Señora Presidenta...
Le escribo estas líneas a 2,000 metros de altura, mirando los incipientes caudales del río Caldera que se desplaza espumoso en torno a un árbol centenario que se alza lleno de musgo en medio de la corriente. El sol mete sus dedos de luz entre el follaje. Mi hija Pilar, al pasar, dice haber visto una mariposa que parecía un hada. Estoy caminado el Sendero de los Quetzales cuesta arriba desde Boquete y me detuve en este recodo del camino para estar sólo con la naturaleza, mientras mis hijos Raúl y José Carlos proseguían la caminata. Le confieso que pocas veces en mi vida he visto y estado en contacto con un paisaje tan subyugante como éste.
Varios caminantes, nacionales y extranjeros, se han cruzado con nosotros, todos admirados por la belleza del lugar. Uno puede sentir y palpar el equilibrio de la vida en estos parajes; cada elemento está concatenado con el otro y todo gira en torno al agua, pues de una u otra manera este lugar se asemeja a la Alhambra de Granada en que el sonido del precioso líquido casi nunca lo abandona a uno. Este sendero nos conduce por el corazón acuático silvestre de una de las regiones más hermosas y productivas del país.
Si me está leyendo, Presidenta, pensará que por qué le detallo cosas que usted conoce, pues es una antigua residente de estos lares. Ahora se lo explico: Andando por el Sendero se ven las marcas rojas naranjas fosforescentes señalizando a algunos árboles, lo que me remarca la intención suya y de su gobierno de construir una carretera a través de este bosque.
Todas las evidencias científicas ambientales que conozco sobre este proyecto y las situaciones similares en el orbe, son concluyentes en afirmar que una carretera destruirá el equilibrio natural y conducirá inevitablemente a afectar el ambiente y la calidad de vida de regiones tan afortunadas como ésta.
No sólo todas las encuestas de opinión que conozco, sino todas las encuestas de carne y hueso que he contabilizado, me transmiten el mayoritario rotundo rechazo ciudadano a este proyecto. No olvide Presidenta, que la gente hoy posee una cada vez mayor conciencia ambientalista. Además, estamos en plena campaña electoral y los candidatos y candidatas de la alianza política que la sustenta y que usted apoya, evidentemente, están pagando el costo de esta decisión suya, y la pagarán más aún si se produce la dantesca escena de los bulldozer rompiendo el bosque y dañando irremisiblemente la delicada telaraña de agua y verdor de esas montañas. Por favor, no abandone la lectura. Permítame comunicarme con usted.
La pregunta es: ¿Por qué usted insiste que la carretera va? Dicen que usted responde a intereses creados, ligados a la propiedad de la tierra o de proyectos transnacionales hoteleros que necesitan esa área para valorizarse. Con todo respeto, debo recordarle que usted encarna el mandato de una mayoría ciudadana que le asignó la misión de cuidar y promover el bien común, por encima de intereses particulares determinados. Ese es el sentido del vox populi vox dei. El pueblo le otorga la representación de sus intereses y aspiraciones, pero no es un cheque en blanco sino que la gente continúa incidiendo no sólo a través del voto, sino de sus opiniones y clamando por canales de participación que orienten al gobernante.
¿Qué significa en este marco la palabra de un o una gobernante? La palabra no es inmutable. El empecinamiento o la terquedad debe subordinarse a la capacidad autocrítica y a la posibilidad de corregir el rumbo cuando sea necesario, siempre en función de los mejores intereses del país.
Señora Presidenta: ¿Por qué en año nuevo, precisamente cuando uno hace su lista de las cosas que debe cambiar, de los deseos de superación y de mejoramiento, usted no da la cara al pueblo y medios de comunicación y con una de sus encantadoras sonrisas le dice al país que el Sendero sí va? Así demuestra que una presidenta tiene el valor de cambiar cuando es para bien o para mejor. Le aseguro que de hacerlo sería una señal de fortaleza y no de debilidad- y recibiría el beneplácito de la mayoría de los habitantes de este país, fortaleciendo su legitimidad y credibilidad, a la par de sus opciones políticas; daría una lección de estadista.
