Segundo cambalache canalero
La primera reforma constitucional relativa al Canal de Panamá fue aprobada en 1993 y 1994, para introducir en la Carta Magna lo que en la actualidad es el Título sobre la vía intermarina. Esa reforma aprobada, en mala hora fue el primer cambalache de los funestos intereses creados, para someter el Canal y demás bienes revertidos a una subasta que sería aprovechada por el capital internacional. Naturalmente que con las coimas locales.
Ese Título y la Ley de la ARI sellaron la triste suerte que seguirían el Canal y dichos bienes, pues con un avalúo de setenta y cuatro mil millones de dólares, que pudieron ser la base para que la patria panameña fuera un emporio a lo mejor más importante que Hong Kong o Singapur, pero la única disposición oligárquica sobre ese gran capital fue la de vender los bienes revertidos, con una pantalla de concesiones contrarias a los intereses panameños, con el solo favor para el capital extranjero.
Así perdimos esa gran oportunidad histórica, de que tal base económica multimillonaria, se transformara en grandes empresas, usufructuadas paritariamente por Panamá, y por dicho capital extranjero, asociado legítima y proporcionalmente a la propiedad panameña revertida, gran negocio que bien hubiera podido convertirnos en un país modelo, por su pequeñez y por su probable gran emplazamiento financiero y económico. Pero nuestra ciega, avara y pesetera oligarquía plutocrática lo preparó todo para que continuáramos siendo un país de muy bajo lugar, entre los países más atrasados del mundo contemporáneo.
Esa misma oligarquía plutocrática nos abruma ahora con su plan PRD de una reforma constitucional en la que mal disimula el afán de que el Canal se convierta, por arte jurídico de birlibirloque, en un monopolio propietario del grupo que controla la Autoridad del Canal, para llevar a cabo el gran destino de un tercer grupo de esclusas, que será construido sin costo alguno para los únicos beneficiarios de las esclusas (léase los propietarios de naves mercantes) del estupendo negociado de las esclusas próximas, bajo el control de la Autoridad del Canal, concretado en inmensos y lucrativos contratos de deuda, que se pagarán, según se dice, con los peajes exigibles a las gigantes naves post-Panamax, eternizando la miseria económica y moral del pueblo panameño. Se trata de un exabrupto de lesa Patria.
Ya parece que hemos olvidado que fue ese mismo pueblo, con su lucha de setenta y cuatro años largos (1903-1977); con sus manifestaciones de calles y sus muertos recurrentes, de un puñado de héroes panameños, que se inmolaron durante ese lapso, para que el Canal y la Zona pasaran a propiedad de Panamá, y que no hubiera soldados y marinos controlando las tierras y los mares de Panamá. El pueblo puso los heridos y los muertos, pero los comerciantes extranjeros, abrazados a la oligarquía plutocrática, serán los dueños de las enormes ganancias que produciría el gran negociado, a base del Canal y sus nuevas esclusas.
No otra cosa significan las reformas al artículo 319 de la Constitución (Título sobre el Canal), que aprobarán los Legisladores de hoy, para que la próxima Asamblea (con su mayoría de la llamada Patria Nueva), les imparta la segunda aprobación necesaria, a partir de septiembre venidero, pero que en verdad serán la última estocada en el corazón y en el estómago del pueblo panameño, crucificado en su cruz de hambre y de degradaciones.
En estos mismos días se aprueba también la ley de la explotación extranjera del grandioso complejo de la base aérea de Howard, en Veracruz, para beneplácito de sus concesionarios, principalmente del Asiático sur, extasiados porque allá en el Asia no disponen de un canal, y aquí nos maravillamos con la Ley marco que les permitirá succionar todas las ventajas económicas de tal complejo, pagando bajo salarios y bajas prestaciones, más exoneraciones de impuestos, por el uso de las últimas instalaciones canaleras, edificios anexos y demás ventajas, enlazadas en el concepto del último cambalache canalero.
