Si conversamos, habrá entendimiento
Desde que era niña y vivía en Las Tablas, mis mayores nos llevaban a visitar a las tías casadas que tenían otras casas; y allí pasábamos algunas horas conversando, conociendo sus problemas, sus inquietudes y sus necesidades. Jugábamos con los primos y aprendíamos a quererlos como familia que eran y sentirlos parte de uno. No había teléfonos ni celulares para averiguar si estaban disponibles para recibir la visita; sencillamente, llegábamos y punto. Crecí y de adolescente, mi casa era visitada por mis tíos, las amistades y nosotros también respondíamos. Se hablaba de miles de temas y había esa comunicación tan necesaria para la convivencia pacífica.
Hoy hemos perdido ese eslabón tan importante y, para reunirnos un momento, hay que planificarlo con días de anticipación porque nadie está preparado para recibir una visita que llegue de improviso. Cuando se crece en ese ambiente y se habitúa uno a ciertas costumbres, queda el rescoldo de aquella llama y nos parece imposible que, en las noches tenga que quedarme sola en casa porque no tengo a quién visitar y con quién conversar o echar un parrafito como dicen por donde uno. A veces paso horas sin comunicarme con nadie. Si llamo por teléfono para hablar con alguien, están cansados del trabajo del día o están mirando las novelas o programas de la tele, o, sencillamente, no quieren conversar contigo.
Ya ni las personas contemporáneas conmigo tienen tiempo de un cafecito, o un traguito, o una conversa. Yo me pregunto adónde ha quedado aquella comunicación amplia que existía antes y que hacía más feliz la vida. Miren; los hijos no hablan con los padres, ya sea porque son ellos los ocupados o porque los padres no tienen tiempo. Las parejas no se hablan ni se cuentan lo que hicieron durante el día y lo que planean hacer mañana. ¿Recuerdan ustedes cuántas veces han tenido una preocupación o un problemita sin solución y piensan en hablar con alguna amistad o pariente y lo único que encuentran es la soledad? Y uno se ahoga por la necesidad de conversar, de comunicarse, de buscar ayuda. Eso mismo le sucede a los jóvenes que se ven envueltos en problemas y quisieran conversarlo con sus padres, o sus maestros y sólo encuentran un "amigo" que no sabe nada de la vida y la ayuda que le prestará será equivocada.
Yo no me atrevo a llegar a ninguna casa sin previa cita. Ya no tengo con quién tomar un café. Y la soledad nos va envolviendo, así como la falta de entendimiento porque nos rodea la pena o el empuje para conversar. Entre los jóvenes y los mayores existe una brecha generacional tan grande que no se entienden; nuestras costumbres son tan diferentes que más bien le causan hilaridad y preferimos callar para no hacer el ridículo. Personalmente fui educada en un ambiente de hablarlo todo, consultar y arreglar el mundo. No es que haya dejado de hablar porque me encanta; pero no es lo mismo. Cualquier comentario que haga sobre cualquier cosa no es interpretado como lo dije.
¿Qué sucede que nos estamos alejando tanto, que cada día nos comprendemos menos (como dice aquel bolero viejo). Las amistades son para cuando nos encontramos cada tanto y, para entonces el grupo es tan grande que las conversaciones son superficiales y no puedo expresar alguna preocupación si la tengo.
¡Cuánto siento este cambio negativo, sobre todo en la época de la comunicación moderna que nos permite, en un segundo, conversar con una persona a distancias enormes! Las personas se vuelven introvertidas, desconfiadas, callando lo suyo para que sólo lo sepan ellos mismos. Existen tantas necesidades en el mundo y éste está tan enrevesado, que la necesidad de relacionarse entre sí, se pierde y se pierden también oportunidades que propician la infelicidad y la frustración. Muchos hablan, pero pocos saben escuchar y cuando el que habla termina, lo echó en saco roto.
Ojalá el mundo cambiara, los humanos modificáramos nuestros métodos de comunicación e hiciéramos visitas amenas. Bendita aquella costumbre de hablar entre nosotros.
marisin@movistar.com.pa
"La danza es el nervio motor del distrito y la gente busca mantener las tradiciones folclóricas. En este lugar se palpa realmente ese sentir, en un contraste donde lo nacional juega un papel importante", dijo.
