Seguridad hemisférica y seguridad humana
Del 27 al 28 de octubre, próximos, se celebrará en la Ciudad de México la Conferencia Especial de Seguridad Hemisférica, en cumplimiento de la instrucción impartida por los Jefes de Estado y de Gobierno en la Tercera Cumbre de las Américas, que se reunió en Québec, Canadá, en abril de 2001. De la conferencia se espera una declaración política que debe actualizar la visión de los países del continente americano sobre los retos que plantea el surgimiento de nuevas amenazas a la seguridad, que por su importancia dejan atrás los enfoques tradicionales producto de la Segunda Guerra Mundial y de su secuela: La Guerra Fría.
En 1945 los países del hemisferio occidental se reunieron en Chapultepec, México, y conjuntamente analizaron cómo enfrentar las amenazas a la seguridad de los estados americanos. De allí nacieron las orientaciones que posteriormente se plasmaron en dos instrumentos medulares del Sistema Interamericano: Uno, el tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, el TIAR, suscrito en Río de Janeiro en 1947, y ratificado por 22 estados; el otro, el Tratado Interamericano de Soluciones Pacíficas o Pacto de Bogotá. El otro instrumento medular es la Carta de la OEA, adoptada en 1948, que dio nacimiento a la Organización de los Estados Americanos.
Conscientes de que la arquitectura de la seguridad hemisférica debe adecuarse a los tiempos que vivimos, en la Segunda Cumbre de las Américas, realizada en Santiago de Chile, se convino en echar a andar el proceso para la celebración de una conferencia especial dedicada a los temas de seguridad antes del año 2005. Los trágicos acontecimientos del 11 de septiembre de 2001 trajeron como consecuencia la decisión de adelantar la conferencia. Inicialmente se pensó celebrarla en mayo de este año, pero finalmente tendrá lugar en la fecha antes indicada.
En las tareas preparatorias ha quedado de manifiesto que todavía no existe un acuerdo hemisférico para definir qué aspectos debe comprender una visión moderna de la seguridad. En ese sentido, todavía se insiste mucho en seguir prestando excesiva atención, a nuestro juicio, a los enfoques tradicionales cuando el énfasis debe hacerse mayormente en abarcar los nuevos enfoques y las nuevas amenazas, pero con una especial atención a los aspectos de la seguridad humana.
El proyecto de declaración, en vista de las circunstancias, es el producto del consenso imperante pero no aborda con suficiente fuerza el tratamiento de las acciones que deberán implementarse para hacer frente a las nuevas amenazas. Si en el plazo que queda, en el que todavía está prevista una última ronda de negociaciones, no puede llegarse a acuerdos de mayor alcance, que incluyan la seguridad económica y la seguridad humana, de la cita de México saldremos con la asignatura pendiente de abordarlos en un futuro que no debe ser muy lejano.
En 1945 los países del hemisferio occidental se reunieron en Chapultepec, México, y conjuntamente analizaron cómo enfrentar las amenazas a la seguridad de los estados americanos. De allí nacieron las orientaciones que posteriormente se plasmaron en dos instrumentos medulares del Sistema Interamericano: Uno, el tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, el TIAR, suscrito en Río de Janeiro en 1947, y ratificado por 22 estados; el otro, el Tratado Interamericano de Soluciones Pacíficas o Pacto de Bogotá. El otro instrumento medular es la Carta de la OEA, adoptada en 1948, que dio nacimiento a la Organización de los Estados Americanos.
Conscientes de que la arquitectura de la seguridad hemisférica debe adecuarse a los tiempos que vivimos, en la Segunda Cumbre de las Américas, realizada en Santiago de Chile, se convino en echar a andar el proceso para la celebración de una conferencia especial dedicada a los temas de seguridad antes del año 2005. Los trágicos acontecimientos del 11 de septiembre de 2001 trajeron como consecuencia la decisión de adelantar la conferencia. Inicialmente se pensó celebrarla en mayo de este año, pero finalmente tendrá lugar en la fecha antes indicada.
En las tareas preparatorias ha quedado de manifiesto que todavía no existe un acuerdo hemisférico para definir qué aspectos debe comprender una visión moderna de la seguridad. En ese sentido, todavía se insiste mucho en seguir prestando excesiva atención, a nuestro juicio, a los enfoques tradicionales cuando el énfasis debe hacerse mayormente en abarcar los nuevos enfoques y las nuevas amenazas, pero con una especial atención a los aspectos de la seguridad humana.
El proyecto de declaración, en vista de las circunstancias, es el producto del consenso imperante pero no aborda con suficiente fuerza el tratamiento de las acciones que deberán implementarse para hacer frente a las nuevas amenazas. Si en el plazo que queda, en el que todavía está prevista una última ronda de negociaciones, no puede llegarse a acuerdos de mayor alcance, que incluyan la seguridad económica y la seguridad humana, de la cita de México saldremos con la asignatura pendiente de abordarlos en un futuro que no debe ser muy lejano.