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Sí al deporte, no a la guerra


Lo que el mundo vive y sigue por estos días desde Sudáfrica constituye uno de los mejores y más constructivos ejemplos que debe seguir la humanidad. Mientras que en Irán y Afganistán, y en otras partes del planeta, millares de hombres se enfrentan metralleta en mano, cortando las perspectivas de su vida y de los aportes que podrían dar a la humanidad, en la parte más austral del continente africano, florece la fraternidad, la competitividad y el intercambio positivo de equipos de todos los continentes, y por lo mismo de millones de personas. Combinadas, tecnología y deportes, han puesto a palpitar a millones de corazones en un mismo horario, con una misma expectativa y con un mismo entusiasmo sin derramar una gota de sangre, sin ofender al adversario y sin despojar de nada a nación alguna. Tal cual lo presintió y ejecutó Nelson Mandela en el Mundial de Rugby de 1994, hoy en Sudáfrica, personas de los grupos étnicos más disímiles comparten una cancha, desarrollan un encuentro y se convierten en conocidos cotidianos para la humanidad en una rivalidad celebrada y sin heridas. Ojalá la humanidad pueda avanzar por esa senda, el ejemplo ya existe y aunque en otros escenarios las motivaciones puedan ser distintas, lo cierto es que lo expuesto por el mundial de Fútbol que vivimos por estos días, es una extraordinaria enseñanza de lo que los hombres somos capaces de hacer, pero que en no pocas ocasiones desafortunadamente lo olvidamos.

101 años de Panamá América

 
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