Si de diálogos y negociaciones se trata...
En las últimas semanas dos connotados políticos, Jesús Rosas y Samuel Lewis Galindo, presidentes ambos de partidos aliados al gobierno, vienen insistiendo en la necesidad de que la Presidenta convoque, con apoyo de la Iglesia Católica, a una mesa de conversaciones entre los partidos del gobierno y la oposición, para supuestamente buscar soluciones a los problemas del país. Nadie en su sano juicio podría negarse a una invitación tan altruista, de mediar una serie de condiciones básicas necesarias para que la conversa no se convierta en "choteo" o en escenario para la clásica foto que convalidara un evento lejano a lo buscado.
La propuesta al hacerla pública estos políticos- y como una rica pastilla envenenada- lleva implícita una premisa falsa, que ubica en la oposición la responsabilidad de que el país no supere su crítica situación económica. Explico. Ese llamado al diálogo transmite una señal no cierta, de que la ausencia del diálogo es la causa de la crisis y nada más alejado de la realidad. Los partidos de oposición que conozco, el PRD y el PDC, desde la Asamblea Legislativa o desde sus instancias de dirección, siempre han respondido responsablemente a la mayoría de las solicitudes del gobierno, porque las mismas suponen respuestas dirigidas a atender las necesidades más sentidas de la población.
Sólo así se explica el diseño y su posterior aprobación por parte del PRD a la ley que modificó el uso del Fondo Fiduciario y que le permite al gobierno acceder a 560 millones de balboas, destinados a la inversión social. O la aprobación de la Asamblea del Presupuesto del 2001, aún conociéndose de antemano que los ingresos presupuestados y el supuesto de crecimiento económico para el año 2001 estimados por el gobierno no se irían a producir, como en efecto sucedió. O las recientes aprobaciones en la Asamblea de 30 millones de balboas para el Sector Agropecuario y de 20 millones más para financiar un plan gubernamental de empleo temporal. O la propuesta de la bancada del PRD para reformar la ley del SIACAP que le podría permitir a más de 200 mil panameños el acceso a sus ahorros y de esa forma ayudar a reactivar la economía nacional.
Cualquiera podría hasta decir que esa conducta refleja complacencia o colaboracionismo del PRD hacia el gobierno. Sin embargo, esa actitud solidaria con las necesidades del pueblo panameño demuestra que la recesión económica que vivimos no es responsabilidad ni de la conducta de las fuerzas de oposición ni de la ausencia de diálogo entre éstas y el gobierno. El diálogo y la negociación política se dan todos los días, entre los distintos partidos políticos y fuerzas sociales alrededor de proyectos e iniciativas concretas; en la Asamblea, en los medios de comunicación, en las asociaciones empresariales, sindicales, en los foros especializados y otras instancia más.
En este país hay abundancia de diálogo todos los días y todos los días empeora aún más la situación económica, porque la razón de la crisis no está allí, sino en la incapacidad de quienes nos gobiernan para enfrentar un entorno externo rabiosamente competitivo, cada vez más productivo y menos propenso a subsidiarnos. La causa también está en la pérdida de confianza y credibilidad de los inversionistas en el gobierno, porque la percepción de corrupción que transmite se fortalece día a día y las señales que envía para remediarla son muy débiles. Por eso estimo que esta nueva iniciativa de diálogo tendrá posibilidades de éxito, en la medida en que el gobierno empiece a demostrar su capacidad en ser una administración eficiente, tome medidas para combatir la percepción de corrupción, defina qué quiere hacer con este país, cuáles son sus objetivos, sus estrategias y sus políticas públicas y que demuestre con hechos su voluntad política para lograr dichos objetivos a través de un liderazgo firme y consistente. Desafortunadamente eso es lo que siempre ven menos los panameños, ya que y a manera de ejemplo, sólo a un principiante se le ocurre desviar fondos por más de dos millones de balboas para construir un nuevo edificio presidencial, en medio de una crisis fiscal y económica tan bellaca.
