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¿Seguiremos impasibles, mientras el lobo muestra las orejas?


De nosotros depende que no se materialice de cuerpo entero, pero si seguimos impasibles, nuestra incipiente democracia, sazonada a su gusto, le servirá de almuerzo.
CUANDO el PRD, rebautizado como "la patria nueva" llegó al poder, gracias al apoyo electoral que recibió de muchísimos compatriotas que, motivados por sus cantos de sirena y propósitos de enmienda, le dieron un voto de confianza, no fuimos pocos los que advertimos contra lo que se podía venir. Nunca creímos en su metamorfosis, pues era tan falsa como la del lobo que se disfrazó de la abuela. Recuerdo muy claramente cómo algunos medios y personalidades, que fueron decisivos en la lucha para poner fin a la tiranía de los cuarteles y su engendro, el PRD, también cayeron en la trampa y se sumaron al coro que alababa a los vencedores y les descubría virtudes que ni ellos mismos eran capaces de atribuirse. Después vinieron los desencantos, pues en los casi dos años que lleva gobernando la "patria nueva" han dado sobradas muestras de que detrás de la careta maquillada se escondían los mismos personajes y las mismas prácticas dictatoriales que aprendieron cuando se amamantaban en los cuarteles.
Ejemplo claro de lo que digo fueron sus embestidas para desbancar a los magistrados de la Corte Suprema. Con base en un sistema electoral chueco, que les permitió hacerse con el control de la Asamblea, desde el inicio mismo de su gestión han tenido el dominio absoluto de dos de los tres órganos principales del Estado; pero eso no les bastaba, pues su meta era controlar los tres. El propósito era evidente; lo lamentable fue que a su intento se le sumaran "colaboradores oficiosos", algunos de los cuales llegaron a "rasgarse las vestiduras" en los estrados de la sede de la Corte Suprema de Justicia.
Si a lo anterior se agrega que el cuarto y quinto órganos del Estado (el Tribunal Electoral y la Procuraduría General, también lo son) gozan de la "entera confianza" de los mandamases de "la patria nueva", hasta los más obcecados, o ilusos, tendrán que reconocer que avanzamos hacia una dictadura legalizada, que, por todos los visos, es insaciable y no desaprovechará ninguna oportunidad para seguir apretando la garra.
Tal vez, a algunos puedan parecerles exageradas las anteriores afirmaciones, pero sería oportuno que recordaran las acciones de represión, similares a las que utilizaba la dictadura, con que "la patria nueva" respondió, cuando el pueblo salió a las calles a expresar su rechazo al primer proyecto de reformas a la Ley Orgánica de la Caja del Seguro Social.
A las acciones de represión de que ya fuimos testigos, súmense el armamentismo galopante de la Policía Nacional (ya nos lo mostraron en los pasados desfiles patrios), la creación de fuerzas especiales, abiertamente militares, so pretexto de defender la frontera con Colombia, cuando todos sabemos que su creación, aparte de costosa, no servirá para nada. Agréguese, además, las intentonas por volver a centralizar, bajo un solo mando, los cuerpos policiales que ahora tienen jefaturas y escalafones separados.
A pesar de tener el control absoluto de la Asamblea, cuando les vino en ganas, se auto otorgaron facultades extraordinarias, despojando de su función constitucional al Organo Legislativo. La asunción por el Organo Ejecutivo de la función de legislar, oportunamente lo advertimos, ha sido germen de todas las dictaduras. Sin embargo, las protestas por parte de la "llamada oposición", o no existieron o fueron inaudibles. Consumada la fechoría, era imperativo que los 10 decretos-leyes que dictó la rama ejecutiva de "la patria nueva", se sometieran a la Asamblea para que ésta legislara sobre las materias respectivas, como lo ordena el Artículo 159 de la Constitución, que expresamente estipula que "Todo Decreto Ley que el Ejecutivo expida en el ejercicio de las facultades extraordinarias que se le confieren deberá ser sometido al Órgano Legislativo para que legisle sobre la materia en la legislatura ordinaria inmediatamente siguiente a la promulgación del Decreto Ley de que se trate". Pero a la Presidencia eso le importa muy poco.
¿Por qué los diputados de la llamada oposición, frente a la clara violación constitucional en que ha incurrido el Órgano Ejecutivo, no le han exigido que cumpla lo ordenado por la Carta Magna? ¿Por qué, también guardan silencio los gremios empresariales, los colegios profesionales, las organizaciones cívicas, la "llamada sociedad civil, y muchos otros?
Más recientemente, también hemos sido testigos de las campañas emprendidas para desbancar a funcionarios que de acuerdo con las leyes correspondientes tienen períodos fijos, como es el caso de la Superintendente de Bancos, Delia Cárdenas y del Director de la Policía Técnica Judicial, Jaime Jácome. A la primera, hasta se le han anunciado, extraoficialmente, varios reemplazos; al segundo, desde el inicio mismo de su gestión al frente de la Procuraduría, la señora Gómez le puso la proa.
Contagiada de la misma voracidad centralista y acaparadora que caracteriza a los mandamases de "la patria nueva", primero echó al Director del Instituto de Medicina Legal, poniéndolo bajo su control y anulando, en consecuencia, la independencia que debe ser consustancial a un organismo técnico, que debe emitir dictámenes periciales independientes. Ahora, para satisfacer su ambición de control, pero esta vez apadrinada por su jefe, vuelve a emprenderla contra el Director de la PTJ.
Después de haber sido testigos de todas las destituciones, mediante las caricaturas de juicio que son los "procesos disciplinarios", en los que el "despacho superior" es investigador, juez y tribunal de apelaciones, todo a un mismo tiempo, ¿puede alguien pensar que la PTJ conservará su independencia técnica para ejercer sus funciones si sus directores, al igual que los miles de funcionarios que integran el Ministerio Público, queda bajo la férula de la señora Procuradora y son de su libre nombramiento y remoción?
Repasen con cuidado todos los hechos que he relatado y mediten sobre sus consecuencias. Y, finalmente, sumen la aparente "idea suelta e inocente" que recientemente lanzó uno de los asociados del poder, sobre la reelección del señor Torrijos.
Ya el lobo ha enseñado las orejas varias veces. De nosotros depende que no se materialice de cuerpo entero, pero si seguimos impasibles, nuestra incipiente democracia, sazonada a su gusto, le servirá de almuerzo.

101 años de Panamá América

 
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