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Seguridad ciudadana: Formulaciones y realidades


Cada vez que hemos tenido que reconocer los méritos y las gestiones atinadas que se realizan desde los organismos de seguridad del Estado, la Policía y la PTJ, lo hemos hecho con la mayor diligencia, porque entendemos las complicadas realidades de esas instancias, sobre todo por las herencias que cargan. Entender no significa, sin embargo, justificar. Hay hechos recientes que nos obligan, de la misma manera, a subrayar deficiencias que ponen en entredicho su papel. Por ejemplo, la situación ocurrida en el centro de menores "Demetrio Lakas", de Colón. Cuatro encapuchados que violan la seguridad de una entidad como ésa, entran y le propinan 40 tiros a un menor, es un hecho escandaloso que, además de la sanción más enérgica, requiere, exige, repensar estos problemas y buscar salidas efectivas y duraderas.
No puede ser de otra manera, porque si bien por algunas semanas o meses se mantiene una calma relativa, de momento los delincuentes nos sorprenden con espectacularidades desagradables: un banco asaltado, ejecuciones sumarias; robos de planillas, o cualquier otro delito.
Y no corresponde a la Policía o a la PTJ pedir que la comunidad les entienda. El delito es esa fractura fronteriza donde hace crisis la relación del estado de derecho con las acciones de quienes lo violan, y tal realidad no se combate con propuestas estratégicas sobre la lucha contra la pobreza o una mejor educación, sino con instrumentos coercitivos que detengan esa especie de metástasis.
Una de las deficiencias que observamos es la falta de criterio respecto a las estadísticas del delito, sobre el lugar donde se cometen, la clase de delito y, sobre todo, si es espontáneo u organizado. Claro que ha habido logros, pero no pueden ser esporádicos, sino permanentes.

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