¿Sesiones extraordinarias?
Existe la posibilidad de que la señora Presidenta llame a la Asamblea Legislativa a sesiones extraordinarias. ¿ Por qué? Porque el vergonzoso ausentismo de los legisladores sin dejar en su reemplazo a sus suplentes, pero todos cobrando sus jugosos salarios, ha logrado que varios proyectos importantes se queden en el tintero.
Yo me atrevo a proponer que a los llamados padres y madres de la Patria se les convoque a sesiones extraordinarias, pero con la condición de que no cobren ni un centavo por asistir a ellas. De lo contrario, sería premiar económicamente ese ausentismo que tanto daño le hace al país. Si un maestro falta a clases por un paro enseguida los personeros del gobierno hablan de descontar los días no trabajados y lo mismo ocurre con otros funcionarios. Pero el legislador o la legisladora pueden faltar a las comisiones o a las sesiones plenarias cuantas veces quieran y no pasa nada. No hay derecho a semejante injusticia.
En una encuesta que he realizado entre más de doscientos taxistas no ha habido ni siquiera una opinión favorable al cuerpo legislativo. Ni una sola. No transcribo algunas de las expresiones que he escuchado por respeto a los lectores y lectoras, pero son terribles. ¿Serán exageraciones o fruto de los medios de comunicación social? Que juzguen los lectores y lectoras por sí mismos.
Con estas breves líneas de fin de año quiero invitar a las personas que votarán el 2 de mayo a que mediten muy bien acerca de los candidatos y candidatas a elegir. No está mal que un legislador o una legisladora compre una ambulancia para una comunidad necesitada de ella, ni que organice ferias libres para los pobres o que responda a diversas necesidades de las comunidades. Pero sí está muy mal que, con el pretexto de estas actividades que, entre otras cosas, lo que buscan en muchos casos son votos para una reelección, se descuide la labor principal de un legislador que es hacer buenas leyes para el país.
Se ha dicho más de una vez que en general se habla mal de los legisladores, pero que cuando se necesitan sus votos en la Asamblea, entonces sí son buenos. Este enfoque nos parece equivocado. A los legisladores ya sea que se les considere positiva o negativamente en el desempeño de sus funciones, los ciudadanos tenemos el derecho a pedirles sus votos para asuntos de interés nacional. En esto no hay ninguna contradicción, como no la hay en el empleado que se queja de su empleador y que por eso mismo le exige que cumpla con la justicia social. Lo primero lleva a lo segundo.
Para terminar les deseo a los miembros del Organo Legislativo que Dios les conceda una voluntad política real de cambio en aquello que esté mal y la fuerza necesaria para actuar consecuentemente y que así el año nuevo nos traiga a todos paz y prosperidad.
La discusión se cierra sin que en realidad se haya abierto. Ha ganado la voluntad de los dirigentes de los partidos políticos de impedir que el electorado exprese su opinión. Pero aquí no hay conclusión final. La historia no ha dictado sentencia de clausura sobre el actual proceso constituyente, el cual resurgirá de una forma que ahora no se puede anticipar. Al cerrar esta edición de la legislatura se pierde con ella la oportunidad de contar con un mecanismo democrático de consulta sobre el cambio constitucional. Otros medios podrían tomar la escena.
Yo me atrevo a proponer que a los llamados padres y madres de la Patria se les convoque a sesiones extraordinarias, pero con la condición de que no cobren ni un centavo por asistir a ellas. De lo contrario, sería premiar económicamente ese ausentismo que tanto daño le hace al país. Si un maestro falta a clases por un paro enseguida los personeros del gobierno hablan de descontar los días no trabajados y lo mismo ocurre con otros funcionarios. Pero el legislador o la legisladora pueden faltar a las comisiones o a las sesiones plenarias cuantas veces quieran y no pasa nada. No hay derecho a semejante injusticia.
En una encuesta que he realizado entre más de doscientos taxistas no ha habido ni siquiera una opinión favorable al cuerpo legislativo. Ni una sola. No transcribo algunas de las expresiones que he escuchado por respeto a los lectores y lectoras, pero son terribles. ¿Serán exageraciones o fruto de los medios de comunicación social? Que juzguen los lectores y lectoras por sí mismos.
Con estas breves líneas de fin de año quiero invitar a las personas que votarán el 2 de mayo a que mediten muy bien acerca de los candidatos y candidatas a elegir. No está mal que un legislador o una legisladora compre una ambulancia para una comunidad necesitada de ella, ni que organice ferias libres para los pobres o que responda a diversas necesidades de las comunidades. Pero sí está muy mal que, con el pretexto de estas actividades que, entre otras cosas, lo que buscan en muchos casos son votos para una reelección, se descuide la labor principal de un legislador que es hacer buenas leyes para el país.
Se ha dicho más de una vez que en general se habla mal de los legisladores, pero que cuando se necesitan sus votos en la Asamblea, entonces sí son buenos. Este enfoque nos parece equivocado. A los legisladores ya sea que se les considere positiva o negativamente en el desempeño de sus funciones, los ciudadanos tenemos el derecho a pedirles sus votos para asuntos de interés nacional. En esto no hay ninguna contradicción, como no la hay en el empleado que se queja de su empleador y que por eso mismo le exige que cumpla con la justicia social. Lo primero lleva a lo segundo.
Para terminar les deseo a los miembros del Organo Legislativo que Dios les conceda una voluntad política real de cambio en aquello que esté mal y la fuerza necesaria para actuar consecuentemente y que así el año nuevo nos traiga a todos paz y prosperidad.
La discusión se cierra sin que en realidad se haya abierto. Ha ganado la voluntad de los dirigentes de los partidos políticos de impedir que el electorado exprese su opinión. Pero aquí no hay conclusión final. La historia no ha dictado sentencia de clausura sobre el actual proceso constituyente, el cual resurgirá de una forma que ahora no se puede anticipar. Al cerrar esta edición de la legislatura se pierde con ella la oportunidad de contar con un mecanismo democrático de consulta sobre el cambio constitucional. Otros medios podrían tomar la escena.