En fin, si de nuevos diálogos y negociaciones se trata, un buen capuchino no le cae mal a nadie, pero que de esa mesa vaya a salir algo que sirva, lo veo lejos, si antes el gobierno no se enseria y empieza a hacer las cosas como lo dicen todos los libritos conocidos de política. Si no lo hicieran, esos mismos libritos nos enseñan cómo a través de los siglos, fueron los finales de gobiernos como el nuestro.
La propuesta al hacerla pública estos políticos- y como una rica pastilla envenenada- lleva implícita una premisa falsa, que ubica en la oposición la responsabilidad de que el país no supere su crítica situación económica. Explico. Ese llamado al diálogo transmite una señal no cierta, de que la ausencia del diálogo es la causa de la crisis y nada más alejado de la realidad. Los partidos de oposición que conozco, el PRD y el PDC, desde la Asamblea Legislativa o desde sus instancias de dirección, siempre han respondido responsablemente a la mayoría de las solicitudes del gobierno, porque las mismas suponen respuestas dirigidas a atender las necesidades más sentidas de la población.
Sólo así se explica el diseño y su posterior aprobación por parte del PRD a la ley que modificó el uso del Fondo Fiduciario y que le permite al gobierno acceder a 560 millones de balboas, destinados a la inversión social. O la aprobación de la Asamblea del Presupuesto del 2001, aún conociéndose de antemano que los ingresos presupuestados y el supuesto de crecimiento económico para el año 2001 estimados por el gobierno no se irían a producir, como en efecto sucedió. O las recientes aprobaciones en la Asamblea de 30 millones de balboas para el Sector Agropecuario y de 20 millones más para financiar un plan gubernamental de empleo temporal. O la propuesta de la bancada del PRD para reformar la ley del SIACAP que le podría permitir a más de 200 mil panameños el acceso a sus ahorros y de esa forma ayudar a reactivar la economía nacional.
Cualquiera podría hasta decir que esa conducta refleja complacencia o colaboracionismo del PRD hacia el gobierno. Sin embargo, esa actitud solidaria con las necesidades del pueblo panameño demuestra que la recesión económica que vivimos no es responsabilidad ni de la conducta de las fuerzas de oposición ni de la ausencia de diálogo entre éstas y el gobierno. El diálogo y la negociación política se dan todos los días, entre los distintos partidos políticos y fuerzas sociales alrededor de proyectos e iniciativas concretas; en la Asamblea, en los medios de comunicación, en las asociaciones empresariales, sindicales, en los foros especializados y otras instancia más.
En este país hay abundancia de diálogo todos los días y todos los días empeora aún más la situación económica, porque la razón de la crisis no está allí, sino en la incapacidad de quienes nos gobiernan para enfrentar un entorno externo rabiosamente competitivo, cada vez más productivo y menos propenso a subsidiarnos. La causa también está en la pérdida de confianza y credibilidad de los inversionistas en el gobierno, porque la percepción de corrupción que transmite se fortalece día a día y las señales que envía para remediarla son muy débiles. Por eso estimo que esta nueva iniciativa de diálogo tendrá posibilidades de éxito, en la medida en que el gobierno empiece a demostrar su capacidad en ser una administración eficiente, tome medidas para combatir la percepción de corrupción, defina qué quiere hacer con este país, cuáles son sus objetivos, sus estrategias y sus políticas públicas y que demuestre con hechos su voluntad política para lograr dichos objetivos a través de un liderazgo firme y consistente. Desafortunadamente eso es lo que siempre ven menos los panameños, ya que y a manera de ejemplo, sólo a un principiante se le ocurre desviar fondos por más de dos millones de balboas para construir un nuevo edificio presidencial, en medio de una crisis fiscal y económica tan bellaca.
En fin, si de nuevos diálogos y negociaciones se trata, un buen capuchino no le cae mal a nadie, pero que de esa mesa vaya a salir algo que sirva, lo veo lejos, si antes el gobierno no se enseria y empieza a hacer las cosas como lo dicen todos los libritos conocidos de política. Si no lo hicieran, esos mismos libritos nos enseñan cómo a través de los siglos, fueron los finales de gobiernos como el nuestro.