Ser pequeño es mejor
Sabía usted que de los diez países más ricos del mundo sólo dos tienen una población mayor de cinco millones? Estados Unidos y Suiza. Y los dos siguientes tienen una población apenas superior a un millón: Noruega y Singapur. Los demás seis países más ricos del mundo tienen una población menor de un millón. Pues, en un libro reciente ("The Size of Nations"), dos economistas buscan responder si ser una nación pequeña representa una ventaja o desventaja en la carrera por la prosperidad de sus habitantes.
En el libro, los autores exponen los beneficios y costos de ser un país grande y de ser uno pequeño. Consideran que el tamaño óptimo depende del balance adecuado entre los beneficios que proporcionan las economías de escala y los costos relacionados con la heterogeneidad. Resaltan que un país grande puede contar con un gobierno proporcionalmente más reducido. Ciertos costos, como lo son carreteras y ejércitos, son distribuidos entre más personas; por lo tanto, generando un costo por habitante inferior y por ende menos impuestos. Naciones grandes tienen mayores mercados, lo que les permite gozar de economías de escala. También pueden distribuir recursos geográficamente, cuando una parte del país se ve afectada por algún desastre o recesión y cuando una parte es más próspera que otra. Pero un costo típico de un país extenso y populoso es su heterogeneidad. Eso usualmente se convierte en reclamas y preferencias de sectores especiales que los gobiernos no pueden o resulta más oneroso atender.
Así las cosas, Estados Unidos podría ser señalado como la excepción a la regla propuesta por los autores, toda vez que se trata de un país extenso y bastante heterogéneo, pero sumamente exitoso. Su clave, sin embargo, es que no se trata de una nación con un gobierno y una economía centralizada; su sistema federal concede gran flexibilidad a los estados y sus comunidades. Más bien, los autores señalan que se trata de un país con decenas de mini-países.
Otra conclusión a la que llegan los autores es que los países pequeños únicamente pueden prosperar cuando hay libertad y apertura comercial. Sólo así pueden potenciar su homogeneidad y aprovecharse de las economías de escala (industriales principalmente) de otros países. Ellos señalan a Suiza, Noruega y Singapur como ejemplos de países comparativamente pequeños que han aprovechado esta era de apertura comercial. Añadimos, nosotros, que Panamá bien podría convertirse en otro ejemplo, quizá comparativo regionalmente, de un país pequeño, homogéneo y abierto que ha aprovechado, aunque un tanto limitadamente, estos factores. Valdría la pena que nuestros futuros gobernantes repasaran estos conceptos para diseñar las políticas económicas que ejecutarán.
En el libro, los autores exponen los beneficios y costos de ser un país grande y de ser uno pequeño. Consideran que el tamaño óptimo depende del balance adecuado entre los beneficios que proporcionan las economías de escala y los costos relacionados con la heterogeneidad. Resaltan que un país grande puede contar con un gobierno proporcionalmente más reducido. Ciertos costos, como lo son carreteras y ejércitos, son distribuidos entre más personas; por lo tanto, generando un costo por habitante inferior y por ende menos impuestos. Naciones grandes tienen mayores mercados, lo que les permite gozar de economías de escala. También pueden distribuir recursos geográficamente, cuando una parte del país se ve afectada por algún desastre o recesión y cuando una parte es más próspera que otra. Pero un costo típico de un país extenso y populoso es su heterogeneidad. Eso usualmente se convierte en reclamas y preferencias de sectores especiales que los gobiernos no pueden o resulta más oneroso atender.
Así las cosas, Estados Unidos podría ser señalado como la excepción a la regla propuesta por los autores, toda vez que se trata de un país extenso y bastante heterogéneo, pero sumamente exitoso. Su clave, sin embargo, es que no se trata de una nación con un gobierno y una economía centralizada; su sistema federal concede gran flexibilidad a los estados y sus comunidades. Más bien, los autores señalan que se trata de un país con decenas de mini-países.
Otra conclusión a la que llegan los autores es que los países pequeños únicamente pueden prosperar cuando hay libertad y apertura comercial. Sólo así pueden potenciar su homogeneidad y aprovecharse de las economías de escala (industriales principalmente) de otros países. Ellos señalan a Suiza, Noruega y Singapur como ejemplos de países comparativamente pequeños que han aprovechado esta era de apertura comercial. Añadimos, nosotros, que Panamá bien podría convertirse en otro ejemplo, quizá comparativo regionalmente, de un país pequeño, homogéneo y abierto que ha aprovechado, aunque un tanto limitadamente, estos factores. Valdría la pena que nuestros futuros gobernantes repasaran estos conceptos para diseñar las políticas económicas que ejecutarán.