¿La razón? Porque en las mañanas es quien brinda un reporte a los representantes de la prensa y en la tarde da un avance o realiza consultas al sector privado que permanecen en el "cuarto adjunto", el espacio físico donde se reúne el sector privado para recibir información sobre el avance de la negociación.
Ese Título y la Ley de la ARI sellaron la triste suerte que seguirían el Canal y dichos bienes, pues con un avalúo de setenta y cuatro mil millones de dólares, que pudieron ser la base para que la patria panameña fuera un emporio a lo mejor más importante que Hong Kong o Singapur, pero la única disposición oligárquica sobre ese gran capital fue la de vender los bienes revertidos, con una pantalla de concesiones contrarias a los intereses panameños, con el solo favor para el capital extranjero.
Así perdimos esa gran oportunidad histórica, de que tal base económica multimillonaria, se transformara en grandes empresas, usufructuadas paritariamente por Panamá, y por dicho capital extranjero, asociado legítima y proporcionalmente a la propiedad panameña revertida, gran negocio que bien hubiera podido convertirnos en un país modelo, por su pequeñez y por su probable gran emplazamiento financiero y económico. Pero nuestra ciega, avara y pesetera oligarquía plutocrática lo preparó todo para que continuáramos siendo un país de muy bajo lugar, entre los países más atrasados del mundo contemporáneo.
Esa misma oligarquía plutocrática nos abruma ahora con su plan PRD de una reforma constitucional en la que mal disimula el afán de que el Canal se convierta, por arte jurídico de birlibirloque, en un monopolio propietario del grupo que controla la Autoridad del Canal, para llevar a cabo el gran destino de un tercer grupo de esclusas, que será construido sin costo alguno para los únicos beneficiarios de las esclusas (léase los propietarios de naves mercantes) del estupendo negociado de las esclusas próximas, bajo el control de la Autoridad del Canal, concretado en inmensos y lucrativos contratos de deuda, que se pagarán, según se dice, con los peajes exigibles a las gigantes naves post-Panamax, eternizando la miseria económica y moral del pueblo panameño. Se trata de un exabrupto de lesa Patria.
Ya parece que hemos olvidado que fue ese mismo pueblo, con su lucha de setenta y cuatro años largos (1903-1977); con sus manifestaciones de calles y sus muertos recurrentes, de un puñado de héroes panameños, que se inmolaron durante ese lapso, para que el Canal y la Zona pasaran a propiedad de Panamá, y que no hubiera soldados y marinos controlando las tierras y los mares de Panamá. El pueblo puso los heridos y los muertos, pero los comerciantes extranjeros, abrazados a la oligarquía plutocrática, serán los dueños de las enormes ganancias que produciría el gran negociado, a base del Canal y sus nuevas esclusas.
No otra cosa significan las reformas al artículo 319 de la Constitución (Título sobre el Canal), que aprobarán los Legisladores de hoy, para que la próxima Asamblea (con su mayoría de la llamada Patria Nueva), les imparta la segunda aprobación necesaria, a partir de septiembre venidero, pero que en verdad serán la última estocada en el corazón y en el estómago del pueblo panameño, crucificado en su cruz de hambre y de degradaciones.
En estos mismos días se aprueba también la ley de la explotación extranjera del grandioso complejo de la base aérea de Howard, en Veracruz, para beneplácito de sus concesionarios, principalmente del Asiático sur, extasiados porque allá en el Asia no disponen de un canal, y aquí nos maravillamos con la Ley marco que les permitirá succionar todas las ventajas económicas de tal complejo, pagando bajo salarios y bajas prestaciones, más exoneraciones de impuestos, por el uso de las últimas instalaciones canaleras, edificios anexos y demás ventajas, enlazadas en el concepto del último cambalache canalero.
¿La razón? Porque en las mañanas es quien brinda un reporte a los representantes de la prensa y en la tarde da un avance o realiza consultas al sector privado que permanecen en el "cuarto adjunto", el espacio físico donde se reúne el sector privado para recibir información sobre el avance de la negociación.