeros de infortunio. Gracias a la valentía de uno de los mozalbetes, quien se atrevió a confiarle a un policía, sus vicisitudes y la de sus amiguitos, se dio inicio a una seria investigación que, culminó con el aprisionamiento, de los adultos responsables de tan infame negociado. Sin embargo, me asalta una terrible duda, ¿cuál hubiera sido la culminación del drama de esos niños, llevados sin su consentimiento a tierras extrañas, si uno de ellos no hubiera tenido el valor de hablar?
Las Naciones Unidas mantienen a través de la UNICEF una campaña mundial tendiente a lograr el bienestar físico y moral de la juventud, dedicándole un día especial, con miras a despertar en todos los gobiernos, una mayor atención a las necesidades de los niños; en cuanto a salud, techo, familia y alimentos. Pero cada día observamos más niños en los semáforos, vendiendo o pidiendo limosna, sin que ninguna autoridad se digne investigar a éstos y sus familiares, para aclarar la situación del hogar, si es que lo tienen, o si se trata de una pavorosa explotación, o de niños abandonados por sus padres, en cualquier caso, es menester una prolija investigación, para lograr los correctivos necesarios.
Cuando leo en la prensa mundial, o me entero por medio de la televisión internacional, como persona de diferentes razas, credos y nacionalidades, con grandes sumas de dinero y propiedades a su haber, se dan el lujo de comprar un cuadro de algún pintor famoso (quien lo más seguro es que haya muerto en la indigencia), en cientos de millones de dólares, no puedo menos que pensar en lo absurdo de ciertas decisiones humanas. En primer lugar, esa pintura no la puede colgar en las paredes de su casa por temor a un asalto o robo, luego, por lógica, lo debe mantener en custodia, en las bóvedas de un banco u otra institución, con igual o mejores medida de seguridad, adicionando a esto, los altos costos de seguros, y por supuesto, los de mantener fuera del alcance de los ladrones, tan preciado bien. ¿No tendrán cierto grado de remordimiento estos magnates, al enterarse de las hambrunas en ciertos países del tercer mundo? ¿O la explotación de niños y niñas, por falta de un lugar decente donde comer, dormir y convivir en un ambiente sano? ¿O los ancianos desposeídos que duermen en parques, aceras y rincones a la intemperie? ¿Las necesidades de mayor cantidad de asilos, hospitales, orfelinatos?.
Si verdaderamente fueran inteligentes, se darían cuenta que, resulta un mejor trofeo, del cual poder alardear con sus amigos, vecinos y sus pares, en dinero y posición social, patrocinar uno o más hospitales, orfelinatos, y comedores populares, sin necesidad de mantener esos bienes en custodia en un banco, y lo que es mejor, con el reconocimento de toda la comunidad.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América