Sector energético: el dedo y la luna
Dice que cuando el poeta señala la luna algunos miran el dedo, apéndice de moda en la atención publica por otros motivos. Algo así parece darse en el debate surgido en torno a las tarifas de energía eléctrica, que sube de tono con el paso de los días. Como observador de la realidad nacional, creo aconsejable dejar de mirar el dedo y enfocarse en la luna planteando algunas reflexiones sobre el asunto.
En primer lugar, y dado su complejidad y nivel técnico, el tema alude a un área aparentemente complicada, especialmente para quienes reciben el servicio: miles de panameños que compran energía eléctrica. No obstante, la realidad es sencilla, como es sencillo decir que resulta inexplicable todo este problema en un país que tiene agua en cantidades suficientes para facilitar la producción de energía eléctrica a bajos costos.
Describamos a una actor fundamental del sector: las empresas generadoras. Son éstas las encargadas de producir, a través de hidroeléctricas o sistemas térmicos, la energía eléctrica que utilizan los usuarios. En su mayor parte, los precios que finalmente pagan dichos consumidores tienen relación directa con los precios que las generadoras establecen a su producción.
Más concretamente, el costo mencionado tiene un peso promedio del 60% en el precio fina de la energía. Esto explica que cada balboa que los panameños pagan por la energía que consumen, 60 centavos corresponden a las generadoras. Este dato está refrendado por la estadística oficial del Ente Regulador de los Servicios Públicos.
Ahora bien, como el usuario sólo trata directamente con la distribuidora y no con las generadoras, todo los dedos apuntan a las primeras.
Entra en escena la empresa de Transmisión Eléctrica (ETESA) a la que le corresponde transportar, en alta tensión, la energía producida por las generadoras hasta los puntos a partir de los cuales será llevada al usuario por las distribuidoras que, como se ha dicho, no producen ni transportan energía. Esta separación entre las fases mencionadas es resultado del proceso de privatización de los servicios de energía eléctrica que llevó a cabo el estado panameño, y que estaban concentradas antiguamente en el IRHE, lo que dio paso a un mercado que no existía y que es el preferido en el mundo desarrollado para el ejercicio de las actividades económicas. Subráyese que otras experiencias no han dado resultado.
Elemento adicional: En Panamá, el costo de la producción de energía eléctrica está condicionado por el comportamiento del precio internacional del petróleo. En la actualidad, casi el 60% de la energía producida en término promedio en el país proviene de fuentes térmicas dependientes del petróleo. Esto a pesar de que la nación tiene el potencial para disminuir este porcentaje a partir de fuentes de generación hídrica. ¿Queda claro el precio de la dependencia?
Otro elemento que influye en el costo es la eficiencia en el proceso de generación de energía eléctrica.
La puesta en marcha de nuevas centrales de generación más eficientes y económicas ayudaría al establecimiento de un precio de mercado para la electricidad más consecuente con las tendencias mundiales de la industria y los requerimientos del país, a la vez que con las posibilidades de Panamá. En definitiva: una repercusión en tarifas menores para el precio de la generación.
Téngase presente que en una economía de mercado el consumidor confía en pagar por lo que consume. De allí que el precio sea un factor adecuado para orientar conductas, frenar excesos y orientar políticas.
Además de la importancia de analizar y definir algunos aspectos sobre ciertos componentes del régimen tarifario, en Panamá también es importante que los políticos consideren, en toda su trascendencia, la propuesta de ley que incentiva la construcción de hidroeléctricas y mini hidroeléctricas.
En resumen, el sector energético clama por acciones que conduzcan a soluciones de mediano y largo plazo con el aporte decidido y comprometido de todos sus actores. De ahí la necesidad de considerar lo energético como un tema de Estado que promueva la generación de electricidad con recursos naturales renovables; facilitar la competencia entre generadores; gestionar la transmisión y sus tarifas teniendo en cuenta la geografía del país y la potencia de recursos nacionales en Chiriquí.
