Señalando con el dedo cuán pequeños somos
Cuando contemplamos a simple vista la inmensidad de la bóveda celestial y podemos apreciar la incontable cantidad de estrellas, complementando con lo que se ha estudiado del universo, tenemos que aceptar que somos una pequeña partícula microscópica que para nada contamos en la gravitación de las galaxias.
Y es que a medida que nos vamos autosugestionando por el poder que en ocasiones está en nuestras manos, creemos que somos omnipotentes y que nuestras decisiones están por encima de lo terrenal. Pareciera que muchos viven en otro mundo como si fuesen extraterrestres, que la sublimación los hubiese transformado a ese estado gaseoso, que nadie puede palpar, ni ver y que los actos bochornosos y deshonestos no hay manera de detectarlos. Esa transformación que es imposible es el sueño de opio de los que creen que todo lo tienen consigo y que pueden actuar impunemente.
El Estado moderno exige que los gobernantes sean probos, ecuánimes, sensatos, humildes y con visión para situarse a la par de los marginados y compartir con ellos sus desesperanzas, desasosiegos y alegrías, según sea el caso.
¿Qué hay en nuestro mundano vivir? Soberbia, mala fe, envidia, tráfico de influencias y lo que es peor, no se sabe perdonar. Demandas inocuas por cualquier quítame esa paja del ojo, normalmente con el deseo de perjudicar, más que aclarar conceptos mal esgrimidos que se pudieran resolver en un diálogo sensato y sereno, sin hacer ostentación de la posición que se ocupe.
Hemos visto cómo los que dirigen la Cosa Pública han dado un viraje de noventa grados, a partir del referéndum de 1998 y lo que es peor, cómo se trata de entorpecer la gestión de gobierno que se iniciará el primero de septiembre venidero.
Las leyes aprobadas a priori, tales como la reforma al Reglamento Interno de la Asamblea Legislativa, la creación de la Sala Quinta de la Corte Suprema de Justicia, la eliminación de las leyes mordaza, como se les ha denominado, que la que sustituye es más onerosa para los que se dedican a informar a la opinión pública, aunque se dice que se revisará esta última y qué decir de otras, nos dan la tónica de lo que se viene fraguando para seguir gobernando, habiendo perdido las elecciones de mayo pasado.
¿De qué sirve que los candidatos que perdieron hayan reconocido el triunfo de la ganadora, si los que siguen dirigiendo la ignoran?
Hay que poner los pies sobre la tierra. Es recomendable recordar a los miembros del partido en el poder, que si la oposición a la dictadura hubiese seguido la línea que ellos trazaron a partir de 1968, se debió declarar fuera de ley su agrupación, a partir de 1989, por tanto daño que habían causado a la Nación y a la ciudadanía y no se hizo por respeto a la democracia, por la que tanto se luchó, y a la Constitución Nacional.
Se está jugando con fuego. Hay una inmensa mayoría de la población que no les respalda, a la cual deben respetar. Los excesos son peligrosos porque siempre se sabe donde comienza una disputa; nunca donde terminará.
No hay que olvidar que el pueblo sufrió veintiún años de dictadura, esperando su redención y cuando vinieron los cambios poco logró a su favor. Subió el actual régimen y las cosas siguieron en franco deterioro para los menesterosos. Nada más menciono un caso. La salud a nivel nacional es cada día menos atendida y el pueblo sigue padeciendo pacientemente.
¿CUANTO TIEMPO MAS RESISTIRA?
Si lo que se viene publicando sobre negocios turbios es realidad, las cárceles serían pequeñas para albergar a los delincuentes. Lo malo es que a éstas sólo llegan los rateros.
En otro orden de cosas, hay que apoyar la gestión que está haciendo el Dr. Miguel Antonio Bernal sobre la Asamblea Constituyente. Estoy seguro que será la solución que ha esperado el país por largos años.
Y es que a medida que nos vamos autosugestionando por el poder que en ocasiones está en nuestras manos, creemos que somos omnipotentes y que nuestras decisiones están por encima de lo terrenal. Pareciera que muchos viven en otro mundo como si fuesen extraterrestres, que la sublimación los hubiese transformado a ese estado gaseoso, que nadie puede palpar, ni ver y que los actos bochornosos y deshonestos no hay manera de detectarlos. Esa transformación que es imposible es el sueño de opio de los que creen que todo lo tienen consigo y que pueden actuar impunemente.
El Estado moderno exige que los gobernantes sean probos, ecuánimes, sensatos, humildes y con visión para situarse a la par de los marginados y compartir con ellos sus desesperanzas, desasosiegos y alegrías, según sea el caso.
¿Qué hay en nuestro mundano vivir? Soberbia, mala fe, envidia, tráfico de influencias y lo que es peor, no se sabe perdonar. Demandas inocuas por cualquier quítame esa paja del ojo, normalmente con el deseo de perjudicar, más que aclarar conceptos mal esgrimidos que se pudieran resolver en un diálogo sensato y sereno, sin hacer ostentación de la posición que se ocupe.
Hemos visto cómo los que dirigen la Cosa Pública han dado un viraje de noventa grados, a partir del referéndum de 1998 y lo que es peor, cómo se trata de entorpecer la gestión de gobierno que se iniciará el primero de septiembre venidero.
Las leyes aprobadas a priori, tales como la reforma al Reglamento Interno de la Asamblea Legislativa, la creación de la Sala Quinta de la Corte Suprema de Justicia, la eliminación de las leyes mordaza, como se les ha denominado, que la que sustituye es más onerosa para los que se dedican a informar a la opinión pública, aunque se dice que se revisará esta última y qué decir de otras, nos dan la tónica de lo que se viene fraguando para seguir gobernando, habiendo perdido las elecciones de mayo pasado.
¿De qué sirve que los candidatos que perdieron hayan reconocido el triunfo de la ganadora, si los que siguen dirigiendo la ignoran?
Hay que poner los pies sobre la tierra. Es recomendable recordar a los miembros del partido en el poder, que si la oposición a la dictadura hubiese seguido la línea que ellos trazaron a partir de 1968, se debió declarar fuera de ley su agrupación, a partir de 1989, por tanto daño que habían causado a la Nación y a la ciudadanía y no se hizo por respeto a la democracia, por la que tanto se luchó, y a la Constitución Nacional.
Se está jugando con fuego. Hay una inmensa mayoría de la población que no les respalda, a la cual deben respetar. Los excesos son peligrosos porque siempre se sabe donde comienza una disputa; nunca donde terminará.
No hay que olvidar que el pueblo sufrió veintiún años de dictadura, esperando su redención y cuando vinieron los cambios poco logró a su favor. Subió el actual régimen y las cosas siguieron en franco deterioro para los menesterosos. Nada más menciono un caso. La salud a nivel nacional es cada día menos atendida y el pueblo sigue padeciendo pacientemente.
¿CUANTO TIEMPO MAS RESISTIRA?
Si lo que se viene publicando sobre negocios turbios es realidad, las cárceles serían pequeñas para albergar a los delincuentes. Lo malo es que a éstas sólo llegan los rateros.
En otro orden de cosas, hay que apoyar la gestión que está haciendo el Dr. Miguel Antonio Bernal sobre la Asamblea Constituyente. Estoy seguro que será la solución que ha esperado el país por largos años.