Sendero Luminoso
Una contradicción sostenida y hasta desesperante caracteriza a ciertas sociedades latinoamericanas. La semana pasada se informó que en el sur de Perú se reactiva, cual fantasma, la vieja guerrilla maoísta "Sendero Luminoso". Curioso, porque mientras esto sucede, el hombre que la sepultó, Alberto Fujimori, se pudre en una cárcel, acusado por una masacre en la que no se aclara si tuvo o no participación, si estuvo o no informado. Controvertido período, no dejan de causar hilaridad las interpretaciones de coyuntura y la implementación de ciertas políticas que parecieran conducir a ciegas las políticas de los Estados.
Cuando Fujimori asumió la presidencia, Perú zozobraba en un pantano de violencia que técnicamente podía considerarse como una guerra civil. Fue Fujimori quien inclinó la balanza a favor del país, detuvo a la guerrilla y sus principales capos cumplen hoy condenas perpetuas. Sin embargo, una vez estuvo resuelto el problema, aquellos que fueron incapaces de enfrentar a la insurgencia, con voces de democracia salieron a condenar y a perseguir, precisamente, al hombre que había librado al país de la violencia guerrillera.
Los contactos y la complicidad de Fujimori con el tenebroso Vladimiro Montesinos facilitaron el camino a la cárcel del ex mandatario. Entonces las acciones ocurridas en medio de una guerra en defensa de la democracia fueron consideradas violaciones a los derechos humanos.
La historia, entre tanto, es implacable. Habrá que ver a qué libritos o a qué experiencias recurrirá ahora Perú para detener este resurgimiento de los maoístas de Sendero.