Si el lector ha comprendido tan fácilmente lo que aquí se explica, bastará con dejar de ver el dedo y encaminar el país hacia una política que haga posible la producción de energía eléctrica barata.
Todos ganaríamos.
En primer lugar, y dado su complejidad y nivel técnico, el tema alude a un área aparentemente complicada, especialmente para quienes reciben el servicio: miles de panameños que compran energía eléctrica. No obstante, la realidad es sencilla, como es sencillo decir que resulta inexplicable todo este problema en un país que tiene agua en cantidades suficientes para facilitar la producción de energía eléctrica a bajos costos.
Describamos a una actor fundamental del sector: las empresas generadoras. Son éstas las encargadas de producir, a través de hidroeléctricas o sistemas térmicos, la energía eléctrica que utilizan los usuarios. En su mayor parte, los precios que finalmente pagan dichos consumidores tienen relación directa con los precios que las generadoras establecen a su producción.
Más concretamente, el costo mencionado tiene un peso promedio del 60% en el precio fina de la energía. Esto explica que cada balboa que los panameños pagan por la energía que consumen, 60 centavos corresponden a las generadoras. Este dato está refrendado por la estadística oficial del Ente Regulador de los Servicios Públicos.
Ahora bien, como el usuario sólo trata directamente con la distribuidora y no con las generadoras, todo los dedos apuntan a las primeras.
Entra en escena la empresa de Transmisión Eléctrica (ETESA) a la que le corresponde transportar, en alta tensión, la energía producida por las generadoras hasta los puntos a partir de los cuales será llevada al usuario por las distribuidoras que, como se ha dicho, no producen ni transportan energía. Esta separación entre las fases mencionadas es resultado del proceso de privatización de los servicios de energía eléctrica que llevó a cabo el estado panameño, y que estaban concentradas antiguamente en el IRHE, lo que dio paso a un mercado que no existía y que es el preferido en el mundo desarrollado para el ejercicio de las actividades económicas. Subráyese que otras experiencias no han dado resultado.
Elemento adicional: En Panamá, el costo de la producción de energía eléctrica está condicionado por el comportamiento del precio internacional del petróleo. En la actualidad, casi el 60% de la energía producida en término promedio en el país proviene de fuentes térmicas dependientes del petróleo. Esto a pesar de que la nación tiene el potencial para disminuir este porcentaje a partir de fuentes de generación hídrica. ¿Queda claro el precio de la dependencia?
Otro elemento que influye en el costo es la eficiencia en el proceso de generación de energía eléctrica.
La puesta en marcha de nuevas centrales de generación más eficientes y económicas ayudaría al establecimiento de un precio de mercado para la electricidad más consecuente con las tendencias mundiales de la industria y los requerimientos del país, a la vez que con las posibilidades de Panamá. En definitiva: una repercusión en tarifas menores para el precio de la generación.
Téngase presente que en una economía de mercado el consumidor confía en pagar por lo que consume. De allí que el precio sea un factor adecuado para orientar conductas, frenar excesos y orientar políticas.
Además de la importancia de analizar y definir algunos aspectos sobre ciertos componentes del régimen tarifario, en Panamá también es importante que los políticos consideren, en toda su trascendencia, la propuesta de ley que incentiva la construcción de hidroeléctricas y mini hidroeléctricas.
En resumen, el sector energético clama por acciones que conduzcan a soluciones de mediano y largo plazo con el aporte decidido y comprometido de todos sus actores. De ahí la necesidad de considerar lo energético como un tema de Estado que promueva la generación de electricidad con recursos naturales renovables; facilitar la competencia entre generadores; gestionar la transmisión y sus tarifas teniendo en cuenta la geografía del país y la potencia de recursos nacionales en Chiriquí.
Si el lector ha comprendido tan fácilmente lo que aquí se explica, bastará con dejar de ver el dedo y encaminar el país hacia una política que haga posible la producción de energía eléctrica barata.
Todos ganaríamos.