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Sepulcro blanqueado


"Whitened sepulcher" es la expresión original en inglés que se refiere a una persona internamente corrupta o malvada, pero que por fuera se presenta como virtuoso o santo: hipócrita. Esta expresión viene de Jesús en Mateo 23:27, refiriéndose probablemente a que el muerto ya no es responsable de nada o que lo malo que uno haya hecho queda borrado. Una especie de indulto que da la vida cuando se pierde. Igualito que un presidente indulta a sus amigos para que no se les pueda demandar por todos los atropellos y latrocinios, pequeños y grandes, que cometieron.
El indulto es, en efecto, al mismo tiempo, una violación del derecho del individuo (el indultado), pues presume alguna culpabilidad y le impide demostrar su inocencia. Es, en cierto modo, la negación del derecho de ser considerado inocente hasta que se pruebe su culpabilidad. El indulto es una aberración jurídica, pues no se supone que se haya de indultar a quien no se ha probado culpable. Como se está utilizando en la actualidad, el indulto viene a ser una presunción de culpabilidad que se pretende lavar o mejor dicho blanquear.
El presidente, en su papel de indultador, no necesita que nadie lo indulte, a pesar de que probablemente sus actividades fueron tan punibles o peores que las de sus subalternos. El ya viene indultado de antemano y para siempre. Está en la Constitución, me dicen.
Con razón hacen todo lo que pueden, y más, para lograr la presidencia. Gastan, para conseguir este objetivo, lo propio y lo ajeno en cantidades muy superiores a lo que puede representar la remuneración que oficialmente le toque como salario en ese cargo. Lo que va a sacar es mucho más que eso. Y todos lo hacen. Un ex vicepresidente lo dijo, pensando que hablaba con sus colegas en confianza y que no lo iban a oír los oídos indiscretos: "Todos los gobiernos roban". ¿Trataba de justificar acciones que tal vez alguno de sus compañeros no estaban dispuestos a aceptar?
Lo que este caballero (con el perdón de los verdaderos caballeros) - hoy legislador y traidor a su partido, que goza de beneficios mucho más duraderos que un período en el poder- afirmó es tan cierto que en la historia panameña nunca hubo un presidente que permitiera que se investigue a sus predecesores. Pueden atacar a sus antecesores y también a sus sucesores, criticarlos y tratar de desacreditarlos, pero nunca investigarlos ni menos tratar de recuperar lo que robaron. La única excepción es cuando hay dinero de por medio que él robó, pero luego sus circunstancias no le permiten disfrutarlo porque está fuera de su alcance, como en el caso de Noriega.
Pérez Balladares hizo todo lo que pudo para poner piedras en el camino de Mireya. Y ésta, a su vez, trató de destruir todo lo que pudo de esos actos y de algunos de los sospechosos nombramientos que hizo su antecesor. Pero ahí paró. Hizo oídos sordos a todas las denuncias y se aseguró que la controlaría estuviera en manos de alguien de su entera confianza.
Indulto es, pues, el proceso de blanquear el sepulcro pero no de un muerto, sino de vivos, que además son expertos en el juega vivo y se sienten libres de su pasado, por lo menos en lo que a la justicia se refiere. Indulto es también una forma de garantizar al facineroso que una vez en el cargo, puede hacer de las suyas, que al final del período, se blanqueará su sepulcro; mientras tanto, a callar si alguien lo acusa.
Después de la época norieguista -cuando aparentemente no hubo oportunidad para que Noriega indultara a sus socios, colegas, amigos y cómplices- el primero que procedió a repartir indultos, fue Guillermo Endara.
Cuando llegó a la presidencia de Panamá, don Ernesto Pérez Balladares procedió a indultar a todos sus correligionarios, que si no hubieran sido maleantes, el indulto no hubiera sido necesario. Porque ahora el delito cubre todo lo que el indultado haya hecho durante su mandato. Sé que hay por lo menos una funcionaria que se caracterizó por su honestidad, que no fue necesario indultar y no la indultaron.
Luego, en un viaje de esos que realizara Pérez Balladares, cuando quedó su vice "Fito" Altamirano Duque ("todos los gobiernos roban") en el trono, sin perder un minuto se mandó otros 140 indultos y estos sí que tenían una carga aún más completa.
Y dos días antes de dejar el "trono", Pérez Balladares se mandó otro lote de indultos que se diferencia de los otros en que esta vez incluyó a más sujetos turbios, como su ministro de obras públicas, pero los indultó, ya que no podía dejarlos a que los investiguen y descubran cosas. Y este es el Panamá que hoy vivimos. Elegimos nuevos gobernantes que de inmediato posesionan a sus incondicionales, con la garantía de que no dejarán el poder sin automáticamente cubrirlos con el indulto más completo posible.
Luego viene otro gobierno y el proceso se repite. ¿Qué hará la mandataria actual para blanquear los sepulcros que se generen durante su mandato? No se sorprendan si ella también indulta a algunos cientos de sus copartidarios. En otras palabras, cada cinco años, borrón y cuenta nueva. Todos empiezan la nueva época lavaditos y planchados, como camisas blancas, o tal vez más propiamente como sepulcros blanqueados.
¿Por qué es necesario que se mantenga la costumbre del indulto? Posiblemente porque virtualmente todos los que ascienden al poder lo hacen con fines de enriquecimiento personal a cuyo fin están dispuestos a cometer toda clase de delitos, al estilo espartano que si no te pescan, no has hecho nada malo y si te pescan, simplemente agáchate y espera el indulto correspondiente. Lo importante es que no se prohíbe porque los que tendrían la facultad de legislar al respecto son precisamente lo que tarde o temprano van a ser beneficiados con su respectivo indulto.

101 años de Panamá América

 
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