¿Seremos alguna vez una nación libre?
Los países pequeños del infortunado mundo ibero - americano, no somos todavía naciones libres. Tenemos un himno, una bandera, un Presidente (o Presidenta), etc. etc. Pero a la hora de querer sacudirnos el yugo de las instituciones de crédito, ahí se termina la Libertad. ¡Es una vergüenza para las llamadas Democracias!
¿Quiénes deciden que haya "globalizaciones", sino los que ya están trepados en los globos, los países ricos? Ya volando alto, sus globos se inflan más, mientras a los pobres se les desinfla todo, comenzando por el bolsillo. Así que no hay que seguir comiendo del cuento de los poderosos, que basan gran parte de su riqueza, en la pobreza de los demás. Hay que acabar con el regalito de la deuda que nos legó la dictadura. La cosa más lógica del mundo es la solución del Gobierno actual, conforme al criterio de un hombre tan competente como el Ministro Víctor Juliao: en vez de meterse en más deudas internacionales y llegar a la dolorosa situación de Ecuador, abandonemos esa fanfarria desvergonzada de créditos extraordinarios para obras colosales, y amorticemos la deuda actual, sin volver a pedirle prestado a ningún banco Exterior. Es una falacia politiquera decir que con esas grandes inversiones se reduce la pobreza, porque se crean puestos de trabajo. Sólo se ofrecen trabajos temporales, y no es eso lo que necesitamos. Lo que necesitamos para surgir victoriosos es no seguir endeudándonos.
La danza de los millones debe terminarse. Nosotros lo sabemos por experiencia: siendo el Primer Director del IRHE, proyectamos la Hidroeléctrica del Bayano. Sabíamos su costo, pues nos tocó en suerte realizar en España, años atrás, una obra de casi exactamente las mismas dimensiones. Su costo neto, real, era 40 millones. Se me propuso el costo de 76 millones, y como yo le pusiera mala cara, el funcionario del caso me dijo, frotando los dedos: "A Ud. que más le da.... si todo ese dinero se va a quedar aquí" (más fricción de dedos). No acepté la negociación: insistí en que la obra costaba 40 millones. Y me echaron del país. Me fui jurando que no volvería más a mi patria. Años después, el Bayano, que lleva el nombre de otro, costó 120 millones, según me informó un enteradillo. Y no me extraña, porque también Fortuna se inició bajo mi Dirección: yo le calculé, entonces, (1964) el costo de 160 millones. Según me han dicho su costo inicial sobrepasó los 500 millones. ¡Así es como se forman las monstruosas deudas que hoy sufrimos!
Recuerdo un tiempo en que el Estado llamaba, en publicaciones en el extranjero, a que los contratistas hicieran sus propuestas directamente, con financiamiento incluido; ellos recibían después los pagos a plazos fijos convenidos en la propuesta, los que se pagaban con la obra misma. Esta sí es una manera lógica, que evita el endeudamiento, puesto que cada obra se va pagando con sus propios productos. Por ejemplo, el Bayano se pagó hace tiempo, a pesar de su escandaloso precio; Fortuna, salvo los últimos gastos millonarios, también ya se ha pagado; La Yeguada ha dado ya unas 30 veces su valor. Y entonces la pregunta es ésta: ¿Por qué se sigue en Panamá pagando la electricidad a precio de robo, si todas esas grandes obras ya prácticamente se han pagado? ¿Cómo puede salir un pueblo de la pobreza si la electricidad tiene precios escandalosos, y aún se pretende subirlos más? En los Estados Unidos el Kilovatio vale 2 centavos, en sitios en donde la energía es térmica (que es mucho más cara que la hidroeléctrica). En Panamá vales 12 centavos el Kilovatio, ¿Cómo vamos a salir de la pobreza con una electricidad seis veces más cara que en Estados Unidos?
En el Interior hay emplazamientos por millares para instalar hidroeléctricas pequeñas, con clientela local. Pero son pueblos pobres y hay que tratarlos como a pobres. Creemos que por estas plantitas eléctricas hay que empezar, porque sin lo más fundamental que es la luz eléctricas, no hay progreso. Nadie puede salir de la pobreza viviendo en las tinieblas. Llevar largas líneas de conducción a los poblados rurales, no es rentable. Constituye un disparate (rentable solamente para algunos) en que ya ha incurrido nuestro país. Hay mecanismos "rurales" económicos, para emplear en plantas pequeñas, en las cercanías de los poblados.Y preguntamos: ¿Qué nos hace más falta: la conexión con Centroamérica, que nos va a salir por un rincón (y la mitad del otro), o dedicarnos a montar pequeñas plantitas por todos lados?
