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Seguridad nacional impuesta y elecciones generales


En lo político, la lluvia de promesas es apabullante. Históricamente, muy pocas terminan cumpliéndose. La historia es hartamente conocida; sin embargo, algo está ocurriendo que no está del todo bien.

Un chico humilde de la provincia de Colón, Irving Saladino, rompió la sequía de 60 años y ganó una medalla de oro olímpico. Se arropó con la bandera panameña, con todo derecho y razón; sin duda, un héroe nacional, merecedor del honor de ser recibido en la Presidencia de la República, con todos los ministros, con un almuerzo fastuoso, la entrega de una placa de reconocimiento especial y la merecida regalía económica.

Con la implementación habitual las acciones populistas, el Presidente de la República, decide darles el día libre a los empleados públicos, paralizando importantes operaciones con estas entidades y en medio de esa alegría pura y propia de la sociedad panameña, en pleno desconocimiento del clamor ciudadano, éste procede al proceso de implementación de sus Decretos sobre la seguridad Nacional, en absoluto irrespeto a la institucionalidad democrática que incluye la participación ciudadana.

Apreciados lectores. ¿Será que el Gobierno piensa que la población está sufriendo de una crisis de amnesia colectiva? ¿Será que el oficialismo sabe algo que no sabemos los demás? ¿Cómo pretende un partido político, a poco tiempo de las elecciones generales, actuar de tal manera? ¿El constante empleo político de la técnica del divisionismo de clases, será parte de algún concebido plan?

Por lo general, se acostumbra a que el partido en el poder, trate de facilitar la reelección de su partido, con actos de gobierno positivos que, concretamente, sean del aprecio popular y utilidad ciudadana. No con actos enojosos y agendas envueltas en secretismos, que traen a la memoria de tantos, los oprobiosos recuerdos de un militarismo repulsivo y cobarde. Sobre todo, en la época del control norieguista.

Ya los dos candidatos oposicionistas han manifestado, claramente, que derogarán los decretos que nadie quiere, salvo el oficialismo. Los del oficialismo ni se atreven a tocar el tema. ¿Qué se espera de esta actitud contraria a todo convencionalismo político? ¿Será que al Presidente no le agradan los candidatos de su partido? ¿Estará nuestra incipiente democracia en verdadero peligro? Pensemos mucho y bien panameños y panameñas, no perdamos de vista que un sistema democrático, con defectos por corregir, es mucho mejor que la pérdida de nuestras libertades ciudadanas.

101 años de Panamá América

 
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