Lo dejo de este tamaño, pues el bajareque emborrona el papel y creo escuchar el aletear de lo que espero sea el verde esperanza de un quetzal en el árbol que se yergue en medio de la quebrada.
Varios caminantes, nacionales y extranjeros, se han cruzado con nosotros, todos admirados por la belleza del lugar. Uno puede sentir y palpar el equilibrio de la vida en estos parajes; cada elemento está concatenado con el otro y todo gira en torno al agua, pues de una u otra manera este lugar se asemeja a la Alhambra de Granada en que el sonido del precioso líquido casi nunca lo abandona a uno. Este sendero nos conduce por el corazón acuático silvestre de una de las regiones más hermosas y productivas del país.
Si me está leyendo, Presidenta, pensará que por qué le detallo cosas que usted conoce, pues es una antigua residente de estos lares. Ahora se lo explico: Andando por el Sendero se ven las marcas rojas naranjas fosforescentes señalizando a algunos árboles, lo que me remarca la intención suya y de su gobierno de construir una carretera a través de este bosque.
Todas las evidencias científicas ambientales que conozco sobre este proyecto y las situaciones similares en el orbe, son concluyentes en afirmar que una carretera destruirá el equilibrio natural y conducirá inevitablemente a afectar el ambiente y la calidad de vida de regiones tan afortunadas como ésta.
No sólo todas las encuestas de opinión que conozco, sino todas las encuestas de carne y hueso que he contabilizado, me transmiten el mayoritario rotundo rechazo ciudadano a este proyecto. No olvide Presidenta, que la gente hoy posee una cada vez mayor conciencia ambientalista. Además, estamos en plena campaña electoral y los candidatos y candidatas de la alianza política que la sustenta y que usted apoya, evidentemente, están pagando el costo de esta decisión suya, y la pagarán más aún si se produce la dantesca escena de los bulldozer rompiendo el bosque y dañando irremisiblemente la delicada telaraña de agua y verdor de esas montañas. Por favor, no abandone la lectura. Permítame comunicarme con usted.
La pregunta es: ¿Por qué usted insiste que la carretera va? Dicen que usted responde a intereses creados, ligados a la propiedad de la tierra o de proyectos transnacionales hoteleros que necesitan esa área para valorizarse. Con todo respeto, debo recordarle que usted encarna el mandato de una mayoría ciudadana que le asignó la misión de cuidar y promover el bien común, por encima de intereses particulares determinados. Ese es el sentido del vox populi vox dei. El pueblo le otorga la representación de sus intereses y aspiraciones, pero no es un cheque en blanco sino que la gente continúa incidiendo no sólo a través del voto, sino de sus opiniones y clamando por canales de participación que orienten al gobernante.
¿Qué significa en este marco la palabra de un o una gobernante? La palabra no es inmutable. El empecinamiento o la terquedad debe subordinarse a la capacidad autocrítica y a la posibilidad de corregir el rumbo cuando sea necesario, siempre en función de los mejores intereses del país.
Señora Presidenta: ¿Por qué en año nuevo, precisamente cuando uno hace su lista de las cosas que debe cambiar, de los deseos de superación y de mejoramiento, usted no da la cara al pueblo y medios de comunicación y con una de sus encantadoras sonrisas le dice al país que el Sendero sí va? Así demuestra que una presidenta tiene el valor de cambiar cuando es para bien o para mejor. Le aseguro que de hacerlo sería una señal de fortaleza y no de debilidad- y recibiría el beneplácito de la mayoría de los habitantes de este país, fortaleciendo su legitimidad y credibilidad, a la par de sus opciones políticas; daría una lección de estadista.
Lo dejo de este tamaño, pues el bajareque emborrona el papel y creo escuchar el aletear de lo que espero sea el verde esperanza de un quetzal en el árbol que se yergue en medio de la quebrada.