Seguridad pública
La seguridad pública es, sin lugar a dudas, un incómodo problema para la población, a tal punto que los ciudadanos, sin distinción de clase social, se sienten directamente afectados por la ola delictiva que perturba con creces la tranquilidad civil. Expertos en el tema sostienen la tesis de que se debe dirigir a los estamentos de seguridad de manera integral poniendo énfasis en la represión, con el objeto de disminuir progresivamente la incidencia delictiva en Panamá.
Atrás quedaron los rateros que asaltaban en plazas y avenidas con puñal o revólver, y que evadían la justicia corriendo entre la multitud. Hoy el pueblo es testigo de las hazañas criminales más tecnificadas y organizadas en la historia republicana.
Posterior a la invasión norteamericana los integrantes de la Policía Nacional no han podido levantar cabeza y salir adelante con la institución. Cuando reprimen se les tilda de militares y, cuando siguen los procedimientos civiles, se les irrespeta, de forma que no encuentran un equilibrio funcional que les permita obtener el tan anhelado respeto ciudadano.
Durante años, las directivas que han encabezado esa importante institución se han olvidado del recurso humano, lo que provoca la fuga de cerebros. Muchos abandonan las filas de la Policía y aportan sus conocimientos y habilidades en actividades incorrectas: trasiego de estupefacientes, lavado de activos, "tumbes" de droga y secuestros, entre otros delitos. Un aspecto a destacar es la poca empatía que hay en algunos estamentos de seguridad, ello mantiene en alerta permanente a los ciudadanos.
Los actos de violencia se convierten en una pesadilla que llena de luto a gran cantidad de familias panameñas por la falta de prevención y de una efectiva represión a los criminales que a diario se jactan de la incapacidad policial y judicial frente a sus tentáculos e influencias, a tal punto, que hoy vemos situaciones tan deprimentes que son difíciles de asimilar.
No podemos quedarnos de brazos cruzados en esta lucha sin cuartel, porque la delincuencia debilita y golpea directamente la paz social, el desarrollo socioeconómico y el turismo.
Finalizamos el 2008 con la convicción que en el año 2009 los índices de violencia disminuirán considerablemente. El único deseo para el nuevo año es que nuestra convicción se convierta en una realidad palpable para todos los ciudadanos.