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Seguridad y colaboración internacional


Mientras caminaba tranquilamente por concurrida avenida de la capital de Ecuador, con documentos de identidad falsos, fue detenido e inmediatamente deportado Juvenal Ovidio Ricardo Palmera Pineda, más conocido por su alias de Simón Trinidad, nada menos que miembro de la cúpula de las FARC y encargado de sus finanzas.
Esta captura, efectuada por la policía ecuatoriana con la asistencia internacional, ha sido calificada como golpe demoledor a la narcoguerrilla, por cuanto demuestra, de manera objetiva, la infiltración de esos elementos indeseables en territorios de los países que limitan con la República de Colombia.
Obviamente que un narcosubversivo de esa catadura no estaría en Quito únicamente para divertirse o curar su salud sino que deben existir células de apoyo para dicha organización, que les brindan logística, transporte, alojamiento e incluso contactos con el Registro Civil, en donde se sustrajeron la identidad de un campesino ecuatoriano para proporcionarle al faccioso.
El asunto se vuelve más delicado aún si se analiza que Simón Trinidad era el encargado de manejar los cuantiosos recursos de las FARC, producto, entre otros delitos, de secuestros, chantajes, asaltos, y sobre todo de la ruin industria de la droga (por eso el nombre de narcoguerrilla). Se investigan las conexiones para realizar actos de violencia y operaciones de narcolavado. Existe gran expectativa por lo sucedido y porque se descubra las estructuras clandestinas que amenazan a la concordia y al desarrollo de Ecuador que, hasta hace poco tiempo, fue catalogado como isla de paz.
De acuerdo a informaciones oficiales procedentes de Bogotá, las FARC, experimentada en la virulencia armada por más de 40 años y que cuentan con cerca de 20 mil combatientes, tienen presencia en 31 de los 32 departamentos colombianos. Han logrado integrar lo que denominan nueve frentes internacionales que actúan en la clandestinidad en México, Cuba, Panamá, Ecuador, Venezuela, España, Francia, Bélgica y Suiza, bajo la dirección de Raúl Reyes que, también en la ciudad de Quito y mientras se servía un cebiche en conocido y central local de expendio de comidas, el año anterior burló a ocho agentes encubiertos de Inteligencia de Colombia que le espiaban, al subirse precipitadamente a un jeep de cuatro puertas que le esperaba estratégicamente situado.
Se ha informado que en zonas localizadas entre Ecuador y Colombia existen cien o más campamentos narcoguerrilleros y que la paulatina infiltración de elementos indeseables a tierras ecuatorianas se realiza diariamente. Un reportaje de diario “El Universo”, de Guayaquil, asevera que el 10 % de los colombianos que huye de la vorágine en que está envuelta su patria y que atraviesa la frontera podría pertenecer a la guerrilla, en vista de que no se requiere de mayor documentación para hacerlo, por cuanto únicamente se pide la Tarjeta Andina y no pasaporte y visa. Se calcula que en Ecuador existe actualmente medio millón de colombianos. En los sectores del norte ecuatoriano la inseguridad crece y se cometen horrendos delitos. Se teme una abierta represalia de las FARC por la captura del referido cabecilla.
Lo que acontece en las fronteras de Colombia con Venezuela, Panamá, Ecuador, Perú y Brasil refleja la preocupante realidad que se vive y frente a la cual jamás deben cerrar los ojos las correspondientes autoridades de estos países cuya seguridad y paz se encuentran seriamente amenazadas.
En materia de seguridad, no hay que olvidar que la recíproca colaboración de los gobiernos se vuelve imprescindible. De lo contrario, ¿cómo neutralizar las acciones, abiertas o solapadas del narcotráfico y del terrorismo que son fenómenos esencialmente transnacionales?
Usted decide.

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