¿Quiénes deciden que haya "globalizaciones", sino los que ya están trepados en los globos, los países ricos? Ya volando alto, sus globos se inflan más, mientras a los pobres se les desinfla todo, comenzando por el bolsillo. Así que no hay que seguir comiendo del cuento de los poderosos, que basan gran parte de su riqueza, en la pobreza de los demás. Hay que acabar con el regalito de la deuda que nos legó la dictadura. La cosa más lógica del mundo es la solución del Gobierno actual, conforme al criterio de un hombre tan competente como el Ministro Víctor Juliao: en vez de meterse en más deudas internacionales y llegar a la dolorosa situación de Ecuador, abandonemos esa fanfarria desvergonzada de créditos extraordinarios para obras colosales, y amorticemos la deuda actual, sin volver a pedirle prestado a ningún banco Exterior. Es una falacia politiquera decir que con esas grandes inversiones se reduce la pobreza, porque se crean puestos de trabajo. Sólo se ofrecen trabajos temporales, y no es eso lo que necesitamos. Lo que necesitamos para surgir victoriosos es no seguir endeudándonos.
La danza de los millones debe terminarse. Nosotros lo sabemos por experiencia: siendo el Primer Director del IRHE, proyectamos la Hidroeléctrica del Bayano. Sabíamos su costo, pues nos tocó en suerte realizar en España, años atrás, una obra de casi exactamente las mismas dimensiones. Su costo neto, real, era 40 millones. Se me propuso el costo de 76 millones, y como yo le pusiera mala cara, el funcionario del caso me dijo, frotando los dedos: "A Ud. que más le da.... si todo ese dinero se va a quedar aquí" (más fricción de dedos). No acepté la negociación: insistí en que la obra costaba 40 millones. Y me echaron del país. Me fui jurando que no volvería más a mi patria. Años después, el Bayano, que lleva el nombre de otro, costó 120 millones, según me informó un enteradillo. Y no me extraña, porque también Fortuna se inició bajo mi Dirección: yo le calculé, entonces, (1964) el costo de 160 millones. Según me han dicho su costo inicial sobrepasó los 500 millones. ¡Así es como se forman las monstruosas deudas que hoy sufrimos!
Recuerdo un tiempo en que el Estado llamaba, en publicaciones en el extranjero, a que los contratistas hicieran sus propuestas directamente, con financiamiento incluido; ellos recibían después los pagos a plazos fijos convenidos en la propuesta, los que se pagaban con la obra misma. Esta sí es una manera lógica, que evita el endeudamiento, puesto que cada obra se va pagando con sus propios productos. Por ejemplo, el Bayano se pagó hace tiempo, a pesar de su escandaloso precio; Fortuna, salvo los últimos gastos millonarios, también ya se ha pagado; La Yeguada ha dado ya unas 30 veces su valor. Y entonces la pregunta es ésta: ¿Por qué se sigue en Panamá pagando la electricidad a precio de robo, si todas esas grandes obras ya prácticamente se han pagado? ¿Cómo puede salir un pueblo de la pobreza si la electricidad tiene precios escandalosos, y aún se pretende subirlos más? En los Estados Unidos el Kilovatio vale 2 centavos, en sitios en donde la energía es térmica (que es mucho más cara que la hidroeléctrica). En Panamá vales 12 centavos el Kilovatio, ¿Cómo vamos a salir de la pobreza con una electricidad seis veces más cara que en Estados Unidos?
En el Interior hay emplazamientos por millares para instalar hidroeléctricas pequeñas, con clientela local. Pero son pueblos pobres y hay que tratarlos como a pobres. Creemos que por estas plantitas eléctricas hay que empezar, porque sin lo más fundamental que es la luz eléctricas, no hay progreso. Nadie puede salir de la pobreza viviendo en las tinieblas. Llevar largas líneas de conducción a los poblados rurales, no es rentable. Constituye un disparate (rentable solamente para algunos) en que ya ha incurrido nuestro país. Hay mecanismos "rurales" económicos, para emplear en plantas pequeñas, en las cercanías de los poblados.Y preguntamos: ¿Qué nos hace más falta: la conexión con Centroamérica, que nos va a salir por un rincón (y la mitad del otro), o dedicarnos a montar pequeñas plantitas por todos lados?