Semana de parranda
Así como en los velorios se va a hablar de política y chismes, en esta Semana Mayor o Semana Santa, generalmente, se aprovecha para unas vacacioncitas rociadas del licor accesible según cada status. Lo hacen, con más énfasis, en la Madre Patria donde se toman de domingo a domingo en las playas o sitios de su conveniencia. ¿Por qué no lo vamos a hacer los que fuimos súbditos obligados de aquella Corona?..
Muchos pagan la "manda" de una "goma" yendo a una misa o una procesión por algo del complejo de culpa, pero no es eso tan obligante para el tipo de "cristianismo" que profesamos las mayorías. El propio Creador de esta revolución social-religiosa que lleva más de dos mil años tuvo una vida pública, la que está narrada en textos, de muy escaso tiempo. Apenas unos 304 años debe conllevar la historia de los cronistas de Jesús o los evangelistas. Muy breve tiempo para abarcar tanta trascendencia. En nuestra tierra tropical resulta, igualmente, muy poco esos cinco años de un gobierno que marca el programa actual para enjuiciar las obras de los que mandan.
Nos sigue llamando la atención el sentido de la política y los políticos respecto a esas fotos cambiantes, que suben y bajan según las famosas "percepciones"; las temibles encuestas, las cuales últimamente empiezan a salirle feas a Doña Mireya, más feas a los pre- candidatos de su partido, y más fotogénicas a Martín y Endara.
Se le atribuye a la presidenta muchos desastres del país; pero, sin embargo, hasta hace poco mantenía una imagen personal todavía bien situada, pese al mucho mayor desgaste de sus ministros y altos funcionarios. La gran habilidad de mostrarse en público, de inaugurar en ciudades y campos distintas obras, un rostro sereno ante la lluvia de críticas, hicieron de Mireya Moscoso, para mi concepto, un misterio llamativo: "puede no ser muy culta o académica, pero nadie puede negar su extraordinaria habilidad política". En el análisis que hace, con razón, la gente en distintos lugares, y lo reproduce la prensa de distintas maneras, se plantea que "la pelea será entre Martín y Endara".
El margen porcentual del secretario general del PRD es suficientemente amplio, pero tiene que cuidar los votos independientes, además de los votos arnulfistas, que pueden hacer subir los puntos del ex presidente.
Nadie puede mostrarse triunfalista aún; falta mucho tiempo relativamente. Endara, quien ya fue mandatario, conoce los disfrutes y también las heridas del poder, especialmente las heridas cuando se sale del poder, y las indiferencias de los amigos de ayer, que algunos conocemos bien. Martín conoce también lo que es quedarse con un triunfo tan cercano y no alcanzarlo; con ello, la fuga de los "amigos íntimos", la soledad, la depresión normal del espíritu, lo cual le ofrece ahora mucho mayor cálculo, el sentido de entender que no hay amigos sino únicamente aliados tácticos o estratégicos en el poder, que el poder es soledad, como decía Omar, pese a estar tan rodeado.
Los que siguen pensando en Martín como un muchacho se equivocan en redondo: basta hablar con él de temas importantes, y se reconocerá enseguida la madurez, la profundidad, el sentido abarcador de su temática, cómo está enterado de múltiples cosas, aun de detalles, tanto a nivel estratégico como en lo táctico.
Pese a que Martín parece alguien con el cual se sabe a qué atenerse, ahora se me parece mucho más que ayer a su papá: oyendo todo como un secante, un absorbente, y luego saliéndose con lo que le da la gana, terco como el padre, más bien impredecible. Tal cosa debe generar mucha confusión a su alrededor, especialmente de los que se crean sus "administradores". Y razón tiene, mucha: como decía el General, "el muerto lo pongo yo y no los demás, por tanto me debo cuidar yo mismo de todos". Y bien que lo sabía, por el estilo de su muerte. De manera que entre un Endara, liviano para hablar con él, agradable en el trato, conversador, aparentemente dicharachero y ligero en opiniones (mas sabe cómo llegarle a los votantes con su rostro, supuestamente, naif) y un Martín más bien formal, serio, lineal, grave en ocasiones, de pocas sonrisas, debe estar el campeonato del mayo de 2004, de no ocurrir algún terremoto.
Razón tienen José Miguel, Ameglio o Juliao, de sentirse tan mal, de hacer tantas críticas duras, ya que no logran salir de un trotecito ligero, lento, siendo difícil verlos galopar. Y por los predios oficiales se dice que el ungido oficial es José Miguel Alemán, que no habrá "gallo tapao". Creo que de estas cosas, más que de la pasión y muerte de Jesús, lamentablemente, se hablará mucho más en esta Semana Mayor.
