Seguro Social, colapso seguro
Las declaraciones de Carmelo Mesa Lago, experto en materia de seguridad social, quien en 1997 tomó parte en la elaboración de un estudio preparado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre la situación actuarial de la Caja de Seguro Social, son impactantes, a más de que coinciden a plenitud con los conceptos que desde hace años venimos expresando en nuestros editoriales al respecto.
Según Mesa Lago, para el próximo gobierno será ineludible adoptar las medidas largamente postergadas, si es que se quiere evitar el colapso. "El problema de Panamá ha sido la falta de voluntad política para enfrentar la responsabilidad histórica de resolver la crisis", dijo el experto, quien apuntó a dos problemas: la baja cotización -de las más peores de América Latina- y la igualmente reducida edad de jubilación.
Al ser observado sobre la propuesta del director de la entidad, Juan Jované, de aumentar los ingresos en cuotas gravando los gastos de representación, Mesa Lago opinó que de poco vale aumentar las cuotas si no se ajusta (aumenta) igualmente la edad de jubilación. Gravar los gastos de representación no es más que una "curita" para controlar una hemorragia, hemos dicho.
En el pasado, hemos planteado la tesis de una reestructuración integral. No hay cabida para una solución parcial. En concreto, sugerimos, además de elevar la edad y aumentar las cuotas, igualar la edad de retiro de hombres y mujeres, disminuir los beneficios, aumentar los aportes a quienes tengan más beneficiarios y recortar gastos de operaciones mediante la subcontratación de servicios.
Pero como dice Mesa Lago, se requiere voluntad política para salvar a la institución. Hasta ahora, ha prevalecido la demagogia y la inacción. Y advertimos, si nada se hace, la situación continuará empeorando, hasta que los actuales déficits se hagan insalvables y el deterioro de sus finanzas sea irreversible. Esperamos que el próximo gobierno que surja de las elecciones del 2004 lo haga.
No podemos darnos el lujo de perder la Caja. Ella es el último bastión de estabilidad y justicia social que nos permite llevar a los pobres algo de justicia distributiva, que a la corta y la larga es paz, tranquilidad y convivencia armónica. De algún modo debe surgir un gobernante que recoja los resultados de los diálogos y los estudios, y tome las decisiones, por duras e impopulares que sean. El momento de las discusiones ya pasó.
Según Mesa Lago, para el próximo gobierno será ineludible adoptar las medidas largamente postergadas, si es que se quiere evitar el colapso. "El problema de Panamá ha sido la falta de voluntad política para enfrentar la responsabilidad histórica de resolver la crisis", dijo el experto, quien apuntó a dos problemas: la baja cotización -de las más peores de América Latina- y la igualmente reducida edad de jubilación.
Al ser observado sobre la propuesta del director de la entidad, Juan Jované, de aumentar los ingresos en cuotas gravando los gastos de representación, Mesa Lago opinó que de poco vale aumentar las cuotas si no se ajusta (aumenta) igualmente la edad de jubilación. Gravar los gastos de representación no es más que una "curita" para controlar una hemorragia, hemos dicho.
En el pasado, hemos planteado la tesis de una reestructuración integral. No hay cabida para una solución parcial. En concreto, sugerimos, además de elevar la edad y aumentar las cuotas, igualar la edad de retiro de hombres y mujeres, disminuir los beneficios, aumentar los aportes a quienes tengan más beneficiarios y recortar gastos de operaciones mediante la subcontratación de servicios.
Pero como dice Mesa Lago, se requiere voluntad política para salvar a la institución. Hasta ahora, ha prevalecido la demagogia y la inacción. Y advertimos, si nada se hace, la situación continuará empeorando, hasta que los actuales déficits se hagan insalvables y el deterioro de sus finanzas sea irreversible. Esperamos que el próximo gobierno que surja de las elecciones del 2004 lo haga.
No podemos darnos el lujo de perder la Caja. Ella es el último bastión de estabilidad y justicia social que nos permite llevar a los pobres algo de justicia distributiva, que a la corta y la larga es paz, tranquilidad y convivencia armónica. De algún modo debe surgir un gobernante que recoja los resultados de los diálogos y los estudios, y tome las decisiones, por duras e impopulares que sean. El momento de las discusiones ya pasó.