Seis años más de Hugo Chávez
El Gobierno de Estados Unidos luce resignado tras la aplastante victoria electoral de Hugo Chávez, quien superó a una oposición por primera vez unida, por más de 25 puntos porcentuales. Mírese como se quiera, fue una paliza. Así lo ha entendido la actual administración de George Bush hijo, quien acaba de dar instrucciones precisas a su embajador en Caracas, William Brownfield, para adelantar lo necesario para normalizar sus relaciones diplomáticas, caracterizadas en los últimos años por un duro intercambio de insultos y amenazas, que terminaron por enfriarlas.
El propio Chávez, luego de su contundente triunfo, que le da seis años más de mandato, se ha abstenido de hacer sus usuales comentarios ácidos contra su similar estadounidense. A ambos les conviene al menos moderar sus diferencias.
El presidente Chávez ha dicho que radicalizará la ruta socialista que ha trazado para Venezuela. Pese a ello, pocos han perdido el sueño. El mundo de hoy no tolera un socialismo de estilo soviético. Y entre un modelo de bienestar social del tipo escandinavo y un comunismo capitalista de estilo chino, no hay cabida para una ruta de estilo cubano. Chávez lo sabe, y su mayor problema es preparar su propia receta ideal que menos incomode a la inversión privada, que sigue teniendo una participación decisiva en la economía del país.
Chávez no tiene un pelo de tonto y, por eso, está examinando en detalle las gestiones de sus colegas socialistas, Lula Da Silva en Brasil, y Michelle Bachelet en Chile. Ninguno de los dos últimos ha renunciado a la iniciativa privada y al libre mercado, como tampoco lo han hecho China y Vietnam, el nuevo "tigre asiático", con el que Estados Unidos acaba de restablecer relaciones diplomáticas.
El mundo ha cambiado para todos, para las izquierdas y para las derechas.