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Sensatez y alivio



La sensatez con la cual ha actuado el señor Presidente de la República al vetar la recién pasada ley sobre el transporte en la Asamblea Nacional, a más de ser digna de encomio, ha sido causante de regocijo general.
Los miles de usuarios que padecen a diario las consecuencias de la criminal codicia y desgreño con que se ha venido manejando el sistema, sienten ahora un gran alivio.
Es de esperar que los señores diputados se den cuenta del caos a que expusieron al país y al que lo pueden exponer si persisten en mantener la ley tal cual está y sigue defendiendo la muy cínica, vergonzosa y repudiable conformación de una Junta Directiva de la ATTT conformada por cuatro transportistas y dos usuarios; es decir, una aplanadora para adoptar decisiones que serían siempre impuestas por insaciables bellacos.
Tanto los de ellos que se iban a beneficiar de sus vergonzosos efectos, así como sus colegas que los apoyan por afecto, debieran darse cuenta de que no deben imponerla por insistencia. En caso de hacerlo, serán los transportistas los perdedores. Su viejo recurso de amenazar con acudir a una huelga, ya a nadie espanta. El pueblo sería el que se declararía en huelga contra ellos. Se abstendría de movilizarse para así mantener el sistema sin operar. Provocarían el repudio de los distribuidores del combustible que tendrían que mantenerlo en sus depósitos sin salida, afectarían a comerciantes e industriales; los ciudadanos de todas las capas sociales, es decir, el país entero estaría en su contra. Y peor aún, y quiera Dios que eso no suceda, estarían afrontando los señores transportistas y los propios diputados que los apoyan las consecuencias de haber desafiado la ira de todo un pueblo ya asqueado y enardecido por sus homicidas atropellos físicos y morales.

101 años de Panamá América

 
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