Con las festividades se eleva el nivel cultural, pues se le da un matiz diferente al regionalismo.
Las danzas representativas del distrito son el Parrampán, el Mantún, el Congo de Lagarterita, el Diablo y el Toro Guapo.
Hoy hemos perdido ese eslabón tan importante y, para reunirnos un momento, hay que planificarlo con días de anticipación porque nadie está preparado para recibir una visita que llegue de improviso. Cuando se crece en ese ambiente y se habitúa uno a ciertas costumbres, queda el rescoldo de aquella llama y nos parece imposible que, en las noches tenga que quedarme sola en casa porque no tengo a quién visitar y con quién conversar o echar un parrafito como dicen por donde uno. A veces paso horas sin comunicarme con nadie. Si llamo por teléfono para hablar con alguien, están cansados del trabajo del día o están mirando las novelas o programas de la tele, o, sencillamente, no quieren conversar contigo.
Ya ni las personas contemporáneas conmigo tienen tiempo de un cafecito, o un traguito, o una conversa. Yo me pregunto adónde ha quedado aquella comunicación amplia que existía antes y que hacía más feliz la vida. Miren; los hijos no hablan con los padres, ya sea porque son ellos los ocupados o porque los padres no tienen tiempo. Las parejas no se hablan ni se cuentan lo que hicieron durante el día y lo que planean hacer mañana. ¿Recuerdan ustedes cuántas veces han tenido una preocupación o un problemita sin solución y piensan en hablar con alguna amistad o pariente y lo único que encuentran es la soledad? Y uno se ahoga por la necesidad de conversar, de comunicarse, de buscar ayuda. Eso mismo le sucede a los jóvenes que se ven envueltos en problemas y quisieran conversarlo con sus padres, o sus maestros y sólo encuentran un "amigo" que no sabe nada de la vida y la ayuda que le prestará será equivocada.
Yo no me atrevo a llegar a ninguna casa sin previa cita. Ya no tengo con quién tomar un café. Y la soledad nos va envolviendo, así como la falta de entendimiento porque nos rodea la pena o el empuje para conversar. Entre los jóvenes y los mayores existe una brecha generacional tan grande que no se entienden; nuestras costumbres son tan diferentes que más bien le causan hilaridad y preferimos callar para no hacer el ridículo. Personalmente fui educada en un ambiente de hablarlo todo, consultar y arreglar el mundo. No es que haya dejado de hablar porque me encanta; pero no es lo mismo. Cualquier comentario que haga sobre cualquier cosa no es interpretado como lo dije.
¿Qué sucede que nos estamos alejando tanto, que cada día nos comprendemos menos (como dice aquel bolero viejo). Las amistades son para cuando nos encontramos cada tanto y, para entonces el grupo es tan grande que las conversaciones son superficiales y no puedo expresar alguna preocupación si la tengo.
¡Cuánto siento este cambio negativo, sobre todo en la época de la comunicación moderna que nos permite, en un segundo, conversar con una persona a distancias enormes! Las personas se vuelven introvertidas, desconfiadas, callando lo suyo para que sólo lo sepan ellos mismos. Existen tantas necesidades en el mundo y éste está tan enrevesado, que la necesidad de relacionarse entre sí, se pierde y se pierden también oportunidades que propician la infelicidad y la frustración. Muchos hablan, pero pocos saben escuchar y cuando el que habla termina, lo echó en saco roto.
Ojalá el mundo cambiara, los humanos modificáramos nuestros métodos de comunicación e hiciéramos visitas amenas. Bendita aquella costumbre de hablar entre nosotros.
marisin@movistar.com.pa
"La danza es el nervio motor del distrito y la gente busca mantener las tradiciones folclóricas. En este lugar se palpa realmente ese sentir, en un contraste donde lo nacional juega un papel importante", dijo.
Con las festividades se eleva el nivel cultural, pues se le da un matiz diferente al regionalismo.
Las danzas representativas del distrito son el Parrampán, el Mantún, el Congo de Lagarterita, el Diablo y el Toro Guapo.