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Seguridad: dos enfoques


La semana pasada, este diario, con un acierto encomiable, comenzó a publicar las propuestas electorales de los tres candidatos presidenciales, comenzando con el tema de la seguridad que, justificadamente, es preocupación principalísima del pueblo panameño. Ante el estruendoso fracaso de la "llamada patria nueva", que ha cumplido "regresivamente" su promesa electoral de "más seguridad", el pueblo panameño anhela propuestas claras y concretas para combatir la inseguridad, que ya ha pasado de problema a desastre nacional.

Como era de esperar, la candidata del PRD, siguió el guión que ella contribuyó a redactar, cuando fungía como "ministra estrella del régimen", materializado en los cinco decretos leyes impuestos por su jefe político y su ayudante para esos menesteres, el defenestrado ministro, Delgado Diamante. En consecuencia, más de lo mismo.

Si la señora Herrera, como ha reiterado, seguirá los pasos de Torrijos, la inseguridad no disminuirá sino que aumentará. Seguirán vigentes los nefastos decretos leyes Torrijos-Delgado; y también el secretismo sobre las multimillonarias compras hechas, sin licitación, para, entre otras cosas, equipar y mantener el "miniejército" conocido como el "Servicio de Fronteras" que, en términos objetivos, no sirve para nada, pero succiona cerca de 80 millones anuales y utiliza recursos materiales y humanos que necesitamos para garantizar la seguridad de nuestras calles.

Los nefastos decretos leyes Torrijos-Delgado deben derogarse. La formulación y aplicación de una "política de Estado" en materia de seguridad tiene que corregir el camino equivocado y absurdo adoptado por Torrijos. El tema, por ser de interés nacional, no puede ser "legislado" a espaldas del pueblo. Hay que construir consensos en un diálogo franco y abierto, con parámetros claros y definidos, sobre las vertientes externa e interna del problema.

En la vertiente externa, vinculada principalmente con las secuelas del conflicto interno colombiano, en lugar de invertir nuestros recursos para crear y armar un ejército "para defendernos", como propone el PRD, debemos exigir al gobierno colombiano, en la misma línea adoptada por el gobierno ecuatoriano, que tome las medidas necesarias "para contener el conflicto dentro de sus fronteras". Ecuador ha exigido a Colombia que despliegue suficientes efectivos del lado de su frontera para evitar las incursiones transfronterizas. Esa es lo que corresponde. Y si el gobierno de Uribe no lo hace, entonces debemos recurrir a las instancias internacionales disponibles: OEA, ONU o el Grupo de Río. Panamá no tiene porqué dedicar recursos para asumir un problema que es de Colombia y que, por tanto, ella debe resolver y no nosotros.

En el campo interno, nuestra preocupación debe ser la seguridad de la vida y bienes de quienes habitan en el territorio nacional, utilizando racional y eficientemente los recursos de que disponemos y los que podríamos disponer si no los distrajéramos en aventuras militaristas para librar guerras imaginarias o que no nos conciernen.

La política de seguridad de Torrijos, que propone continuar su candidata, ha fracasado, tanto internamente como en su proyección externa. Lo que necesitamos, como propone la oposición, son calles y barrios seguros, y una política de seguridad consensuada y no impuesta, con los desastrosos resultados que ya hemos vivido y sufrido durante el régimen de "la patria nueva".

101 años de Panamá América

 
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