Muchos pagan la "manda" de una "goma" yendo a una misa o una procesión por algo del complejo de culpa, pero no es eso tan obligante para el tipo de "cristianismo" que profesamos las mayorías. El propio Creador de esta revolución social-religiosa que lleva más de dos mil años tuvo una vida pública, la que está narrada en textos, de muy escaso tiempo. Apenas unos 304 años debe conllevar la historia de los cronistas de Jesús o los evangelistas. Muy breve tiempo para abarcar tanta trascendencia. En nuestra tierra tropical resulta, igualmente, muy poco esos cinco años de un gobierno que marca el programa actual para enjuiciar las obras de los que mandan.
Nos sigue llamando la atención el sentido de la política y los políticos respecto a esas fotos cambiantes, que suben y bajan según las famosas "percepciones"; las temibles encuestas, las cuales últimamente empiezan a salirle feas a Doña Mireya, más feas a los pre- candidatos de su partido, y más fotogénicas a Martín y Endara.
Se le atribuye a la presidenta muchos desastres del país; pero, sin embargo, hasta hace poco mantenía una imagen personal todavía bien situada, pese al mucho mayor desgaste de sus ministros y altos funcionarios. La gran habilidad de mostrarse en público, de inaugurar en ciudades y campos distintas obras, un rostro sereno ante la lluvia de críticas, hicieron de Mireya Moscoso, para mi concepto, un misterio llamativo: "puede no ser muy culta o académica, pero nadie puede negar su extraordinaria habilidad política". En el análisis que hace, con razón, la gente en distintos lugares, y lo reproduce la prensa de distintas maneras, se plantea que "la pelea será entre Martín y Endara".
El margen porcentual del secretario general del PRD es suficientemente amplio, pero tiene que cuidar los votos independientes, además de los votos arnulfistas, que pueden hacer subir los puntos del ex presidente.
Nadie puede mostrarse triunfalista aún; falta mucho tiempo relativamente. Endara, quien ya fue mandatario, conoce los disfrutes y también las heridas del poder, especialmente las heridas cuando se sale del poder, y las indiferencias de los amigos de ayer, que algunos conocemos bien. Martín conoce también lo que es quedarse con un triunfo tan cercano y no alcanzarlo; con ello, la fuga de los "amigos íntimos", la soledad, la depresión normal del espíritu, lo cual le ofrece ahora mucho mayor cálculo, el sentido de entender que no hay amigos sino únicamente aliados tácticos o estratégicos en el poder, que el poder es soledad, como decía Omar, pese a estar tan rodeado.
Los que siguen pensando en Martín como un muchacho se equivocan en redondo: basta hablar con él de temas importantes, y se reconocerá enseguida la madurez, la profundidad, el sentido abarcador de su temática, cómo está enterado de múltiples cosas, aun de detalles, tanto a nivel estratégico como en lo táctico.
Pese a que Martín parece alguien con el cual se sabe a qué atenerse, ahora se me parece mucho más que ayer a su papá: oyendo todo como un secante, un absorbente, y luego saliéndose con lo que le da la gana, terco como el padre, más bien impredecible. Tal cosa debe generar mucha confusión a su alrededor, especialmente de los que se crean sus "administradores". Y razón tiene, mucha: como decía el General, "el muerto lo pongo yo y no los demás, por tanto me debo cuidar yo mismo de todos". Y bien que lo sabía, por el estilo de su muerte. De manera que entre un Endara, liviano para hablar con él, agradable en el trato, conversador, aparentemente dicharachero y ligero en opiniones (mas sabe cómo llegarle a los votantes con su rostro, supuestamente, naif) y un Martín más bien formal, serio, lineal, grave en ocasiones, de pocas sonrisas, debe estar el campeonato del mayo de 2004, de no ocurrir algún terremoto.
Razón tienen José Miguel, Ameglio o Juliao, de sentirse tan mal, de hacer tantas críticas duras, ya que no logran salir de un trotecito ligero, lento, siendo difícil verlos galopar. Y por los predios oficiales se dice que el ungido oficial es José Miguel Alemán, que no habrá "gallo tapao". Creo que de estas cosas, más que de la pasión y muerte de Jesús, lamentablemente, se hablará mucho más en esta Semana Mayor.